Un hito histórico en la política colombiana
En un país marcado por profundas desigualdades como Colombia, resulta significativo que en el actual proceso electoral figuren mujeres, personas indígenas y miembros de la diversidad sexual entre las fórmulas presidenciales con mayores posibilidades. Este fenómeno representa un avance notable que merece ser analizado en toda su complejidad.
La importancia de las identidades en la experiencia social
Las identidades importan, y mucho, porque todo conocimiento está situado en contextos específicos. Nuestro género, clase social, racialización, pertenencia étnica, orientación sexual o identidad de género, entre otros factores, determinan cómo experimentamos el mundo de formas distintas y particulares.
No es lo mismo ser una mujer indígena que una mujer blancomestiza; un hombre gay que uno heterosexual; una mujer lesbiana que una que no lo es. El hecho de contar con esta diversidad de identidades y experiencias en una contienda electoral tan compleja como la actual demuestra que la diversidad cultural que tanto promovemos en campañas turísticas y ceremonias protocolarias comienza finalmente a reflejarse en la arena política.
Este desarrollo es histórico y digno de celebración, pero también plantea desafíos profundos que debemos reconocer.
Los ataques identitarios persisten
Lamentablemente, esta mayor visibilidad ha venido acompañada de ataques preocupantes. Aída Quilcué ha enfrentado comentarios y "chistes" directa o soterradamente racistas y clasistas; Juan Daniel Oviedo ha sido ridiculizado por su discapacidad y descalificado como potencial vicepresidente por ser abiertamente gay; a Paloma Valencia se le ha criticado no solo por ser mujer sino que ha sufrido burlas y comentarios gordofóbicos por el tamaño de su cuerpo; y desde hace años Claudia López soporta comentarios denigrantes basados en su expresión de género y orientación sexual.
Representación descriptiva versus sustantiva
El punto quizás más crucial en este debate es que la etiqueta identitaria, cuando no está acompañada de experiencias, valores y propuestas concretas, constituye un indicador insuficiente y frecuentemente engañoso de progreso social.
Dos conceptos fundamentales
La representación descriptiva se basa principal, y a veces exclusivamente, en la identidad de una persona, en el hecho de que alguien perteneciente a un grupo históricamente marginalizado alcance una posición de poder, independientemente de cómo se comporte en ella.
La representación sustantiva, por su parte, se trata de cómo esa persona utiliza el poder. ¿Representa genuinamente los intereses de dicha comunidad? La figura de Polo Polo sirve como ejemplo claro de esta diferencia, demostrando que llegar al poder es necesario, pero no suficiente.
Identidad no determina ideología
Lo que no debemos olvidar es que ser gay, mujer o afrodescendiente no hace a nadie automáticamente de derecha, izquierda o centro, ni lo descalifica para asumir ningún cargo, incluidas la presidencia y vicepresidencia de la República.
Un llamado a la altura democrática
En tiempos de polarización y desinformación, es imperativo que estemos a la altura del ejercicio democrático que tenemos ante nosotros. Podemos y debemos debatir todo lo que queramos sobre las propuestas, valores o actuaciones de las personas, pero no debemos caer en la trampa de otorgar o restar valor a alguien exclusivamente por su identidad.
Que no se nos olvide nunca que las ideas se pueden debatir hasta el cansancio, pero la identidad, humanidad y dignidad de alguien, nunca. Si permitimos que ocurra lo contrario, como personas y como sociedad habremos perdido algo mucho más grave que una simple elección: habremos sacrificado principios fundamentales de convivencia y respeto.
La diversidad en las fórmulas presidenciales colombianas representa un paso adelante, pero el camino hacia una verdadera inclusión política requiere superar los prejuicios y enfocarnos en los contenidos, las propuestas y las acciones concretas que cada candidato ofrece al país.



