De la preocupación a la esperanza: una reflexión sobre las elecciones colombianas
Es cosa de todas las noches despertarme tras sueños extraños y quedarme despierto un buen rato hasta conciliar el sueño nuevamente. Lo de anoche fue particularmente curioso: tenía a mi lado una vieja edición de un libro especialmente apreciado por mi padre, "Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida", de Dale Carnegie. Lo abrí al azar y leí el testimonio de una persona que enfrentaba seis problemas simultáneos, sin ver solución alguna. Eran de tal magnitud que sentí compasión por ese hombre.
El peso de las preocupaciones anticipadas
Al verse impotente, decidió escribir los seis problemas en una hoja de papel y guardarla en su escritorio. Pasó un año y medio y, al revisar sus archivos, encontró la lista de preocupaciones. Para su sorpresa, ninguno de los temores se había materializado. Cerré el libro y me puse a reflexionar sobre uno de mis mayores motivos de inquietud: las próximas elecciones en Colombia.
Eso de las preocupaciones es cosa de viejos; ahora se le llama estrés, ansiedad, burnout o miedo anticipatorio. Cambia el lenguaje, pero no el fenómeno: anticipar un futuro negativo como si lo estuviésemos viviendo en el presente. Lo cierto es que hace cuatro años estaba seriamente preocupado. La perspectiva de que un mequetrefe, un mamarracho —como calificaba, con suficientes motivos en esa época a Gustavo Petro— llegara al poder era motivo suficiente de inquietud.
Mi hija recuerda que, luego de aquellas elecciones, estuve enfermo varios meses. Creo que por eso pasaron millones de colombianos, y con toda razón. ¿Qué vemos ahora? Ya sea por ineptitud, pereza, adicciones, torpeza, arrogancia o lo que sea, ese mamarracho no logró su cometido de destruir al país para llevarlo al infierno castrochavista.
Barreras inesperadas y nuevas preocupaciones
La llegada al poder de Donald Trump se constituyó en una barrera muy fuerte que se interpuso en el plan siniestro de hacer de Colombia una nueva Cuba o una nueva Venezuela. Esta fue una aparición inesperada y venturosa dentro de la negra atmósfera que oscureció al país. Esa gran preocupación se fue diluyendo, aunque no del todo.
Le restan cuatro meses al mequetrefe y no ha parado ni un solo día de crear zozobra con sus actos y declaraciones, generando un clima de inquietud que, en otras condiciones y con un pueblo más sumiso, produciría pánico. Hasta ahí podría calificar de alarmista mi actitud de hace cuatro años, pero cuando aparece una preocupación mayor, representada claramente en la candidatura de Cepeda —quien no ha tenido reparos en mostrarse como lo que es: el político más siniestro que haya parido la izquierda en Colombia—, vuelve a apoderarse de mí la ansiedad, el estrés, el miedo anticipatorio.
Preocupación por el destino del país y por un tropiezo de la región, justo cuando se viven momentos llenos de esperanza al ver derrumbarse el imperio del Foro de Sao Paulo. También por el futuro de mis hijas, mis familiares y amigos; por el de millones de colombianos que se merecen disfrutar de:
- Las riquezas de nuestro subsuelo
- Su privilegiada geografía
- La capacidad de generar riqueza que caracteriza al emprendedor colombiano
Interferencias y panorama desalentador
La situación es aún más preocupante cuando sabemos que, descaradamente, el gobierno está interfiriendo en la campaña y, sin duda, en la compra de voluntades para ganar las elecciones a como dé lugar. Si a eso le sumamos las puyas entre los bandos que se han generado alrededor de los dos candidatos de la oposición, tenemos un panorama verdaderamente desalentador.
Me queda la fe en que el voto es un acto de independencia y que el triunfo no se alcanza mediante alianzas o chantajes, ni comprando votos o infiltrándose en la Registraduría, cuando la ciudadanía ha tomado conciencia de la gravedad del asunto. Me pregunto si estoy exagerando y si es mi imaginación la que agranda los motivos de preocupación. Ojalá sea así; solo el futuro lo dirá.
De la preocupación a la esperanza
El tiempo pasa volando y muy pronto lo sabré. Espero que en junio quede demostrado que somos mayoría los que no queremos más de lo mismo y estamos dispuestos a jugárnosla toda por sacar este país adelante. De la preocupación paso a la esperanza.
Si corregimos el rumbo, lo que tendremos por delante será la prosperidad y el progreso que tanto anhelamos. Esto significaría erradicar de raíz males endémicos como:
- La inseguridad
- La corrupción
- La inoperancia
Y así acabar con la pobreza y hacer de Colombia un país de oportunidades verdaderas para todos sus ciudadanos.



