Resultados electorales confirman fragmentación del Congreso y estrategias de deslegitimación
Congreso fragmentado y estrategias de deslegitimación electoral

Los resultados electorales confirman fragmentación del Congreso y estrategias de deslegitimación

Los resultados electorales, aún pendientes de escrutinios finales, confirman que los niveles históricos de participación y las preferencias electorales se mantienen sin cambios significativos. Anticipándose a este escenario, que no convierte minorías en mayorías por decreto, se ha desarrollado una estrategia para deslegitimar el sistema electoral que, esperamos, no continúe ahora que comienzan en serio las campañas presidenciales.

Un Congreso fragmentado y la necesidad de alianzas

Seguimos teniendo un Congreso profundamente fragmentado en el que ningún partido o movimiento político contará con más de un tercio de su composición en el Senado. Esta situación dificultará considerablemente la gobernabilidad, haciendo necesaria desde ahora, por parte de todos los candidatos presidenciales, una estrategia sólida de alianzas y coaliciones que permita avanzar en la agenda legislativa.

A nivel ideológico –si todavía puede calificarse así en un Congreso altamente influenciado por liderazgos regionales, redes clientelares o reconocimiento publicitario financiado con recursos públicos– un centro político atrapado entre extremos que monopolizan agendas y recursos será, sin embargo, determinante en los debates parlamentarios, pero también en la elección presidencial que se avecina.

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La desconexión entre autoidentificación y representación

El Congreso y sus diferentes bancadas no reflejan adecuadamente la autoidentificación ideológica de los colombianos. De acuerdo con la última encuesta de cultura política del DANE, un 40,7 % de los colombianos se identifica con el centro político, cerca de 23,9 % con la derecha, 13,3 % con la izquierda, y un porcentaje significativo declara no ubicarse ideológicamente o no responder.

Estos datos estructurales significan, sencillamente, que tanto las izquierdas como las derechas necesitan del centro para convertirse en mayorías mediante el debate de ideas que logra persuadir. Al renunciar a este debate para atacar directamente a las instituciones deslegitimándolas, y forzar un supuesto proceso constituyente, se está intentando poner en marcha una paradoja del poder en los meses que le quedan al actual gobierno.

La narrativa del fraude anticipado

La narrativa del fraude anticipado expuesta por el presidente de manera abrumadora, incluyendo una alocución televisada, hace necesaria una respuesta en igualdad de condiciones por parte del sistema en su conjunto. Como lo han intentado el procurador, contralor, registrador, defensora del Pueblo y presidentes de las Cortes, es crucial defender la integridad institucional.

Al instalar en la mente de sus simpatizantes dudas sistemáticas sobre el sistema electoral, se busca, en realidad, poner condiciones previas a la interpretación de los resultados futuros. Si sus aliados políticos ganan, dirá que es el triunfo del pueblo; si el resultado es reñido, argumentará que ocurrió a pesar de las maniobras de sus contradictores; y si pierde, afirmará que el fraude se ha confirmado definitivamente.

Erosión de los fundamentos democráticos

Utilizando prenociones en sectores de la opinión pública que aún recuerdan el denunciado fraude al dictador Rojas Pinilla en las elecciones de 1970 –que supuestamente dio origen al M-19–, el presidente erosiona uno de los mayores activos de la democracia: la regla de mayorías y la aceptación de los resultados por parte de quienes son derrotados.

Así lo hicieron sus opositores en 2022 al reconocer su triunfo, aunque posteriormente se hubiese comprobado por parte del Consejo Nacional Electoral la violación de topes de campaña –una forma de fraude electoral– en su elección en 2022. ¿Alguien quiere convencernos de que en Colombia todas las elecciones son sistemáticamente robadas?

Una narrativa a prueba de derrota

El cuestionamiento sistemático de las elecciones y el sistema electoral desde antes de que ocurran se refiere claramente a preparar el terreno para desconocer los resultados si no le favorecen directamente. Si ganan sus candidatos, podrán afirmar que "el pueblo derrotó a las élites"; si la elección es reñida, que "pese al fraude avanzamos"; y si pierden, podrán afirmar rotundamente que "nos robaron".

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Esta constituye una narrativa a prueba de derrota, la lógica aparentemente "invencible" del populismo que destruye progresivamente a las instituciones democráticas desde dentro, utilizando su posición de autoridad para obtener ventajas con graves consecuencias sobre la estabilidad institucional del país.