Vergonzoso espectáculo en el Concejo de Bucaramanga
La mañana del sábado se convirtió en un bochornoso capítulo para la democracia santandereana cuando la sesión del Concejo de Bucaramanga, convocada para debatir el proyecto de acuerdo que autorizaría un multimillonario crédito solicitado por el alcalde, degeneró en un caos total que obligó a suspender las deliberaciones.
Un episodio que mancha la institucionalidad
Sobre lo ocurrido durante esa sesión se ha escrito y comentado abundantemente, pero todos los calificativos convergen en una sola palabra: vergonzoso. La responsabilidad de este lamentable espectáculo debe repartirse por igual entre todos los participantes.
Los concejales demostraron más interés en exaltar los ánimos que en debatir con altura; el presidente del Concejo mostró incapacidad para garantizar el desarrollo ordenado del debate; y los ciudadanos presentes en las barras exhibieron una total falta de comportamiento y respeto hacia el recinto que debería ser el templo sagrado de la democracia local.
Agresiones, insultos y un receso inexplicable
Durante la sesión se registraron agresiones verbales, insultos, provocaciones y arengas desde todas las bancadas. El clima se caldeó tanto que finalmente se decidió levantar la sesión por falta de garantías, precisamente aquellas que el presidente del Concejo está obligado a brindar.
El detonante fue un intempestivo receso que se extendió por más de tres horas sin que nadie explicara su razón a los presentes en el recinto ni a quienes seguían el debate a través de canales digitales. Posteriormente se supo que obedecía a unas recusaciones, pero la falta de transparencia en la comunicación ya había hecho mella en la confianza del proceso.
Desconocimiento flagrante del reglamento
Lo que quedó en evidencia durante este penoso episodio fue el desconocimiento generalizado del Reglamento Interno del Concejo, documento que suele interpretarse con alarmante laxitud y acomodo según convenga a los intereses del momento.
Las responsabilidades son claras: el presidente debe presidir las plenarias y hacer cumplir el reglamento; los concejales deben acatarlo y mantener la compostura propia de su cargo; y los ciudadanos en las barras deben comportarse adecuadamente, sabiendo que si hacen desorden, el presidente tiene facultades para desalojarlas.
Propuesta inconstitucional y abuso de nombres
Como consecuencia de lo ocurrido, ya circulan voces que proponen realizar futuros debates sin presencia de público. Esta sería una decisión inconstitucional por arbitraria y desproporcionada, que podría generar más problemas de los que pretende resolver.
Al margen de la discusión principal, el autor sugiere irónicamente que, dado que está de moda cambiar nombres a bienes públicos, deberían rebautizar el salón de plenarias con uno que refleje lo que realmente sucede en los debates. La referencia a Luis Carlos Galán como posible nombre para el recinto resulta particularmente dolorosa ante tanto abuso a la dignidad política.
Lo ocurrido el sábado en el Concejo de Bucaramanga demuestra que aquello del "Templo Sagrado de la Democracia" sigue siendo solo una frase vacía, mientras la realidad muestra una guachafita institucional que deja en evidencia las profundas carencias en la cultura política local.



