Gobierno critica algoritmos electorales mientras calla sobre vicios reales del sistema
Gobierno critica algoritmos mientras calla sobre vicios del sistema

La doble moral electoral del Gobierno colombiano

Mientras el Gobierno del presidente Gustavo Petro denuncia inverosímiles conspiraciones electorales basadas en algoritmos, mantiene un sospechoso silencio respecto a los vicios reales del sistema político colombiano que ellos mismos han utilizado para llegar al poder. Esta contradicción revela una estrategia calculada para desviar la atención pública de sus propias prácticas cuestionables.

La paradoja de cuestionar el sistema que los llevó al poder

El presidente Petro ha cuestionado repetidamente la fiabilidad del sistema electoral colombiano a través de redes sociales y declaraciones públicas, afirmando que "los algoritmos" no le inspiran confianza. Su partido, el Pacto Histórico, incluso ha anunciado la creación de una registraduría paralela, sugiriendo que la actual no funciona adecuadamente. Sin embargo, esta postura resulta paradójica cuando se considera que el mismo sistema electoral que ahora cuestionan les permitió a Petro y su movimiento alcanzar la presidencia, la alcaldía de Bogotá y múltiples curules en el Congreso.

Si el sistema electoral fuera tan ilegítimo como afirma el mandatario, su propia presidencia carecería de legitimidad por deducción lógica. Esta contradicción fundamental expone la naturaleza oportunista de las críticas oficialistas al proceso electoral.

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Los verdaderos vicios del sistema que el Gobierno omite

Mientras el oficialismo inventa conspiraciones algorítmicas para explicar posibles derrotas electorales, guarda silencio sobre los problemas reales del sistema político colombiano en los que ellos mismos han participado activamente:

  • Alianzas con estructuras clientelistas tradicionales durante la campaña presidencial
  • Gobierno con apoyo de clanes de la contratación pública
  • Admisión de asesores sobre "correr la línea ética" para alcanzar el poder
  • Creación masiva de puestos burocráticos innecesarios con recursos públicos
  • Violación demostrada de topes de financiación en campaña presidencial
  • Comprobación de compra de votos congresionales para aprobar proyectos gubernamentales

Estos hechos documentados contrastan marcadamente con la narrativa de pureza democrática que intenta proyectar el Gobierno.

La estrategia política detrás de las acusaciones

Las constantes acusaciones sobre supuestas manipulaciones algorítmicas cumplen múltiples funciones estratégicas para el oficialismo:

  1. Desviar la atención de sus propias prácticas cuestionables hacia supuestas amenazas externas
  2. Crear una base electoral paranoica y movilizada, convencida de que les robarán las elecciones
  3. Preparar el terreno para eventuales reformas que les den mayor control sobre los mecanismos electorales

Esta táctica resulta particularmente cínica considerando que, durante la actual campaña electoral, se produjo el asesinato de un candidato por primera vez en décadas, hecho que el presidente minimizó al afirmar que la campaña "se ha desarrollado pacíficamente".

El riesgo real: el control político del escrutinio

La retórica anti-algoritmos del Gobierno podría estar preparando el camino para algo más peligroso: la eventual toma de control del sistema electoral colombiano. Si el Pacto Histórico mantiene suficiente influencia después de las elecciones, podría insistir en reemplazar los actuales sistemas de escrutinio por mecanismos controlados por allegados al oficialismo, lo que representaría un retroceso democrático hacia los tiempos de "el que escruta elige".

La obsesión del presidente Petro con los algoritmos electorales parece menos preocupada por la integridad democrática y más interesada en consolidar control político. Mientras tanto, los verdaderos problemas del sistema -el clientelismo, la corrupción en la contratación, el tráfico de influencias- continúan sin enfrentarse adecuadamente porque el propio Gobierno participa de ellos.

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En este contexto electoral, los colombianos enfrentan una disyuntiva crucial: votar no solo por programas políticos, sino por preservar la posibilidad de seguir votando en libertad en el futuro. La democracia requiere no solo elecciones limpias, sino también líderes dispuestos a enfrentar los vicios del sistema en lugar de aprovecharse de ellos mientras señalan distracciones algorítmicas.