La pausa de Semana Santa como momento crucial para la decisión electoral
En más de cuatro décadas de periodismo político, he tenido el privilegio de cubrir diez procesos electorales presidenciales en Colombia. A lo largo de esta experiencia, he observado un patrón constante: la pausa de Semana Santa representa el momento de reflexión definitivo donde millones de ciudadanos toman su decisión final de voto. Este período marca la transición entre las preferencias iniciales expresadas en encuestas navideñas y la recta final que culmina en mayo.
El comportamiento cambiante del electorado
Durante esta semana de recogimiento espiritual, ocurren transformaciones significativas en las intenciones de voto. Numerosos indecisos abandonan finalmente su vacilación, mientras que otros electores modifican radicalmente su preferencia. Estos cambios suelen responder a dos factores principales: errores cometidos por los candidatos que envían mensajes contrarios a las expectativas ciudadanas, o la percepción de que determinado aspirante carece de posibilidades reales de avanzar a segunda vuelta, haciendo que muchos consideren su voto como desperdiciado.
Para las elecciones presidenciales de 2026, el panorama se ha ido definiendo con claridad creciente. El candidato comunista Iván Cepeda cuenta con un pase virtualmente asegurado a la segunda vuelta, manteniendo una intención de voto alrededor del 36%. Este respaldo se sustenta en el apoyo explícito del gobierno actual, que ha movilizado recursos presupuestales mediante contratos, subsidios y diversas prebendas para activar sus bases políticas.
La realidad matemática de la contienda
Algunos sectores antipetristas mantienen la esperanza de que Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia puedan escalar lo suficiente en las preferencias para desplazar a Cepeda de la segunda vuelta. Sin embargo, esta expectativa choca contra una realidad numérica incontrovertible: si Cepeda mantiene su 36%, ambos candidatos opositores necesitarían superar individualmente ese porcentaje, lo que sumaría más del 100% de intención de voto, una imposibilidad matemática.
La ingenuidad de esta esperanza resulta particularmente peligrosa porque contribuye a mantener dividido el voto opositor. La conclusión es inevitable: Cepeda estará en segunda vuelta, y quienes aspiran a evitar su triunfo final deben concentrar sus esfuerzos en apoyar al candidato con mayores probabilidades de enfrentarlo en esa instancia definitiva.
Análisis de las encuestas y posicionamiento
Las encuestas presentan escenarios contradictorios respecto a quién podría derrotar a Cepeda en segunda vuelta. Mientras Atlas Intel sugiere que tanto Valencia como De la Espriella vencerían al candidato izquierdista por márgenes considerables, otros sondeos indican que Valencia apenas empataría y De la Espriella perdería. No obstante, el requisito fundamental para enfrentar a Cepeda es, precisamente, llegar a esa segunda vuelta.
Hasta el momento, todas las mediciones serias -con la excepción del CNC, cercano al gobierno- muestran a De la Espriella consolidado en el segundo lugar y a Valencia en el tercero. A pesar del extraordinario impulso mediático que ha recibido la fórmula Valencia-Juan Daniel Oviedo, este no ha sido suficiente para desbancar la posición que De la Espriella mantiene desde hace varios meses.
Un paralelo histórico ilustra esta dinámica: hace cuatro años, Fico Gutiérrez alcanzó el 25% de intención de voto tras ganar la consulta y experimentar un 'boom' mediático similar, pero finalmente no logró acceder a la segunda vuelta. Esta experiencia genera preocupación en el Centro Democrático, donde muchos esperaban que la exposición mediática de Valencia y Oviedo se tradujera en mejores posiciones en las encuestas.
La estrategia del voto útil
Todas las encuestas coinciden en un dato revelador: la suma de votos de De la Espriella y Valencia supera el 36% de Cepeda, pudiendo alcanzar conjuntamente más del 40%. Sin embargo, es crucial comprender que nada garantiza que los votantes de un candidato opositor migren automáticamente hacia el otro si este logra pasar a segunda vuelta.
Frente a la pregunta recurrente de '¿Por quién debo votar?' que recibo constantemente de lectores y asistentes a mis conferencias, evito hacer recomendaciones directas. En cambio, comparto mi estrategia personal: votaré en primera vuelta por el candidato que se mantenga en segundo lugar detrás de Cepeda, porque mientras más votos obtenga este aspirante en la primera ronda, mejor posicionado estará para derrotar al candidato izquierdista en la segunda vuelta.
Este objetivo trasciende las preferencias personales: se trata de una cuestión de vida o muerte para la democracia colombiana, donde la concentración del voto opositor se convierte en imperativo estratégico. La reflexión de Semana Santa debe orientarse hacia este cálculo político fundamental, alejándose de ilusiones matemáticamente imposibles y enfocándose en la realidad concreta de las cifras y las tendencias electorales.



