Análisis político tras elecciones: Colombia se polariza entre extremos
Colombia se polariza entre extremos tras elecciones

Colombia se hunde en la polarización tras resultados electorales

En cuatro años, cuando se celebren las próximas elecciones, habremos completado la tercera década del siglo XXI, un período en el que muchos colombianos han vivido más de la mitad de sus vidas. Esta reflexión surge ante la deprimente realidad de que, quizás con solo veinte o treinta años por delante, la vida política se ha consumido en el vaivén de opciones extremas que fuerzan a elegir sin fe ni convicción, ejerciendo más un derecho al veto que al voto, y seleccionando entre "el menos malo" cada cuatro años.

El ocaso del centro político

Los resultados entregados por la Registraduría el 8 de marzo reafirman este fatalismo. En pocas horas, casi todas las opciones de centro y moderadas fueron barridas. Aquellas figuras que no comulgaban con extremos y se atrevían a criticar a ambos bandos perdieron su espacio. El próximo Congreso carecerá de la lucidez de Jorge Robledo, la constancia de Angélica Lozano, la franqueza de Katherine Miranda o la honradez de Lucho Garzón.

Ese mismo día, personajes indispensables como Claudia López quedaron sin representación política debido a cálculos erróneos. Movimientos ecologistas, indigenistas y de trabajadores perdieron su personería jurídica. Todos fueron desplazados por opciones draconianas y por la filosofía del "Todo Vale", dejando atrás las Colombias parciales y moderadas.

Petro y Uribe: dos caras de la misma moneda

Irónicamente, Gustavo Petro, quien creció electoral y moralmente como contrapeso al uribismo, hoy luce más similar que nunca a su némesis. Observadores de la Unión Europea denunciaron el uso de medios estatales para favorecer a su partido. Su estrategia de anticipar un "chocorazo" electoral que nunca ocurrió recuerda a Álvaro Uribe en 2016, cuando advirtió de un fraude en el plebiscito de paz.

El populismo de Petro se evidenció con el aumento del salario mínimo a tres meses de las elecciones, el más grande en la historia. Su desdén por las prohibiciones políticas en meses recientes radicaliza su proyecto hacia la izquierda confrontacional, cerrando puertas a la apertura, como se ve con la elección de Aída Quilcué como vicepresidenta de Iván Cepeda.

El triunfo de los extremos

El petrismo y la ultraderecha fueron triunfadores simultáneos, reflejando un país profundamente dividido. Desde el 20 de julio, el Congreso incluirá la voz sectaria de Enrique Gómez y Salvación Nacional, partido de Abelardo de la Espriella. Álvaro Uribe emerge como gran vencedor, logrando cuatro curules más para su partido mediante una jugada maestra que colocó a su candidata en una consulta de centroderecha.

La llegada de Paloma Valencia dinamitó cualquier pretensión independiente, haciendo imposible competir contra el Centro Democrático, que suma 28 parlamentarios frente a uno de Galán y cero del resto. La votación de Luis Fernando Velasco en Oviedo ofrece una ilusión efímera para las opciones moderadas, pero más de 500 mil de sus votos provienen de Bogotá, una ciudad con cultura política distinta.

Un futuro incierto

No me resigno a envejecer en un país donde Uribe me hizo izquierdizar hace veinte años con su "Todo Vale", y donde Petro me derechiza hoy con su propia versión. Sus discursos sobre "blanquitos ricos" y justificaciones de la pobreza que exculpan hasta al clan de Aragua profundizan la división. Colombia enfrenta un futuro donde la moderación parece perdida, y la polarización define nuestro destino político.