Errar es humano: Los desaciertos que marcaron la campaña electoral
Los protagonistas de la actual contienda electoral han cometido una serie de errores estratégicos que podrían definir el rumbo de las elecciones presidenciales. Desde cálculos equivocados hasta declaraciones imprudentes, cada candidato ha tenido sus momentos de tropiezo en esta carrera por el poder.
Fajardo: La oportunidad perdida del centro político
El caso de Sergio Fajardo resulta particularmente significativo, ya que su error podría costarle por tercera vez la posibilidad de alcanzar la presidencia. Tuvo todo un año para evaluar las ventajas de participar en una consulta interpartidista, pero su ego y asesorías erráticas se lo impidieron. Fajardo se quedó varado en el discurso de la no polarización, hablando de conceptos abstractos cuando el país ya debatía posiciones concretas sobre temas nacionales fundamentales.
No polarizar resultó ser, por sí mismo, insuficiente como programa de gobierno. Ahora debe presenciar cómo la Gran Consulta por Colombia se quedó con el espacio del centro político, absorbiendo no solo su espacio sino también el de Claudia López, quien cometió otro error grave al atacar directamente a Álvaro Uribe cuando su consulta iba mal. Uribe no era su contraparte natural en ese momento del proceso electoral.
Cepeda y la fórmula controvertida
La gran equivocación de Cepeda fue escoger como fórmula vicepresidencial a la líder indígena nasa Aída Quilcué, porque simbólicamente ella proyecta una radicalización aún mayor que la del propio candidato de izquierda. Reflejando esa arrogancia victoriosa que hoy caracteriza al petrismo, decidió que era más importante enviar un mensaje a Paloma Valencia para remarcar las diferencias entre lo que llaman "la oligarquía" y "los de abajo".
Cepeda se encerró en términos sectarios alrededor de una afirmación identitaria que no le aportará a la izquierda que representa sino los votos del "yo con yo". Los indígenas ya estaban ganados para Petro mediante políticas específicas, por lo que esta movida no amplía su base electoral sino que la limita.
Paloma Valencia: Los excesos uribistas
Paloma Valencia, una de las figuras más destacadas del certamen electoral, cometió dos errores significativos. Primero, al insinuar que Álvaro Uribe podría ser su vicepresidente, cuando ya había propuesto a Abelardo para ese cargo, Uribe lo había negado y además era jurídicamente inviable. Segundo, al exclamar la frase "Uribe es mi papá", una declaración que generó más ridículo que adhesión.
Precisamente, se trata de "desuribizar" a Paloma para que dé la sensación de tener vuelo propio, porque el ADN político de Uribe nadie se lo va a borrar, pero tampoco necesita ser reiterado constantemente.
Oviedo: La vedetización momentánea
Juan Daniel Oviedo, quien logró imprimirle a esta campaña frescor y apertura con su inteligencia y espontaneidad, alcanzó a "vedetizarse" durante las primeras horas de su triunfo electoral. Condicionó a la candidata con temas que ya no son primordiales en el país, como aspectos específicos del acuerdo de paz con las FARC que tienen rango constitucional.
La paz con las FARC es un hecho consolidado, y quienes gozaron de curules durante ocho años esta vez no obtuvieron representación electoral. La inversión en zonas afectadas por la violencia corresponde al Estado, sin necesidad de que Oviedo la convierta en condición. La JEP tiene sus días contados según los acuerdos, por lo que reabrir estos debates resulta innecesario cuando el país ya los da por superados.
Restrepo y Barreras: Errores de cálculo
También es bueno advertirle al doctor José Manuel Restrepo, un hombre respetable, que no hay necesidad, ahora como fórmula vicepresidencial de Abelardo, de andar todos los días haciendo saludos militares y gritando "firmes por la patria". Su papel no es conseguir votos mediante payasadas, sino imprimirle seriedad a la fórmula.
Por último, el gran error de Roy Barreras fue uno solo: haberse lanzado como candidato. Quiso equipararse con Cepeda y desatendió la orden de su jefe Petro, quien les dijo no a las consultas y ordenó dedicar todos los esfuerzos a la representación del Pacto Histórico en el Congreso. Por cuenta de su error, se dejó notar que no es nada sin las maquinarias de Petro y que su propio capital político se traduce en 257.037 votos, una medida clara de su influencia real.
Cada uno de estos errores ha marcado el desarrollo de la campaña electoral, demostrando que en política, como en la vida, errar es humano, pero en época de elecciones esos errores pueden resultar definitivos para las aspiraciones de poder.



