Crítica a los políticos tradicionales en época electoral: promesas vacías y alianzas contradictorias
Crítica a políticos tradicionales en elecciones: promesas vacías

La eterna farsa electoral: próceres de pueblo que solo buscan el poder

Hoy podríamos hablar de cualquier tema superficial: del último campeonato de fútbol, de los chismes del vecindario o de discusiones banales que algunos presentan como "verdaderamente importantes" para la sociedad. Pero no. Hoy es necesario hablar de los próceres de mi pueblo, esos personajes que cada cuatro años realizan el milagro electoral: hacen que los mudos hablan a través de promesas vacías, que los ciegos ven mediante votos que pueden comprar y que los santos descienden del altar para untarse momentáneamente con el pueblo.

Un día ingrato para las mujeres y sagrado para la ambición política

Este domingo 8 de marzo fue particularmente ingrato para nuestras mujeres. Mientras ellas continúan su lucha por derechos y reconocimiento, la codicia desmedida de los candidatos enluta su fecha sagrada con un afán feroz por alcanzar el poder. Pero, como dice el refrán popular, "a lo que vinimos". Como expresa el ilustre del pueblo, "se abren las cajetas" y comienza la despiadada rebatiña por llegar a la Sagrada Familia del Presupuesto; ese Congreso donde todos se vuelven parientes mientras exista un "yo te llamo, no me llames" de por medio, un intercambio de favores que define la política tradicional.

Hoy presenciamos el Éxodo de estos ilustres hacia la capital. Ya untados de pueblo y con la demagogia disparada al máximo, organizan un espectáculo similar a las fiestas patronales de la Virgen del Carmen: mucha pólvora, luces deslumbrantes y ruido ensordecedor, para que al final todo se pierda en la nada, tal como se pierden los recursos en una Empresa Social del Estado local... esa triste historia de nunca acabar que conocemos demasiado bien.

El libreto que nunca cambia: santos de turno y contradicciones evidentes

El libreto político no varía en lo más mínimo. Los candidatos se inflan el pecho declarando solemnemente: "Yo siempre votaré por la línea de San Gustavo", utilizando al santo político de turno para tapar sus pecadillos del pasado. Pero es imprescindible decirles la verdad cruda: el Congreso debería ser el contrapeso democrático. Es precisamente en ese escenario donde se frena o se aprueba lo que la "divinidad ejecutiva" considera bueno para el pueblo. Sin embargo, los feligreses ciegos de nuestros próceres no logran comprender esta dinámica fundamental.

Nos intentan vender como salvador al hermano de la ilustre autora de la "Ley Cero Cacho", cuyo único milagro legislativo en cuatro años fue convencernos de que los cuernos sentimentales son más urgentes que el hambre real de la población. Y aquí emerge la gran paradoja que ni el más creativo libretista podría inventarse.

Alianzas contradictorias: elegantes por fuera, oportunistas por dentro

Tenemos a los otros próceres, aquellos que posan de elegantes y juran estar lejos del Gobierno Nacional, pero cuya alianza más cercana y sólida es con la tradición del "mosquito" que lleva cuatro años succionando sistemáticamente los recursos de la nación. Unos proclaman defender al santo político de turno, pero simultáneamente se abrazan fraternalmente con el hermano de quien más críticas dirige al Gobierno. Y los otros, aquellos que se autodenominan "antigobierno", por debajo de la mesa firman pactos oscuros con los parientes del poder establecido para succionar lo que queda de vida en este país exhausto.

Difícil y enredado panorama, hasta el letrado más experimentado podría perderse en este laberinto de intereses cruzados. Sigo pensando firmemente que se trata de un juego perverso donde los jodidos siempre seremos los de a pie, los ciudadanos comunes; ellos, los políticos, volverán cómodamente a sus estatuas de yeso donde, por más que recemos con fervor, nos tocará esperar varios meses para que se concrete la "obrita" prometida. Venden constantemente un "cambio" que se contradice flagrantemente con cada paso que dan en la realidad.

Un voto consciente: el verdadero milagro que necesitamos

Votamos, sí, es nuestro derecho y deber ciudadano. Pero ojalá el milagro auténtico sea nuestro y logremos ver más allá del detalle superficial, antes de que el lunes siguiente a las elecciones estos "próceres" se vuelvan a convertir en fantasmas de oficina inalcanzables. Y que toda esta parafernalia electoral sea solo un fugaz recuerdo, mientras nos "alentamos" con otra visita protocolaria de ellos y no con la presencia constante del flaco de los recibos que simboliza las necesidades cotidianas no resueltas.

Moisés David Pizarro Benítez, Ovejas, Sucre.Envíe sus cartas a lector@elespectador.com Por Cartas de los lectores