Estrategias comunicacionales en la recta final de la campaña presidencial
A tan solo 49 días de las elecciones presidenciales de 2026, las principales candidaturas han definido con claridad sus estrategias de comunicación hacia el electorado colombiano. Cada campaña ha adoptado un tono distintivo que busca conectar de manera específica con diferentes segmentos de la ciudadanía, oscilando entre enfoques altamente emocionales y otros más racionales.
El tono confrontacional como estrategia dominante
Según expertos en comunicación política consultados, la mayoría de las candidaturas punteras han optado por un discurso de confrontación. Abelardo de la Espriella representa el caso más evidente de esta estrategia, caracterizada por lo que la experta Nury Astrid Gómez describe como "una comunicación altamente emocional, identitaria y confrontacional".
La campaña de De la Espriella construye su narrativa sobre la figura del "outsider patriótico", dividiendo el escenario político entre "buenos y malos". En este marco, Gustavo Petro es denominado como "jefe de la mafia", mientras la clase política tradicional aparece bajo la etiqueta de "los de siempre". Esta división maniquea busca crear una dicotomía entre un "nosotros" territorial y agraviado frente a un "ellos" corrupto y decadente.
Inicialmente dirigida contra Iván Cepeda, esta estrategia confrontacional se ha extendido recientemente hacia Paloma Valencia, con quien comparte un sector electoral amplio. "La única manera de crecer es esta guerra intestina contra la misma derecha", explica Mario Morales, profesor de la Universidad Javeriana y experto en comunicación política.
La doble estrategia de Paloma Valencia
Frente a los ataques de De la Espriella, Paloma Valencia ha implementado una táctica dual. Por un lado, decide ignorar sistemáticamente las críticas provenientes de su competidor de derecha. Por otro, concentra sus baterías contra Iván Cepeda, utilizando lo que Morales califica como "hechos irreales y acusaciones mendaces que solo buscan exacerbar a sus propias bases".
Sin embargo, la campaña valencista presenta una particularidad significativa: es la única entre las tres punteras que incorpora un mensaje explícito de unidad. Según el estratega Juan Sebastián Delgado, "hay un llamado de unidad a las otras fuerzas, incluyendo a 'los petristas arrepentidos'", lo que representa un contraste notable con su discurso de confrontación hacia el gobierno actual.
La apuesta de Iván Cepeda: entre la épica ética y la evitación de debates
Por su parte, la campaña de Iván Cepeda mantiene un eje confrontacional dirigido principalmente contra el uribismo y lo que este representa. Esta postura se evidenció claramente durante las sesiones del Congreso de la semana pasada, donde el candidato enfocó sus comentarios contra el expresidente Álvaro Uribe, más allá de sus interlocutores directos.
Paralelamente, Cepeda desarrolla una estrategia centrada en la legitimidad ética y la territorialización de su liderazgo. Según Gómez, "busca ampliar su base sin soltar la épica ética: sus llamados a la acción apuntan a debatir con argumentos, formar comités territoriales, defender las reformas y ganar en primera vuelta sin ceder a la desinformación".
No obstante, una característica distintiva de su campaña ha sido la renuencia a participar en debates presidenciales. Esta estrategia, aunque funcional para candidatos que puntean en encuestas, conlleva riesgos significativos. "Corre el riesgo de no abrirse más a otros sectores, sobre todo a sectores de centro, en la idea de sumar y de crecer", advierte Morales.
Candidaturas con menor figuración: la búsqueda de visibilidad
Mientras las tres campañas principales acaparan la atención mediática, las candidaturas con menor figuración en encuestas enfrentan desafíos de visibilidad considerables. Según Delgado, "más del 94% de la conversación digital está concentrada en Cepeda-Abelardo-Paloma", lo que deja a otros aspirantes en una posición de relativa invisibilidad tanto en escenarios digitales como offline.
En este contexto, Sergio Fajardo y Claudia López han intentado generar golpes de opinión para captar atención. Fajardo lo ha hecho mediante la convocatoria a recolectar firmas contra la asamblea constituyente propuesta por Petro, mientras López ha intensificado sus recorridos por regiones para recuperar la imagen dañada tras los resultados de la consulta del 8 de marzo.
La efectividad de estas diversas estrategias comunicacionales solo podrá evaluarse completamente el día de las elecciones, cuando los colombianos acudan a las urnas para decidir no solo sobre propuestas programáticas, sino también sobre los tonos y estilos que mejor representen sus aspiraciones para el país.



