Las consultas populares: un mecanismo electoral cuestionado en Colombia
Las llamadas consultas populares, establecidas durante el gobierno de Juan Manuel Santos, han sido objeto de fuertes críticas por convertirse en lo que muchos consideran una gran alcahuetería política. Este mecanismo, diseñado para promover la participación ciudadana, ha terminado siendo aprovechado por partidos políticos débiles que se agrupan estratégicamente para obtener beneficios electorales que no han sabido ganarse mediante el trabajo programático y la construcción de bases sólidas.
La distorsión del proceso democrático
En lugar de fomentar acuerdos internos para la selección de candidaturas, las consultas han trasladado las disputas partidistas a un costoso esquema de participación ciudadana financiado enteramente por el Estado colombiano. Esta situación ha creado un escenario donde la falta de coherencia programática se disfraza mediante coaliciones temporales que no ofrecen garantías reales al electorado, generando más confusión que claridad en el panorama político.
La feria de vanidades políticas que se instala alrededor de las consultas atrae con particular entusiasmo a personajes con escasa trayectoria pública, quienes buscan principalmente visibilidad mediática para fines personales más que para contribuir al fortalecimiento institucional del país. Este fenómeno ha sido especialmente notorio en las últimas contiendas electorales, donde candidatos sin experiencia relevante han logrado posicionarse gracias a este mecanismo.
Un boquete institucional que se ensancha
La Constitución de 1991 abrió un espacio institucional que, con el paso del tiempo, se ha ido ensanchando progresivamente, permitiendo que lo peor de la práctica política se infiltre en los procesos electorales. Desde la perspectiva ciudadana, es fundamental examinar con atención este devenir político y compartir las inquietudes que genera un sistema que parece alejarse cada vez más de sus principios fundacionales.
Las consultas no solamente distorsionan el sentido democrático de las elecciones legislativas, sino que desplazan peligrosamente la atención del debate fundamental sobre la conformación del Congreso de la República. Este mecanismo adicional puede convertirse en terreno fértil para prácticas poco transparentes, especialmente en un contexto donde incluso el presidente Gustavo Petro ha denunciado posibles irregularidades electorales, lo cual resulta significativo dada su posición de liderazgo.
El espectáculo de las afiliaciones de última hora
Resulta particularmente desalentador observar cómo candidatos se afilian a última hora a partidos políticos casi olvidados, esperando un milagro electoral que les permita acceder a cargos de representación. Que estos actores puedan enfrentarse en igualdad formal de condiciones con partidos consolidados puede servir a sus intereses personales inmediatos, pero difícilmente contribuye al fortalecimiento de la institucionalidad democrática colombiana.
En el actual momento de tensión política, donde la democracia parece jugarse como en un lanzamiento de dados, lo que ocurra en las próximas elecciones adquiere una importancia capital. El panorama electoral, que parecía definido entre figuras como Cepeda y Abelardo, se ha complicado con la entrada de nuevos participantes que han añadido lo que algunos llaman "fuego amigo" a la contienda, haciendo las cosas mucho más interesantes pero también más impredecibles.
Amenazas que ponen en riesgo el proceso
Existe un punto particularmente preocupante que no puede pasarse por alto: las amenazas contra la vida de Abelardo de la Espriella por parte de grupos armados, ya hechas públicas, podrían poner en suspenso la etapa decisiva que se avecina después de las próximas elecciones. Esta situación añade un elemento de violencia que ningún proceso democrático debería tener que enfrentar.
El contexto regional y las miradas internacionales
Estas elecciones se desarrollan en un momento crucial para la región latinoamericana. El año 2026 comenzó con la captura del narcodictador Nicolás Maduro, un evento que, aunque ampliamente cubierto por los medios, ha pasado a segundo plano porque los objetivos inmediatos de la política continental se han desplazado hacia Cuba y Nicaragua.
No ha transcurrido un solo día sin que seamos testigos de una estrategia continental contra el progresismo de izquierda aliado con redes de crimen transnacional organizado. La baja de 'El Mencho' puede interpretarse como el comienzo del fin de los cárteles mexicanos, así como la captura de Maduro podría marcar el inicio del fin del Foro de São Paulo. En este contexto, donde la política se ha impregnado de criminalidad y el crimen se ha politizado, las elecciones en Colombia están claramente en la mira de actores internacionales como Donald Trump y Marco Rubio, quienes observan con atención el desarrollo de los comicios.
La política colombiana enfrenta así múltiples desafíos: un mecanismo de consultas que distorsiona el proceso democrático, amenazas de violencia que ponen en riesgo a los candidatos, y un contexto regional complejo donde las miradas internacionales siguen de cerca cada movimiento. Todo esto configura un escenario electoral de alta complejidad que requerirá de la ciudadanía una atención especial y un compromiso renovado con los principios democráticos.



