Elecciones en Colombia: ¿Falta liderazgo para cambios económicos de fondo?
Con pocas semanas para las elecciones, el debate político colombiano sigue atrapado en polémicas desechables que apenas rozan la superficie de los problemas reales del país. Esta situación no es solo responsabilidad de quienes compiten por el poder, sino también de una ciudadanía que se ha acostumbrado a este nivel de discusión y rara vez empuja la conversación hacia lo que realmente importa.
La economía: crecimiento insuficiente para transformar
Mientras tanto, seguimos enfrascados en matices ideológicos como si definieran el rumbo del país, cuando en realidad son apenas un barniz superficial. Lo fundamental es una economía de cerca de 350 mil millones de dólares que crece entre el 2,5 % y el 3,5 %, suficiente para sostenerse pero insuficiente para transformar la realidad nacional.
Con estos números, ni la izquierda ni la derecha podrán cerrar las brechas existentes ni cambiar sustancialmente el rumbo del país. El problema no es el tamaño de la economía, sino su dificultad para volverse más productiva de forma sostenida en el tiempo.
Informalidad laboral: más de la mitad del país afectado
Esta limitación estructural se siente primero en el mercado laboral. Hoy, cerca del 55 % de los trabajadores colombianos está en la informalidad, lo que significa que más de la mitad del país trabaja por fuera de espacios donde se crea valor de forma estable.
Se trabaja, sí, pero en condiciones que hacen difícil aprender, mejorar y crecer profesionalmente con el paso del tiempo. Esta realidad conecta directamente con el capital humano y con lo que la gente sabe hacer realmente.
Educación e innovación: desafíos pendientes
Aunque más personas acceden a la educación en Colombia, los resultados siguen por debajo de otros países de la región. El reto ya no es solo acceder al sistema educativo, sino aprender bien y cosas útiles para el mercado laboral actual.
En un país de pequeñas y medianas empresas que operan con lo justo, muchos empresarios no encuentran las habilidades que necesitan, mientras muchos jóvenes salen de las instituciones educativas sin bases sólidas para enfrentar los desafíos del mundo laboral.
A esto se suma la baja inversión en innovación, apenas el 0,3 % del Producto Interno Bruto, un nivel que limita severamente la capacidad del país para generar conocimiento propio y avanzar hacia sectores económicos más sofisticados y competitivos.
Exportaciones y concentración regional
Esta falta de profundidad económica también se refleja en lo que Colombia vende al mundo. Cerca del 60 % de las exportaciones depende del petróleo, el carbón y la minería, dejando el crecimiento económico atado a la volatilidad de estos precios internacionales.
Cuando los precios suben hay alivio temporal, pero cuando bajan regresan los problemas estructurales. Esta misma lógica de concentración se repite en el territorio nacional, con más del 50 % de la economía concentrada en pocas regiones y gran parte del potencial productivo del país sin utilizarse adecuadamente.
Señal país y confianza institucional
Preocupa especialmente la señal que Colombia proyecta como país, lo que se percibe al pensar en invertir, montar un negocio o quedarse a desarrollar proyectos a largo plazo. No se construye desarrollo con consignas políticas ni relatos inflados, sino con lo que se vive a diario: trámites que funcionan, reglas claras y promesas que se cumplen sistemáticamente.
Parte de lo ganado en confianza institucional se perdió de tajo en este cuatrienio; es momento de corregir el rumbo para que la inversión llegue, el talento se quede y las oportunidades se distribuyan más equitativamente por todo el territorio nacional.
Ejemplo de liderazgo transformador
Hace falta un liderazgo que entienda el momento histórico y empuje cambios de fondo, como lo hizo José María Figueres en Costa Rica durante los años 90, cuando apostó decididamente por atraer inversión tecnológica y abrió la puerta a Intel, cambiando permanentemente la trayectoria de desarrollo de ese país centroamericano.
Hoy Colombia tiene otra oportunidad histórica, con empresas que se relocalizan cerca de Estados Unidos, y el país sigue en mora de entender esta dinámica y competir en serio por estas inversiones transformadoras.
Visión de país más allá del corto plazo
Lo fundamental en estas elecciones no es quién suena más convincente en el corto plazo, sino quién es capaz de proponer una visión de país que supere la monserga política cotidiana y se sostenga en el tiempo. Si alguno de los candidatos que habla a diario entra en este terreno con datos concretos, claridad conceptual y experiencia demostrable, vale la pena escucharlo atentamente; todo lo demás es simple retórica sin sustento.
El tablero geopolítico ya cambió y la inversión internacional se mueve hacia la órbita americana; incluso en medio de lo impredecible del contexto global, esta es la lectura correcta del momento histórico y la pregunta fundamental es si Colombia va a jugar en ese terreno o se quedará simplemente observando desde la barrera.



