Consultas electorales pierden relevancia: ausencia de candidatos punteros marca panorama deprimente
Consultas pierden relevancia: ausencia de candidatos punteros

Las consultas electorales enfrentan un panorama desolador sin figuras relevantes

Las próximas consultas del 8 de marzo presentan un escenario profundamente desalentador para el sistema político colombiano. En el tarjetón de los tres grupos no aparece ninguno de los candidatos que actualmente lideran las encuestas de intención de voto, tampoco participan los partidos políticos tradicionales y el presidente, quien actúa como jefe de combate en estas elecciones, ha instruido expresamente a sus seguidores para que no soliciten ese papel con dieciséis caras.

Un mecanismo que perdió su función histórica

Las consultas electorales, que en otros ciclos funcionaron como tablas de salvación antes del ahogo definitivo, hoy se presentan como apuestas desesperadas y papeles secundarios. En las dos últimas elecciones presidenciales, el ganador final estuvo precisamente en el tarjetón de las consultas: en 2018, Iván Duque sumó más de cuatro millones de votos al derrotar a Marta Lucía Ramírez, mientras que en 2022, Gustavo Petro logró cuatro millones y medio de votos y consolidó la fuerza de su candidatura con la sorprendente suma de casi 800 mil votos para Francia Márquez.

Además, hace cuatro años las consultas marcaron claramente la inviabilidad de la candidatura de Sergio Fajardo tras el hundimiento del Centro Esperanza, y permitieron que Federico Gutiérrez sepultara a Óscar Iván Zuluaga bajo sus dos millones de votos, que se convertían en cuatro millones si se sumaban los de sus compañeros de consulta. La vuelta cero, además de impulsar las listas al Congreso, casi dejó listo el tarjetón para la segunda vuelta presidencial.

La excepción que confirma la regla

Rodolfo Hernández, el renegado del momento político, rompió todas las reglas establecidas al negarse a untarse con los políticos tradicionales y jugar con insultos a diestra y siniestra. Mientras todos los demás candidatos competían dentro del sistema, él prefería despotricar desde fuera. Los fines originales de las consultas -filtro, consolidación, definición de roles individuales en las coaliciones partidistas y unidad entre alternativas heterogéneas- han desaparecido completamente en las consultas de este año.

Las estrategias divergentes de los actores políticos

Abelardo de la Espriella decidió seguir la ruta de Rodolfo Hernández, en parte por el rechazo de quienes habían hecho fila en el Centro Democrático y en parte por una voluntad alentada por encuestas favorables. A diferencia de Rodolfo, ha reservado los insultos y amenazas solo para la izquierda política, mientras guiña el ojo a todo lo que se mueva con su aire zalamero y calculador.

Iván Cepeda quedó fuera de las consultas por una decisión que en el fondo pareció alegrarlo profundamente. Desde la consulta de octubre sabía que muy probablemente tendría que saltar directamente hasta mayo, y su votación en ese momento lo dejó tranquilo para lo que él mismo llamó sus "vacaciones" políticas. Sergio Fajardo ha preferido siempre la resta a la suma, y unos números llamativos en encuestas hace varios meses lo convencieron de acudir directamente a su cuarta primera vuelta presidencial.

Un escenario fragmentado y sin peso real

De este modo, tenemos a Claudia López y su amigo imaginario, a Roy Barreras probando su maquinaria política frente a tres extras y frente a Daniel Quintero, quien se lanzó principalmente para enmarcar el tarjetón. Roy no puede conspirar en el vacío político. Y tenemos a Paloma Valencia cumpliendo la dura labor de demostrar que el Centro Democrático puede volver a tener un candidato viable y no es simplemente la punta de lanza de Abelardo de la Espriella. Los demás candidatos corren por puro deporte político, exhibiendo la garra de los partidos amistosos sin consecuencias reales.

No parece que las consultas de este año puedan tener la fuerza suficiente para mover las piezas que han ido fijando las pocas encuestas publicadas, y mucho menos arrastrar listas para el Congreso donde no tienen representación significativa. Hace ocho años, las consultas sumaron nueve millones y medio de votos, equivalentes al 53% de la participación en las elecciones de congreso. Hace cuatro años fueron más de doce millones de votos, representando el 68% de quienes acudieron a votar ese día específico.

La paradoja de la dispersión y el enfriamiento

Paradójicamente, el año de la gran dispersión de candidatos presidenciales es precisamente cuando las consultas han perdido su función primordial. El ejercicio temprano del Pacto Histórico, la espera estratégica de los partidos tradicionales y la aparición sorpresiva de Abelardo de la Espriella han enfriado notablemente la campaña electoral, colocándonos en lo que parece una muy temprana segunda vuelta cantada. ¿Hemos pasado directamente del calentamiento a la definición por penales políticos?

Estamos condenados a observar la pasma estratégica de Iván Cepeda, candidato en pausa permanente; la estridencia calculada de Abelardo de la Espriella, candidato en cámara rápida; la inundación retórica de Gustavo Petro, presidente que actúa más como hombre de pancarta y megáfono; y los intentos desesperados de un Álvaro Uribe afónico que busca recuperar su voz de mando y poner rienda templada a un posible finalista. Al menos, como consuelo mínimo, estamos a solo cuatro meses del próximo Mundial de fútbol.