La Trashumancia Partidista: Una Práctica que Socava la Democracia Colombiana
La campaña política actual está revelando una triste realidad: para muchos precandidatos, la política se ha convertido en una fuente de enriquecimiento personal más que en un servicio público genuino. La reposición por cada voto válido en las consultas presidenciales asciende a $8.287, cifra que se transforma en sumas astronómicas para aquellos candidatos que logran alta votación, incluso cuando nunca alcanzan las altas dignidades del Gobierno.
Políticos Profesionales: Cambiando de Camisa Partidista
Impacta profundamente la llamada 'trashumancia partidista' de ciertos personajes que constantemente buscan 'la sombra que mejor los cobije', aquella que ofrezca los mayores réditos en la repartición del poder y posiblemente de la riqueza pública. Estos políticos profesionales cambian de partido con la misma facilidad con que cambian de camisa, demostrando que no les importa el país ni el bienestar de los ciudadanos, sino únicamente su beneficio económico personal.
Estos actores emplean discursos repetitivos colmados de promesas incumplidas que nadie les reclama, hablan mal de sus oponentes, establecen pactos amañados e ilusionan especialmente a los menos favorecidos con falsas promesas de igualdad social. Su único objetivo es mantenerse en la órbita del poder para seguir disfrutando de sus beneficios.
Sin Ideología, Solo Oportunismo
En esta trashumancia partidista no se respeta ninguna ideología política. Los profesionales del oportunismo siempre buscan un partido que les permita 'aterrizar' sin grandes explicaciones, solo acordando jugosos compromisos futuros. Cuando les cierran las puertas de un partido, sin vergüenza alguna, se las ingenian para que otra colectividad los reciba o promueven la inclusión de un familiar o aliado político en su reemplazo, asegurándose así de continuar disfrutando de las mieles del poder.
Esta práctica constituye una burla directa a los electores que ofrecen voluntariamente su voto, incluso a aquellos a quienes les compran la conciencia 'con sancocho o con billete', y se convierte en una ofensa grave a la política colombiana. Mientras tanto, estos profesionales siguen ordeñando constantemente nuestros impuestos.
Riesgos Electorales y Manipulación del Poder
Según reflexiones de la Comisión de Observación Electoral, para las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales existen 170 municipios en riesgo, ya sea por posible fraude o por acciones de violencia, de los cuales 81 son considerados en riesgo extremo. Colombia requiere urgentemente elecciones libres y transparentes, sin presión de las armas, sin compra de votos, sin empleo de 'las bodegas' para amenazar o mentir, y sin manipulación de actas o resultados.
La democracia peligra seriamente cuando se instrumentaliza el poder de manera irresponsable, utilizando las facultades que otorga un cargo, empleando recursos o instituciones del Estado como herramientas para fines personales, beneficios políticos o objetivos ilegítimos. Esto implica manipulación descarada de normas, leyes y personas para lograr objetivos particulares, situación que parece haberse dado con frecuencia inusitada en los alrededores del actual Gobierno.
Interpretaciones Amañadas y Golpes a la Democracia
Este momento preelectoral nos permite abordar un tema complejo: la errada interpretación que muchos políticos y sus séquitos dan a las normas para acondicionarlas a sus intereses, olvidando que los partidos no pueden estar por encima de la ley. Los razonamientos no pueden ser amañados para favorecer deseos de políticos específicos o ideologías partidistas.
Las interpretaciones de la ley no pueden manipularse para beneficiar a personajes o ideologías políticas particulares. No se puede jugar con los colombianos como ocurrió con el plebiscito por los acuerdos de paz, donde para validarlos se dio lo que muchos consideran un golpe de Estado institucional.
El Poder del Voto Ciudadano
La mejor forma de castigar la trashumancia partidista es negándoles los votos a quienes permanentemente cambian de partido, no por convicción ideológica, sino por puro beneficio personal. Que ningún colombiano se quede sin votar, ni para las elecciones parlamentarias y mucho menos para las presidenciales.
Todos debemos acudir a las urnas para defender la democracia y las libertades, ejerciendo nuestro derecho con conciencia y rechazando a aquellos políticos que ven en la actividad pública solo una oportunidad de enriquecimiento personal. El voto informado y crítico es la herramienta más poderosa que tienen los ciudadanos para limpiar la política colombiana de oportunistas y trashumantes partidistas.



