Elecciones 2026: Un momento decisivo para la democracia colombiana
A pocas horas de una nueva jornada electoral histórica, donde los colombianos elegirán el Congreso de la República para el período 2026-2030 y participarán en las consultas presidenciales, el país se enfrenta a un momento de profunda trascendencia que va mucho más allá de una simple cita en las urnas. Este crucial proceso exige una convocatoria urgente a la sensatez ciudadana, que permita oxigenar y revitalizar nuestra democracia mediante el ejercicio de un voto libre, informado y completamente consciente.
La responsabilidad histórica de elegir bien
Superar los complejos desafíos estructurales que tenemos por delante como Nación requiere que dejemos atrás la fragmentación política y social para movilizarnos bajo un espíritu colectivo renovado, donde el bien común se convierta en la única hoja de ruta posible. La nueva composición del Congreso será definitiva en la redefinición del destino de nuestro país y sus diversas regiones, por lo que la responsabilidad de elegir adecuadamente a los próximos legisladores adquiere un peso histórico sin precedentes.
Quienes aspiramos a una curul en el Senado o la Cámara de Representantes asumimos el encargo sagrado de legislar con rigor técnico y compromiso ético para construir cimientos sólidos que perduren. No se trata simplemente de ocupar un espacio de poder, sino de ofrecer soluciones concretas, viables y efectivas a los problemas estructurales que afectan al país en su conjunto.
Una trayectoria de hechos y compromisos cumplidos
Llevo casi dos décadas dedicado intensamente a la vida pública con una premisa fundamental e innegociable: la defensa permanente de las familias colombianas y la protección del medio ambiente, desde una gestión legislativa enfocada en ser un puente genuino entre el trabajo parlamentario y la realidad cotidiana de los colombianos en todas las regiones. En este tiempo de servicio, y especialmente desde mi trabajo en la Comisión Quinta del Senado, he liderado personalmente una agenda legislativa robusta y transformadora con más de 108 proyectos de ley y cientos de debates de control político que tocan la fibra más sensible del país: desde la seguridad energética nacional hasta el desarrollo del sector agropecuario.
Mi paso por el Congreso se traduce en hechos legislativos concretos que hoy definen el presente y futuro del país. Me enorgullece profundamente haber sido autor principal y ponente de la Ley de Energías Limpias (1715/14) y la posterior Ley de Transición Energética (2099/21), normativas visionarias que no solo han sido el punto de partida fundamental para cambiar nuestra matriz energética, sino que posicionaron a Colombia a la vanguardia global en políticas ambientales progresistas. Ese compromiso inquebrantable con la vida y el entorno lo he extendido consistentemente a hitos legislativos como las leyes de Acción Climática y de Plásticos de un Solo Uso, así como a una defensa férrea de la salud pública nacional a través de las leyes Antitabaco y la reciente regulación integral de vapeadores y cigarrillos electrónicos.
Más que promesas: resultados verificables
Más que ofrecer promesas vacías, presento un trabajo legislativo basado en hechos verificables y en la rendición de cuentas permanente. Colombia no admite más improvisaciones ni experimentos riesgosos; requiere urgentemente de una gestión parlamentaria que entienda con claridad que la sostenibilidad ambiental y la seguridad energética son las dos caras indivisibles de una misma moneda del desarrollo. Mi compromiso renovado es seguir siendo ese puente efectivo entre el rigor técnico legislativo y la realidad social compleja, legislando con visión de futuro para que el progreso de hoy no se convierta en la hipoteca ambiental y social de las próximas generaciones de colombianos.
La experiencia acumulada no es solo un registro del pasado, sino la garantía más sólida de un futuro con rumbo definido y resultados medibles. Desde este generoso espacio de opinión, que cada semana me permite expresarme en el diario La República, quiero invitarlos solemnemente a ejercer su derecho constitucional al voto con máxima responsabilidad ciudadana. Pongo nuevamente mi nombre y toda mi experiencia a consideración de la ciudadanía, bajo el número 2 del Partido de la U, con la tranquilidad que da haber ejercido una política de puertas permanentemente abiertas, técnica en sus fundamentos y transparente en su ejecución.
He trabajado incansablemente por una gestión legislativa que suma voluntades diversas y multiplica resultados tangibles para las comunidades; hoy, espero contar legítimamente con su confianza renovada para seguir defendiendo desde el Senado de la República el equilibrio justo y necesario que nuestro país tanto requiere en este momento histórico crucial.



