El dilema del voto en Colombia: ¿Aporta al bien común o es un acto de desesperación?
Las elecciones en Colombia se han transformado en eventos que generan dilemas profundos, produciendo inseguridad y desazón entre los ciudadanos. Al momento de votar por un candidato, un partido político o una alianza fugaz y dudosa, muchos electores pueden sentirse al borde de un ataque de nervios, como diría el cineasta Pedro Almodóvar. La situación no es fácil para nadie.
El voto con miedo y asco
En numerosas regiones de Colombia, la gente vota con miedo, y frecuentemente ese miedo va acompañado del asco. No son pocos los que depositan su voto con una mano mientras sienten la necesidad de taparse las narices con la otra. Hace tiempo que la política en nuestro país no huele bien, y el ambiente que la rodea aún no ha sido suficientemente ventilado.
Este hecho debería inquietarnos y ponernos a reflexionar: cuando en el inconsciente colectivo la política se asocia con algo sucio y maloliente, resulta extremadamente difícil pensar que tiene algo que ver con el bien común. Aunque este bien no tiene que ser de pureza absoluta y comprobada, en política debería, al menos, motivar a los ciudadanos.
La complejidad de decidir el voto
A pesar de que existen electores cautivos que nunca se sienten motivados a informarse adecuadamente sobre por quién votar, para muchos otros tener que decidir su voto se asemeja a elegir qué sabor de helado escoger frente a una diversidad variopinta de posibilidades atractivas. Entre los colombianos, se observan varios criterios posibles para determinar el voto:
- Votar por quienes son o aparentan ser moralmente intachables
- Por quienes favorecen las causas de los más pobres, o del desarrollo tecnológico y económico
- Por quienes en su programa de gobierno apuestan todo a la educación o al cuidado de los recursos naturales
- Por una mujer que impulse las causas feministas
- Por el político pragmático que ejecuta y realiza obras, aunque sea mediante alianzas o métodos no muy transparentes
- Por quien promete el cambio, aunque no sepamos en qué consista o cómo lo vaya a lograr
- Por el menos malo, o quien menos daño haría
- Para muchos, lo más sencillo: por quien ofrezca algo a cambio
En Colombia, además, parece crecer cada vez más el voto negativo: votar por el candidato A para impedir que triunfe el candidato B.
La evolución del concepto de bien común
En la antigua Grecia, la actividad política fue entendida como búsqueda del bien común, es decir, lo que conviene a la polis, a la sociedad, a la gente. Posteriormente, esto fue tematizado como búsqueda y realización del bien común, pero en el mundo moderno la política terminó convirtiéndose en una técnica para hacerse con el poder y conservarlo.
Como toda técnica, la política también es efectiva independientemente de la moralidad y de las propuestas políticas de quienes la ejercen. Esta transformación ha contribuido a la percepción actual de que el voto no necesariamente contribuye al bienestar colectivo.
La percepción ciudadana actual
Hoy, al votar, muchos ciudadanos no creen estar aportando al bien común porque no ven claro que exista algo así como un bien común para todos. La percepción de muchos es que, con su voto, apoyan o se vinculan a una especie de empresa electoral en la que unos pocos invierten recursos, muchos participan con su voto, y casi nunca se sabe quiénes son los verdaderos beneficiados.
Es comprensible, entonces, que eso que el filósofo Michael Sandel llama "el descontento democrático" enrarezca y desnaturalice la política, una actividad pública regulada y vigilada en la que empresas electorales fingen ser partidos políticos mientras que nadie parece darse por enterado.
La importancia de votar bien
A pesar de todo esto, es crucial votar, y hacerlo bien, es decir, lo mejor que se pueda. Como muchos han señalado: los problemas de la democracia, que son muchos y de muy diverso tipo, no se solucionan con menos, sino con más democracia.
Por eso hay que afirmar que la esperanza, además de ser una de las tres virtudes teologales, también tiene mucho que aportar como virtud política. En un contexto donde la desconfianza y el escepticismo dominan el panorama electoral, mantener la esperanza en la posibilidad de un cambio positivo a través del voto informado y consciente se convierte en un acto de resistencia y compromiso ciudadano.
La participación electoral, aunque compleja y llena de desafíos, sigue siendo el mecanismo fundamental para construir una sociedad más justa y equitativa. Cada voto, cuando es emitido con conciencia y reflexión, contribuye a moldear el futuro del país, incluso en medio de las dificultades y contradicciones del sistema político actual.
