La política colombiana se rinde ante el algoritmo en campañas digitales
Política colombiana rendida ante el algoritmo en campañas

La política colombiana se rinde ante el algoritmo en campañas digitales

Mientras millones de colombianos acudían a las urnas para elegir el próximo Congreso de la República y definir candidatos presidenciales en consultas internas, una realidad digital marcaba profundamente el proceso democrático. La campaña electoral, intensa y profundamente digitalizada, dejó al descubierto cómo la política colombiana ha cedido terreno ante los algoritmos de las redes sociales.

El espectáculo reemplaza al contenido sustancial

Los contenidos de cientos de candidatos al Congreso resultaron previsibles, repetitivos y, en numerosos casos, francamente mediocres. Videos diseñados para provocar risas rápidas, coreografías improvisadas, chistes fáciles y ocurrencias de quince segundos dominaron las pantallas de los celulares, sin explicar absolutamente nada sobre el país que pretenden gobernar.

El humor chabacano, tan popular en nuestro ecosistema digital, se convirtió en el lenguaje dominante de la política. Todo se transformó en broma, meme y espectáculo, relegando el debate de ideas a un segundo plano preocupante.

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Candidatos serios invisibilizados por el algoritmo

Mientras algunos acumulaban millones de visualizaciones con ocurrencias virales, candidatos serios y preparados simplemente no existían para el ecosistema digital. María Clara Posada, reconocida por su rigor, profundidad y argumentos sólidos, nunca alcanzó la viralidad. Andrés Forero, congresista con trabajo legislativo serio y debates sustantivos, tampoco logró conquistar el algoritmo, apenas siendo mencionado indirectamente por un candidato desde Miami.

En contraste, fenómenos como el famoso "Pechy Player" se convirtieron en protagonistas de campaña, revelando el nivel patético al que hemos reducido el ejercicio de aspirar al Congreso. Ser congresista debería representar una de las responsabilidades más exigentes de la vida pública, donde se diseñan las reglas que rigen nuestra economía, institucionalidad y convivencia.

La democracia como reflejo social

El problema fundamental no reside en el humor ni en el espectáculo, elementos que siempre han acompañado a la política. La dificultad aparece cuando el espectáculo reemplaza completamente al contenido, cuando el algoritmo premia la superficialidad y castiga la reflexión profunda.

Esta realidad digital también constituye democracia: no solo el sistema que elegimos para gobernarnos, sino el reflejo incómodo de lo que somos como sociedad. Refleja nuestros gustos, prioridades y la manera en que decidimos informarnos en la era digital.

Concluida la jornada electoral, que ojalá haya transcurrido en paz, el país enfrenta una pregunta básica pero urgente: ¿realmente queremos un Congreso elegido por ideas o simplemente por algoritmos y contenidos superficiales? La respuesta definirá el futuro de nuestra democracia en la era digital.

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