Colombia demuestra fortaleza en su sistema electoral pese a críticas infundadas
Fortaleza del sistema electoral colombiano ante críticas

La solidez del sistema electoral colombiano en evidencia

Quien haya participado con mirada objetiva en unas elecciones colombianas debe reconocer que el funcionamiento básico del sistema electoral representa uno de los más sólidos que existen a nivel internacional. Al acudir a cualquier puesto de votación, los ciudadanos encuentran una organización verdaderamente impecable: policías realizando labores de vigilancia, funcionarios públicos orientando a los votantes, jueces resolviendo imprevistos con celeridad, testigos atentos a cada detalle y jurados de mesa que, en su inmensa mayoría, cumplen su tarea con una seriedad y honestidad realmente admirables.

Logística envidiada por democracias avanzadas

La capacidad logística demostrada por la Registraduría Nacional del Estado Civil sería envidiada incluso por muchas democracias consideradas avanzadas. Mientras en numerosos países los resultados electorales tardan días o incluso semanas en conocerse oficialmente, en Colombia durante la primera hora ya se tiene una idea bastante clara de las tendencias y, en apenas tres horas, aparecen resultados prácticamente definitivos que luego se corroboran mediante el escrutinio formal, donde se revisan nuevamente las actas con la participación de múltiples actores institucionales.

Todo este proceso ocurre en un ambiente generalizado de orden y tranquilidad donde literalmente se respira el alma misma de la democracia.

Desafíos persistentes en el panorama electoral

Sin embargo, existen realidades que no pueden ignorarse: municipios donde históricamente el fusil ha intentado reemplazar al voto libre, regiones donde aún opera la compra directa de votos o el viejo clientelismo disfrazado de ayuda social. Son precisamente los nombramientos políticos, subsidios condicionados y medidas populistas que producen un bienestar transitorio los que distorsionan la pureza del proceso electoral.

Y existe una trampa aún mayor: la manipulación sistemática de las mentes mediante mentiras y engaños calculados que crean la ilusión del fin de la pobreza entre quienes menos recursos económicos y formación crítica poseen. A pesar de toda la evidencia disponible, muchos se resisten a ver que lo único que realmente ha terminado es la pobreza de los históricos dirigentes, sus amigos más cercanos y sus familiares directos.

Críticas infundadas y responsabilidad ciudadana

Por todo ello resulta particularmente repulsivo que candidatos y líderes políticos —incluido el propio Presidente de la República— siembren dudas sistemáticas sobre el sistema electoral sin presentar una sola prueba concreta que sustente sus acusaciones. La democracia colombiana no puede funcionar con la regla infantil de: "Todo está bien si gano, pero si pierdo, entonces hubo fraude inevitablemente".

Estas elecciones recientes le demostraron al país que el régimen actual no cuenta con el respaldo popular que cree tener. Es previsible que intensifiquen todas las estrategias de distorsión informativa y abuso de los recursos públicos que tan bien les han funcionado en el pasado. Los políticos y funcionarios honestos que no participan en esas prácticas deben redoblar sus esfuerzos de vigilancia institucional.

Y todos los ciudadanos colombianos debemos ayudar activamente a vencer la resistencia de los apáticos que se privan del orgullo legítimo que significa ejercer el derecho al voto en Colombia, un país que ha demostrado tener un sistema electoral robusto pese a sus desafíos estructurales.