¿Quién para gobernarnos? Un llamado a la reflexión electoral más allá de las emociones
¿Quién para gobernarnos? Reflexión electoral más allá de emociones

La influencia de las emociones en las decisiones electorales

La economista Marcela Meléndez plantea una reflexión profunda sobre los procesos electorales en Colombia, utilizando como punto de partida la analogía que Juan Daniel Oviedo presentó durante su campaña: los candidatos a cargos públicos son personas buscando trabajo, y los electores somos quienes decidimos contratarlos o no mediante nuestro derecho al voto.

El voto emocional versus el voto racional

Meléndez señala que el criterio bajo el cual ejercemos nuestro derecho al voto resulta de una combinación compleja de factores que nos importan. "Creo, por ejemplo, que el voto por Oviedo es un voto por la mesura en la interlocución, la generosidad en el discurso y la inteligencia de un hombre accesible", afirma la columnista, destacando cómo una parte de Colombia está agotada con la polarización política que divide al país en bandos de buenos y malos.

La economista recurre al psicólogo Jonathan Haidt y su libro "La mente de los justos: por qué la política y la religión dividen a la gente sensata", donde argumenta que los seres humanos solemos decidir con base en nuestras emociones, con lo que ella llama "votar con el estómago", para luego usar la cabeza para racionalizar lo que hemos decidido.

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Los resultados electorales recientes y sus implicaciones

Al analizar los resultados de las votaciones al Congreso, Meléndez observa con preocupación que no parecen haber jugado un rol fundamental atributos como el talante, la preparación, la efectividad demostrada o la experiencia de los candidatos. Las grandes ganadoras han sido las listas cerradas que, según su perspectiva, nos ahorran indagar más profundamente sobre quienes aspiran a representarnos.

"Se quedan por fuera muchos de los que en mi opinión eran excelentes candidatos", lamenta la columnista, quien anticipa que el próximo presidente o presidenta tendrá un Congreso difícil de gestionar, con muchas divisiones y muy polarizado.

El papel de la información y la participación ciudadana

Portales como La Silla Vacía y otros medios realizan esfuerzos loables por informar sobre quiénes son las personas que buscan ser escogidas para escribir las leyes que darán norte a nuestra sociedad. Estas iniciativas utilizan pedagogía y tecnología para acercar a los ciudadanos con candidatos afines a sus preferencias, un trabajo extenso que merece reconocimiento.

Sin embargo, Meléndez expresa su preocupación porque solo la mitad de las personas habilitadas para votar ejercieron este derecho en las últimas elecciones. "Que a la mitad de la gente le dé igual quién legisla o haya decidido delegar en la otra mitad esa decisión", reflexiona, concluyendo que por esta medida, Colombia sigue siendo una democracia joven muy imperfecta.

Desafíos y esperanzas para el futuro político

La columnista expresa su esperanza de que surjan liderazgos interesados en impulsar agendas legislativas pendientes, que dediquen tiempo y trabajo a entender a fondo los problemas grandes del país. Estos líderes deberían identificar soluciones y construir consensos más allá de las fronteras ideológicas de cada partido, siempre por el bien de los colombianos.

Entre los temas cruciales que requieren discusión profunda, Meléndez menciona:

  • El diseño de una política de seguridad efectiva
  • La construcción de un sistema de educación pública de calidad
  • La mejora del funcionamiento del mercado laboral para reducir el autoempleo, que suele ser sinónimo de pobreza
  • La creación de un sistema de tributación y gasto que realmente permita igualar las oportunidades de todos los colombianos

Un llamado a la responsabilidad electoral

Con la primera vuelta para la elección presidencial en el horizonte, Marcela Meléndez hace un llamado claro: "Espero ver una lista de candidatos significativamente reducida en las próximas semanas, para que no se dispersen la atención ahora y después el voto". Su aspiración final es que el electorado colombiano se resista seriamente a elegir con el estómago y asuma su responsabilidad ciudadana con mayor reflexión y criterio.

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La columnista concluye enfatizando la necesidad de transitar hacia una sociedad más equitativa, donde las decisiones políticas se tomen con base en argumentos sólidos y no únicamente en reacciones emocionales inmediatas.