La dura lección electoral para los influencers políticos
Las elecciones legislativas del 8 de marzo dejaron una enseñanza incómoda pero clara para la política digital contemporánea: los seguidores en redes sociales pueden amplificar una candidatura, pero definitivamente no sustituyen ni la maquinaria partidista tradicional, ni las listas cerradas, ni la capacidad real de convertir visibilidad en votos concretos.
El mito del influencer todopoderoso se desvanece
Con el boletín 34 del Senado, que registraba aproximadamente el 97,55% de mesas informadas al cierre de la edición, ya era posible identificar una tendencia contundente: los creadores de contenido lograron instalarse en la conversación electoral, pero no todos consiguieron traducir esa notoriedad digital en poder político real. Los casos de Wally y Lalis ilustran perfectamente dónde termina el mito del influencer todopoderoso.
Wally llegó al debate legislativo impulsado principalmente por su visibilidad en plataformas digitales, pero su posibilidad real de ingresar al Senado dependió fundamentalmente de haber sido ubicado por el petrismo entre los primeros lugares de una lista cerrada. Al cierre consultado, el Pacto Histórico Senado acumulaba 4.345.015 votos, equivalente al 22,82% del total válido.
Lalis, por su parte, quedó instalada en una posición privilegiada dentro del Pacto Histórico en Bogotá, donde esa lista dominó claramente la capital con 870.317 votos, representando el 32,80% del total. Traducido al lenguaje menos épico y más realista de la política: el arrastre decisivo no fue el del perfil individual, sino el de una marca partidista con capacidad demostrada para ganar elecciones.
El voto preferente: éxito limitado dentro de estructuras partidistas
Donde sí se observó con mayor nitidez la conversión de visibilidad digital en votos concretos fue en el Senado de voto preferente, aunque incluso en este escenario el fenómeno presentó límites muy definidos. Gersson Vargas Valdeleón, conocido como "Señor Bíter", alcanzó 121.238 votos dentro del Partido Liberal, mientras que Luis Carlos Rúa Sánchez, "Elefante Blanco", sumó 119.160 votos en Alianza por Colombia.
Estas cifras son ciertamente robustas y políticamente respetables, pero sería un error interpretarlas como una simple victoria del algoritmo sobre la política tradicional. Ambos nombres crecieron dentro de partidos que también demostraron músculo electoral a nivel nacional: el Partido Liberal registró 2.229.217 votos y Alianza por Colombia alcanzó 1.868.202 votos. En otras palabras, la fama digital ayudó, sí, pero lo hizo sobre una estructura partidista que ya poseía la capacidad organizativa para convertir simpatía en votos contados.
Casos paradigmáticos: Amaranta Hank y los límites del capital digital
El caso de Amaranta Hank (Deyci Alejandra Omaña Ortiz) presenta particularidades interesantes. A diferencia de los candidatos de voto preferente, Amaranta no contaba en las elecciones legislativas del 8 de marzo con una cuenta individual de votos por exhibir, ya que compitió dentro de una lista cerrada del Pacto Histórico. Su capital político propio se había medido previamente en la consulta interna de octubre de 2025, donde obtuvo 15.980 votos, resultado que le permitió ubicarse en el puesto 23 de la lista al Senado.
Su llegada al Congreso se interpreta como evidencia contundente de que el rendimiento colectivo de la lista y la capacidad del partido para convertir simpatía en representación efectiva siguen siendo factores determinantes, incluso para figuras con notoriedad digital.
Comunidades digitales ruidosas pero electoralmente limitadas
El contraste más evidente lo ofrecen aquellos casos que demostraron que una comunidad digital puede ser extremadamente ruidosa sin llegar a ser electoralmente decisiva:
- Alejo Vergel Arévalo alcanzó 60.992 votos, cifra nada despreciable para una candidatura individual, pero su vehículo político, el Frente Amplio Unitario, apenas marcó 380.859 votos, equivalente al 1,74%, muy lejos de la talla nacional necesaria para disputar seriamente una bancada.
- Rawdy Reales Rois obtuvo 54.571 votos en Ahora Colombia, pero quedó por detrás de otros nombres dentro de su misma lista, como Ana Paola Agudelo con 98.440 votos y Manuel Antonio Virguez con 98.036 votos.
- Edwin Javier Brito García, conocido como "Pechy Players", se quedó en 24.258 votos dentro de un conservatismo donde las cabezas reales siguieron siendo figuras con maquinaria política tradicional y apellidos reconocidos, como Nadya Blel con 173.798 votos y Wadith Manzur con 131.271 votos.
Lo que estos tres casos demuestran es simple pero contundente: las redes sociales sirven para abrir micrófono y generar visibilidad, pero el voto preferente sigue premiando fundamentalmente organización, trayectoria política y estructura partidista.
El caso Atlántico: Felipe Saruma y la realidad departamental
En el ámbito de la Cámara de Representantes, el caso más diciente fue el de Felipe Saruma en el departamento del Atlántico. Su candidatura fue presentada como una apuesta estratégica de Cambio Radical para capturar el voto joven en una región donde esa colectividad mantiene presencia significativa. Y, efectivamente, el partido volvió a demostrar su peso electoral: en el corte consultado lideraba la circunscripción con 320.221 votos, equivalente al 30,44%.
Sin embargo, cuando se examina el detalle específico de la lista, quienes realmente ordenan la votación son otros nombres con mayor arraigo y estructura: Luz Marina Gaitán Mahecha con 94.801 votos y Maylin Cenith Gaitán Molina con 78.92 votos. Este caso confirma una vez más que la notoriedad digital debe complementarse con trabajo territorial y conexión real con las bases electorales para traducirse en resultados concretos.
