Las elecciones del 8 de marzo marcarán un punto de inflexión en la historia política colombiana
Las elecciones parlamentarias del próximo domingo 8 de marzo se perfilan como las más trascendentales de la historia contemporánea de Colombia. No solo determinarán la composición del próximo Congreso que tramitará las reformas que moldearán el Estado y la sociedad del futuro, sino que también revelarán el perfil político y electoral que caracterizará al nuevo país que se ha ido gestando durante las últimas cinco décadas.
Un país transformado después de Petro
El país político ha experimentado un cambio estructural profundo. Después del gobierno de Gustavo Petro, Colombia se ha convertido en una nación distinta, con una política diferente y una manera renovada de comprender la vida colectiva. Sin que muchos lo hubieran anticipado, el gobierno del cambio logró tres transformaciones absolutamente sustantivas que han reconfigurado el panorama nacional.
La politización de la sociedad colombiana
Con la llegada de Petro al poder y la manera como la ciudadanía ha reaccionado a su gobierno, se cristalizó la politización de la sociedad colombiana. La política penetró todos los rincones del país. Las discusiones políticas y los debates públicos sobre las actuaciones presidenciales o las agendas gubernamentales (y las de oposición) copan ahora la conversación diaria de la gente.
Lo que inicialmente se interpretó como una peligrosa polarización, en realidad transparentó la política. Los simpatizantes de izquierda se reconocieron y tomaron posición en defensa del Gobierno, mientras que quienes están a la derecha se asumieron como tales y ejercieron su labor como fuerza de oposición. Ya no predominan los cuestionamientos a la politiquería y la corrupción tradicionales, sino los enfrentamientos entre gobiernistas y opositores en torno al manejo macroeconómico, la política social o los asuntos internacionales.
Las discusiones son intensas, y estas confrontaciones incluso han llevado a que familiares y amigos dejen de hablarse temporalmente, lo que revela la profundidad del cambio experimentado.
El surgimiento de una democracia ciudadana
Con las recurrentes convocatorias del Presidente para que la gente saliera a la calle en defensa de sus reformas, los colombianos comprendieron que no hay democracia simplemente porque haya elecciones, sino porque existen ciudadanos que deben movilizarse para defender lo que les interesa. Así, Colombia está dejando de ser una democracia electoral para convertirse en una democracia ciudadana activa.
La valoración de la justicia y las instituciones
Con el gobierno Petro, los colombianos han entendido la importancia crucial de contar con buenos jueces. Son estos magistrados quienes hacen valer los límites que la Constitución y las leyes establecen para gobernantes y legisladores. Por más poderoso o popular que sea el gobierno de turno, debe respetar las reglas de juego establecidas y actuar conforme a ellas.
Los jueces mismos han comprendido que sus límites frente al poder presidencial son diferentes. Tras ellos, son muchos los colombianos que han aprendido a valorar la importancia de tener instituciones fuertes y poderes instituidos sólidos. En estos años quedó claro que los países y los Estados pueden soportar malos gobiernos y malos congresos, pero no una justicia deficiente.
El redescubrimiento del valor del voto
Finalmente, los colombianos han aprendido a apreciar la democracia y a entender que su voto tiene un valor real. Es la herramienta concreta y única para definir los destinos del país. Pese a la confusión e incertidumbre sembrada por algunas encuestas realizadas en un país con 399 municipios en riesgo extremo y alto según la Defensoría (o 132 en la misma condición según la MOE), existen zonas donde las encuestadoras no han logrado captar el voto oculto de electores que prefieren no declarar su preferencia por presión social o riesgo de estigmatización.
Una sorpresa electoral anunciada
Lo cierto es que presenciaremos una sorpresa mayúscula en estas elecciones. No solo porque la participación aumentará de manera significativa, pasando de una abstención que entre 2006 y 2018 estaba en el 57,2% a un promedio del 49% para el periodo entre 2018 y 2026, con una participación cercana al 60% para 2026. También porque será una muestra de fortaleza política e institucional del país.
Estamos ante el surgimiento de una democracia de ciudadanos que no tragan entero, en la que incluso quienes venden su voto terminan votando como se les da la gana. Las elecciones del 8 de marzo no solo definirán la composición del próximo Congreso, sino que consolidarán las transformaciones políticas que han redefinido a Colombia en los últimos años.



