El panorama político colombiano tras las elecciones legislativas
Hace dos semanas, en mi columna "La gran posibilidad de cambiar el rumbo", anticipé que los colombianos teníamos la oportunidad de modificar el curso político con nuestro voto en las elecciones de Congreso, donde también se decidían las consultas internas. Escribí entonces que era muy posible que el 8 de marzo se estuviera forjando una nueva historia para las elecciones presidenciales y que ese día podría iniciar el fin de las candidaturas de Cepeda y Abelardo de la Espriella.
Resultados mixtos y análisis detallado
Como pueden advertir, tuve razón de forma parcial. Me equivoqué en lo que guarda relación con la candidatura de Cepeda, que lejos de haber iniciado su declive, terminó consolidándose gracias al respaldo de Gustavo Petro, quien sin duda fue uno de los claros ganadores de la jornada del pasado domingo. El partido de gobierno logró obtener 25 senadores, y su llamado a la abstención en la consulta de Roy Barreras y Luis Fernando Quintero dio frutos evidentes.
Para Roy Barreras, ganar fue perder, pues aunque obtuvo una victoria en términos numéricos, esta resultó ser pírrica y representa más bien una derrota fulminante que sepulta cualquier aspiración seria en el escenario político actual.
El triunfo de la Gran Consulta
Sin embargo, acerté plenamente en lo referente a la Gran Consulta, cuyo éxito se debe en gran medida a la determinación, persistencia, humildad y coraje de David Luna, quien emerge como un gran triunfador ideológico de esta jornada electoral. La Gran Consulta obtuvo una estupenda votación muy cercana a los seis millones de votos, cifra que permite al grueso de la población colombiana vislumbrar una luz al final del sendero político.
La Gran Consulta fue la ganadora indiscutible de las elecciones. Sus integrantes no solo demostraron que en la política colombiana hay espacio para la decencia, la tranquilidad y la lealtad, sino que concretaron el propósito de llevar, entusiastas y esperanzados, a millones de colombianos a las urnas, desafiando los llamados a la abstención provenientes de diversos sectores.
Paloma Valencia: el fenómeno emergente
Dentro de este contexto, ganó Paloma Valencia de forma contundente, lo cual configura un escenario perfecto para poner sobre el tapete una candidatura con vocación de triunfo y capacidad real para derrotar en primera vuelta a Abelardo de la Espriella. Hasta ahora, Abelardo marcaba bien en las encuestas gracias a que había venido cabalgando en solitario en este espectro de la política colombiana, pero la situación ha cambiado radicalmente.
Como en las carreras de caballos, Abelardo tendrá que padecer la pesadilla de tener atrás a un "caballo rematador" que viene de atrás en la recta final para superarlo y ganarle la carrera. Ese "caballo rematador" se llama precisamente Paloma Valencia. Por la misma razón que antes Abelardo era fuerte —la falta de alternativas viables en su espectro político—, hoy su candidatura puede empezar a desmoronarse.
El cambio en el electorado
Muchas de las personas que habían estado dispuestas a votar por Abelardo justificaban su apoyo en que "no había por quién más votar" dentro de sus opciones políticas. Desde el domingo electoral, esta percepción ha cambiado sustancialmente, pues ahora "sí hay por quién votar" que tenga posibilidades reales de rematar estas elecciones y alcanzar la victoria presidencial.
Abelardo de la Espriella es otro de los grandes perdedores de la jornada electoral. Su asustadizo llamado a no votar por la consulta resultó completamente en vano. Le ocurrió exactamente lo que temía: un éxito electoral de la Gran Consulta que le puso enfrente a un rival con posibilidades reales de eliminarlo en la primera vuelta, arruinando así su hasta ahora solitaria campaña presidencial.
Debilidades expuestas
Abelardo mostró de manera evidente que su poder de convocatoria es limitado, pues la lista de Senado de Salvación Nacional, que cobijó como su propia lista, casi se ahoga en los resultados. Pasó el umbral electoral por milagro, y de milagro es que logró mantenerse en competencia. Esta debilidad queda expuesta ante el electorado en un momento crucial.
Llamado a la unidad opositora
Quienes hemos estado en la oposición y quienes creemos firmemente que Cepeda representa un peligro mayor incluso que Petro, debemos rodear y respaldar decididamente a Paloma Valencia, así como a quien escoja esta semana como su fórmula vicepresidencial —decisión estratégica clave— para lograr derrotar la candidatura de Abelardo de la Espriella el 31 de mayo de 2026 en la primera vuelta electoral.
Es imperativo consolidar una campaña fuerte y unificada que represente, desde el centro político hasta la derecha, a la mayoría del pueblo colombiano que, lejos de los extremos ideológicos, quiere consolidar un futuro gobierno que no solo recupere lo que se ha perdido en este desastroso y cantinflesco cuatrienio de Petro, sino que evite que se consuma lo que se cocina en las huestes de Cepeda.
Oportunidad histórica
Tenemos ante nosotros una oportunidad de oro. Esta campaña presidencial se reinicia con una luz visible al final del sendero político. Paloma Valencia se advierte claramente como el "caballo rematador" en la recta final de las elecciones, con el impulso necesario para cambiar el curso de la contienda presidencial.
El escenario está servido para una transformación política significativa, donde la decencia, la transparencia y la representación genuina de los intereses ciudadanos pueden prevalecer sobre los cálculos electorales tradicionales. La Gran Consulta ha demostrado que otra forma de hacer política es posible en Colombia.



