El centro político colombiano: ¿neutralidad o complicidad en las elecciones presidenciales?
Centro político: ¿neutralidad o complicidad en elecciones?

El dilema del centro en las próximas elecciones presidenciales de Colombia

La historia reciente de Colombia ofrece una lección contundente sobre el papel del centro político en momentos decisivos. En las elecciones presidenciales de 2018, Sergio Fajardo logró una votación impresionante de 4,6 millones de apoyos en primera vuelta. Sin embargo, cuando el país enfrentaba la definición crucial en segunda vuelta, el candidato optó por una posición que muchos calificaron de evasiva: se retiró a ver ballenas en el Pacífico y apoyó el voto en blanco.

Los números que revelan una tendencia preocupante

Cuatro años después, en las elecciones de 2022, el panorama para el centro político se tornó dramáticamente diferente. Fajardo apenas alcanzó 888.000 votos, una caída devastadora que representó menos de una quinta parte de su apoyo anterior. Mientras tanto, Gustavo Petro se alzó con la presidencia por una diferencia de apenas 700.000 votos sobre su contrincante.

Los datos electorales son elocuentes y merecen un análisis detallado:

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  • En primera vuelta de 2022, Petro obtuvo 8,5 millones de votos
  • Rodolfo Hernández alcanzó 5,9 millones de apoyos
  • Federico "Fico" Gutiérrez logró 5 millones de votos
  • Sergio Fajardo apenas consiguió 888.000 votos

La pregunta que surge inevitablemente es: ¿qué ocurrió con esos casi 4 millones de votos que Fajardo perdió entre 2018 y 2022? Los análisis indican que una porción significativa migró hacia Petro, otra pequeña se dirigió a Hernández, y un segmento considerable simplemente se abstuvo o votó en blanco.

El caso concreto de Bogotá y su impacto nacional

Según investigaciones periodísticas de medios como El Espectador, los aproximadamente 300.000 votos que Fajardo obtuvo en Bogotá durante la primera vuelta de 2022 se habrían inclinado mayoritariamente hacia Petro en la segunda vuelta. Este movimiento explicaría en parte cómo el candidato de izquierda pasó de 1,7 millones a 2,2 millones de votos en la capital del país.

Estos datos demuestran una realidad incómoda: el centro político no fue un simple espectador de la victoria de Petro, sino que funcionó como un facilitador indirecto de su triunfo.

La filosofía detrás del buenismo del centro

El centro político colombiano se ha construido sobre una plataforma que enfatiza valores como la decencia, la sofisticación intelectual, la transparencia y la moderación. En términos filosóficos, esta postura corresponde a una ética deontológica, donde lo fundamental es la pureza de los principios, independientemente de las consecuencias prácticas.

El problema radica en que este deontologismo funciona frecuentemente como una armadura retórica que protege al centro de tomar decisiones difíciles en momentos cruciales. Cuando ningún candidato cumple con sus exigentes estándares de perfección moral, siempre existe una excusa aparentemente noble para no elegir.

Del buenismo a la complicidad: un paso peligroso

Esta actitud corresponde a lo que se conoce como buenismo: una postura de autocomplacencia moral caracterizada por una supuesta benevolencia que, en realidad, esconde una profunda ingenuidad, una evidente condescendencia y una preocupante desconexión de la realidad práctica.

Frente a esta ética deontológica del centro, existe un marco alternativo que evalúa la moralidad de los actos por sus consecuencias: el consecuencialismo. Desde esta perspectiva, la pregunta fundamental no es "¿cumplí con mis principios?", sino "¿mi acción o inacción produjo un mejor resultado para el país?".

Las consecuencias de la inacción en el gobierno actual

Más de tres años de gobierno de Gustavo Petro han demostrado lo que muchos analistas anticiparon: una desinstitucionalización acelerada, políticas fiscales consideradas temerarias por expertos, casos de corrupción que han escalado significativamente, procesos de estatización coactiva, pérdida de soberanía en diversos frentes y una agenda estatal que, según críticos, prioriza la fabricación de víctimas y dependencias sobre el desarrollo de capacidades productivas autónomas.

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Mientras el futuro de Colombia parece depender de una última oportunidad para frenar lo que algunos califican como populismo de izquierda radical, los intelectuales y líderes del centro siguen debatiendo sobre cómo ningún candidato se apega completamente a sus exigentes estándares morales.

Un llamado a la coherencia y la responsabilidad

Desde la perspectiva consecuencialista, si el resultado previsible del cinismo o la indecisión del centro es facilitar la continuidad de un proyecto considerado destructivo por amplios sectores, entonces su pureza moral se transforma en complicidad activa.

No se trata de pedir al centro que renuncie a sus principios fundamentales, sino de exigirle coherencia práctica con ellos. El centro colombiano ha vivido cómodamente en el mundo de lo ideal, pero ha llegado el momento de aterrizar en la realidad concreta del país.

La verdadera coherencia ética no consiste en mantener las "manos limpias" mientras Colombia se abalanza hacia lo que algunos consideran un abismo populista, sino en tomar posición clara cuando las circunstancias históricas lo demandan para evitar un descalabro que podría ser irreversible.

Un centro que se niega sistemáticamente a elegir cuando las circunstancias lo exigen no representa una posición responsable ni neutral: se convierte, en la práctica, en cómplice del mismo populismo que dice rechazar teóricamente. Las próximas elecciones presidenciales pondrán a prueba esta disyuntiva fundamental para el futuro del país.