Las 'Tigresas de la Patria': entre la teatralidad política y la identidad femenina en campaña
Tigresas de la Patria: teatralidad política e identidad femenina

Las 'Tigresas de la Patria': entre la teatralidad política y la identidad femenina en campaña

Recientemente conocí a las 'Tigresas de la Patria' a través de una estudiante que cubría periodísticamente una de sus reuniones. Se trata de un grupo de mujeres que se autodenominan así y son seguidoras del candidato Abelardo de la Espriella. Al investigar, encontré un video oficial del candidato en Facebook, grabado durante un encuentro en Chía, Cundinamarca.

El performance político de las seguidoras

En el material audiovisual, se observa primero a De la Espriella en una tarima realizando su característico saludo militar. Luego aparecen varias mujeres expresando su apoyo:

  • Una con gran energía afirma: "que habla claro, que no dice mentiras, y pues aprovecho para decirle que Zipaquirá está con él".
  • Otra con tono más serio comenta: "como él lo dice, el ejemplo arrasa, y qué más que es un ejemplo de hombre de familia, de padre y de esposo, y eso es fundamental en toda la sociedad".
  • Una tercera cierra con: "tiene mucho corazón, firme por la patria", acompañando sus palabras con el mismo saludo militar.

Más que inaugurar una tendencia novedosa, estas mujeres encarnan patrones que ya venían consolidándose en el panorama político. Parecen emparentadas con las tradwives que se popularizaron en Estados Unidos durante la era Trump, representando una feminidad devota, beata y moral. Mujeres que defienden al "hombre de familia" desde una identidad relacional de protector-protegida.

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Nostalgia por la jerarquía y teatralidad del poder

En este performance político existe una nostalgia por la jerarquía, una evocación de estructuras sociales donde cada individuo ocupa un lugar definido, generando una sensación de tranquilidad mediante esa claridad. Se trata especialmente de representar virtud en público -rezar, moralizar, custodiar- como forma de participación política que funciona simultáneamente como identidad y teatro.

Al escuchar que se llamaban "tigresas", inevitablemente vino a la mente La Tigresa del Oriente, la cantante peruana Judith Bustos, famosa por su éxito "Un nuevo amanecer". Bustos irrumpía con una pedagogía moral casi elemental: "aprovecha para ser feliz", "domina tu orgullo", "no seas egoísta", envuelta en una estética exuberante de estampados felinos y coreografías llamativas. Incluso llamaba a sus seguidores "tigrillos", estableciendo una dinámica de comunidad identitaria similar a la de la política contemporánea.

Dos tigresas, dos estrategias de identidad

La diferencia fundamental radica en que la tigresa pop exagera para existir mientras que la tigresa patriótica se contiene para pertenecer, pero ambas siguen a su tigre. La primera genera su identidad desde la hipérbole: maquillaje excesivo, estampados llamativos, canciones moralizantes convertidas en espectáculo. Su estética no busca respetabilidad convencional, sino presencia impactante.

La segunda, en cambio, no exagera su singularidad sino su adhesión. Su gesto político no es la extravagancia sino la confirmación de la virtud exhibida, la identificación con un orden que promete protección. Si la tigresa pop se produce a sí misma, la tigresa patriótica se inscribe en una narrativa ya disponible.

La dramaturgia del poder como espectáculo

Ambas coinciden en la figura que las convoca: la grandilocuencia, la teatralidad, la masculinidad escenificada como espectáculo. Quizás la fascinación no radique tanto en el orden que se promete, sino en la dramaturgia del poder que lo encarna.

Las Tigresas de la Patria siguen a su tigre, Abelardo, y a su estética del exceso: estilo kitsch, fedora, barba delineada, pelo engominado, incluso su paso por la ópera, que no es mero ornamento sino parte constitutiva de su autoridad. En este contexto, el exceso no es accesorio; construye autoridad, codifica jerarquías y moviliza afectos. Funciona como un lenguaje que traduce poder en espectáculo, creando una conexión emocional con sus seguidoras que trasciende lo meramente político.

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Este fenómeno revela cómo en la política contemporánea colombiana, la identidad femenina se construye a menudo en relación con figuras masculinas carismáticas, utilizando la teatralidad y la performance como herramientas de participación y pertenencia política.