El panorama electoral tras las consultas del 8 de marzo
Los resultados de las consultas políticas realizadas el pasado 8 de marzo no solamente delinearon el posible tarjetón para la primera vuelta presidencial; también iluminaron la necesidad de reacomodamientos estratégicos entre las fuerzas políticas de los extremos para enfrentar al candidato del petrismo, Iván Cepeda, quien parece tener asegurada su presencia en una eventual segunda vuelta.
La insuficiencia electoral de los extremos
Si algo quedó demostrado tras los comicios consultivos es que ni la derecha más exacerbada ni el petrismo más intransigente pueden garantizar por sí solos triunfos electorales contundentes. En este forcejeo político, no será la pura fuerza ideológica la que determine las estrategias para alcanzar la victoria. Las derechas colombianas deberán moderar sustancialmente sus discursos si aspiran a formar alianzas con otros sectores y convencer al electorado más centrado y reflexivo.
No es casualidad el evidente giro hacia la moderación que ha exhibido el expresidente Álvaro Uribe durante los últimos meses. En plena temporada preelectoral, lideró conversatorios con apertura hacia diversos sectores políticos, cerró las puertas al ultraderechista Abelardo de la Espriella, el Centro Democrático seleccionó como candidata presidencial a la menos radical de sus integrantes y, el pasado martes, publicó en su cuenta de X un mensaje revelador: "Es necesario entender los nuevos tiempos, escuchar con atención y respeto las ideas diferentes, sin abandonar los principios que nos guían". El mensaje es claro y contundente: la construcción de una mayoría electoral estable pasa inevitablemente por abandonar las lógicas identitarias excluyentes y abrirse a terrenos políticos más amplios e inclusivos.
El fortalecimiento del centro político
A pesar de ese tránsito hacia la moderación, Paloma Valencia se fortaleció políticamente tras imponerse en la gran consulta, aunque su victoria no fue lo suficientemente holgada como para prescindir de alianzas. Este resultado confirma categóricamente que cualquier candidatura que aspire genuinamente a ganar las elecciones –y posteriormente a gobernar con efectividad– deberá ampliar su base de apoyo hacia el centro político. Precisamente por esa razón, la candidata del Centro Democrático ha apelado directamente al millón doscientos cincuenta mil votos obtenidos por Juan Daniel Oviedo, quien quedó segundo en esa consulta y se ha convertido en el fenómeno político del momento.
Oviedo, perfecto tecnócrata con formación impecable, ha logrado conectar con amplios sectores poblacionales desde su carismática "buena onda"; se dirige especialmente a la juventud y a la diversidad, mostrando sensibilidad hacia temas cruciales como la paz y los derechos humanos. De hecho, la decisión sobre si será o no el candidato vicepresidencial radica principalmente en acordar con Paloma Valencia la continuidad de la Justicia Especial para la Paz. Al momento de redactar este análisis, aún se desconocen los resultados definitivos de esas delicadas negociaciones. Otros nombres continúan barajándose para ese cargo estratégico, pero el simple hecho de que estén sobre la mesa demuestra que el centro político no solamente existe como fuerza real, sino que tiene incidencia determinante en el desenlace final de la elección presidencial.
Movimientos estratégicos en la ultraderecha
Así lo comprendió también el candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, quien seleccionó como fórmula vicepresidencial al exministro José Manuel Restrepo, académico de trayectoria impecable y ánimo mesurado. Queda por verse cómo encajará ese perfil técnico y moderado dentro de un proyecto político de corte populista y extrema derecha, lo que sin duda generará tensiones internas interesantes de observar.
Elegirse y gobernar con el aplomo que caracteriza al centro político no significa renunciar al carácter propio ni a las convicciones fundamentales, sino someterlas a la prueba constante de la realidad para convertirlas en acuerdos prácticos capaces de sostener la unidad nacional. Quien logre comprender y aplicar esta dinámica tendrá en sus manos la llave maestra de la gobernabilidad futura. Y ante este panorama complejo, surge inevitablemente la pregunta reflexiva: ¿Por qué no optar por la seguridad y darle el voto a Sergio Fajardo?



