Colombia se alista para la primera vuelta presidencial con tres aspirantes consolidados
Tras los comicios del pasado 8 de marzo, la contienda por la Presidencia de la República de Colombia ha ingresado en una etapa crucial y determinante de cara a la primera vuelta electoral. De acuerdo con los resultados de las consultas internas y las encuestas poselectorales más recientes, se han consolidado tres candidaturas con viabilidad demostrada: las de Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Este escenario político sugiere con fuerza que habrá segunda vuelta presidencial en el país.
Los medios de comunicación, analistas políticos, columnistas y, naturalmente, los electores colombianos concentrarán su atención principalmente en estas tres candidaturas y también en sus fórmulas vicepresidenciales, que en esta oportunidad han adquirido una relevancia y visibilidad sin precedentes en la historia electoral reciente de Colombia.
El candidato de la izquierda y su continuismo
Del aspirante de la extrema izquierda y el petrismo puede afirmarse, por su propia postura declarada, que continuará "la obra" iniciada por el gobierno de Gustavo Petro. Esto implica, según sus críticos, perpetuar la grave crisis del sistema de salud pública, el deterioro progresivo de la seguridad ciudadana, la delicada situación económica y fiscal que atraviesa la nación, y los altísimos niveles de corrupción y derroche del presupuesto público nacional.
Basta con juzgar su afirmación: "A la gran corrupción le llegó su vida feliz hasta el 7 de agosto"; sobran los comentarios adicionales. Además, Cepeda no ha respondido –y seguramente no lo hará– la gran pregunta que flota en el ambiente político colombiano: ¿cuáles son sus vínculos reales con los grupos armados al margen de la ley y hasta dónde llegan sus compromisos y acuerdos con estas organizaciones ilegales?
Sobre su compañera de fórmula, la senadora indígena del Cric, Aída Quilcué, más allá de su radicalismo extremo reconocido públicamente, poco hay que agregar en este análisis preliminar.
Las dos duplas de centroderecha y sus contrastes
Las otras dos duplas presidenciales, ambas ubicadas en el espectro de la centroderecha política, presentan similitudes evidentes en algunas propuestas programáticas, pero muestran marcadas diferencias en lo conceptual y en las formas de abordar los problemas nacionales.
Abelardo de la Espriella, con una postura más enérgica y frontal característica de su estilo político, propone un plan de choque inmediato para salvar el sistema de salud colombiano, inyectando 10 billones de pesos en los primeros días de gobierno para estabilizar el sistema sanitario en crisis.
Plantea restablecer la autoridad del Estado con mano firme frente al crimen organizado y los grupos narcoterroristas que operan en el territorio nacional; promete un gobierno de carácter fuerte y decisiones prontas y contundentes. Defiende con vigor la empresa privada, un modelo económico de mercado abierto, la reducción significativa del tamaño del Estado y un control riguroso y transparente del gasto público.
Escogió como fórmula vicepresidencial al exministro y académico de centro José Manuel Restrepo –considerado por muchos analistas como el mejor de los candidatos a vicepresidente–, a quien delegará los temas económicos estratégicos y las relaciones internacionales del país. Abelardo busca capitalizar la vasta experiencia de Restrepo, quien como ministro de Comercio y de Hacienda manejó con solvencia técnica uno de los momentos más complejos para la economía colombiana, marcado por la pandemia global, liderando la protección empresarial y del empleo formal, la diversificación exportadora y nuevas oportunidades de competitividad internacional.
Paloma Valencia, por su parte, plantea recuperar la seguridad ciudadana con mayor acción del Estado y de la Fuerza Pública contra los grupos armados ilegales, lo que denomina en su programa "seguridad total" para todos los colombianos. Y propone consolidar los procesos de paz mediante herramientas que considera "probadas y efectivas", junto con una agenda de gobierno que incluye reformas estructurales para garantizar la seguridad energética del país, reglas claras y estables para la inversión nacional y extranjera, un Estado austero y eficiente, y una "economía fraterna" que promueva la equidad social.
Mientras tanto, su compañero de fórmula, Juan Daniel Oviedo, llegó con una agenda propia de centroizquierda que ha generado debates internos. Exige moderación frente a los acuerdos de La Habana y fortalecimiento presupuestal de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), pese a que esta instancia nos ha costado más de 4,1 billones de pesos sin resultados reales tangibles y con una persecución infame, según sus críticos, a exintegrantes de la Fuerza Pública. Pidió un espacio propio programático en la campaña electoral, el reconocimiento público de diferencias ideológicas sin subordinación política, y se comprometió a no atacar personalmente a Petro ni a Cepeda durante la contienda.
El panorama electoral y las expectativas democráticas
Con este complejo panorama político definido, los colombianos estamos listos para los debates presidenciales entre los candidatos principales y también entre sus fórmulas vicepresidenciales, que prometen ser intensos y reveladores. Y quienes defendemos la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho, si no pasan a segunda vuelta las dos fórmulas de centroderecha, esperamos entre ellas una competencia abierta pero sin heridas profundas que dividan al país, porque en junio nos vemos en las urnas... y nos juntamos como nación para decidir el futuro de Colombia.
El proceso electoral colombiano se caracteriza por su dinamismo y por la participación ciudadana masiva, elementos que serán cruciales en las semanas venideras mientras los candidatos presentan sus propuestas finales y los electores evalúan con cuidado cada alternativa de gobierno para el próximo cuatrienio presidencial.



