La propuesta de Vladdo: 'satispensar' como antídoto contra el voto emocional
En vísperas de las elecciones de 2026, el reconocido columnista Vladdo ha lanzado una propuesta lingüística y cívica que busca transformar la manera en que los colombianos ejercen su derecho al voto. El término "satispensar" –un neologismo que combina "suficiente" y "pensar"– emerge como un llamado urgente a abandonar la pereza mental que caracteriza muchas decisiones electorales.
La crisis del pensamiento crítico en democracia
Vladdo describe con crudeza cómo muchos ciudadanos toman decisiones políticas con la misma ligereza con que eligen un sabor de helado. Las encuestas, el miedo al qué dirán y la necesidad psicológica de estar del lado del ganador empujan a votar por reflejo más que por convicción. Esta dinámica, según el columnista, ha convertido el proceso electoral en un ejercicio de inercia emocional donde otros piensan por el votante.
"Satispensar no es pensar demasiado, sino lo necesario para no elegir a ciegas", explica Vladdo en su columna. Se trata de un acto de responsabilidad mínima que todo ciudadano debería ejercer antes de depositar su voto, especialmente cuando está en juego el futuro del país.
Las trampas del discurso político contemporáneo
El análisis de Vladdo profundiza en cómo las campañas políticas modernas están diseñadas precisamente para evitar ese esfuerzo mental. "Nos quieren poner a escoger entre dos sustos", señala, refiriéndose a la falsa dicotomía entre continuar por el despeñadero de la inseguridad y corrupción, o apostar por una mano dura que podría sacrificar libertades fundamentales.
Esta estrategia, según el columnista, busca obligar a los ciudadanos a votar "en contra de" alguien en lugar de "a favor de" proyectos serios y propuestas sensatas. La política se convierte así en una trifulca visceral donde detenerse a reflexionar parece sospechoso, casi un acto de traición.
El Congreso: garante o sepulturero de la democracia
Vladdo extiende su llamado al "satispensar" más allá de la elección presidencial, destacando la importancia crucial del Congreso. "Buena parte del futuro proyecto de país va a depender de los congresistas, que pueden ser garantes de la democracia o sepultureros de la Constitución", advierte.
El columnista cita una entrevista reciente con el ensayista Carlos Granés, quien hablaba de liderazgos que ofrecen identidad antes que resultados, épica antes que instituciones. En sociedades desiguales, reconoce Vladdo, la emoción frecuentemente desplaza al criterio, y sentirse reivindicado simbólicamente parece dar más réditos que ver funcionar un hospital o una carretera.
"El problema es que los símbolos no salvan vidas ni pavimentan vías", sentencia con realismo el columnista.
Requisitos para un voto consciente
Para Vladdo, "satispensar" exige tres elementos cada vez más escasos en el debate público:
- Tiempo para analizar más allá de los titulares
- Duda saludable frente a las certezas absolutas
- Disciplina mental para resistir el afán y la simplificación
El votante ideal para cualquier populismo –ya sea de izquierda o de derecha– es precisamente aquel que siente mucho y analiza poco, que reacciona rápido y no verifica nunca. Contra esta figura, Vladdo propone al ciudadano que "satispensa".
Lecciones históricas y responsabilidad cívica
En un momento particularmente significativo –el Miércoles de Ceniza, tradicionalmente dedicado al examen de conciencia–, Vladdo sugiere extender esta reflexión a la conciencia electoral. Recuerda el ejemplo histórico de Poncio Pilatos, cuando la multitud eligió a Barrabás sobre Jesús basándose en la popularidad momentánea.
"El candidato más popular ganó sobrado aquella encuesta histórica. Y ya sabemos cómo terminó el asunto...", reflexiona el columnista, estableciendo un paralelo con las dinámicas políticas contemporáneas.
Vladdo concluye reconociendo que "satispensar" no garantiza acertar en la elección. Sin embargo, negarse a hacerlo –votar a la ligera por pura comodidad– representa más que un error: es una manera bastante masoquista, por no decir cínica, de ejercer la democracia. El futuro del país, sugiere, podría depender de cuántos colombianos decidan incorporar este verbo urgente a su vocabulario cívico antes de 2026.



