Colombia en llamas: la urgencia de una coalición amplia para salvar al país en 2026
Imagine que su hogar está siendo consumido por las llamas. Un grupo de pirómanos ha irrumpido por la fuerza, ha rociado gasolina sobre sus pertenencias y, en este mismo instante, juega con fósforos en la sala mientras pronuncia discursos sobre la "redistribución de la riqueza". De repente, su vecino llega corriendo con un balde de agua y una manguera. Ante semejante emergencia, ¿usted lo detendría en la puerta para interrogarlo sobre su posición respecto a la marihuana? Por supuesto que no. Usted sumaría fuerzas de inmediato para apagar el incendio.
La casa que arde: Colombia bajo el actual gobierno
Colombia es hoy esa casa en llamas. Y quienes nos gobiernan actúan como los pirómanos. Nos enfrentamos a fanáticos convencidos de unas ideas que han dejado más de 100 millones de muertos, la mayoría por hambre, y han sumido a naciones enteras en la miseria más absoluta.
En la actualidad, Colombia arde en manos de un gobierno que:
- Asfixia la inversión privada con regulaciones excesivas
- Destruye progresivamente el sistema de salud
- Entrega el territorio nacional a los grupos criminales
- Dispara los índices de informalidad laboral
- Promueve abiertamente el modelo económico que arruinó a Venezuela
Bajo el disfraz engañoso de la "justicia social", este gobierno avanza en un saqueo legalizado de dimensiones históricas. Llenan sus bolsillos mientras someten a los colombianos con:
- Impuestos confiscatorios que estrangulan la economía
- Regulaciones asfixiantes que matan el emprendimiento
- Una narrativa de odio que divide a la sociedad
2026: no una opción política, sino un imperativo de supervivencia
Frente a esta amenaza existencial, sacar a estos irresponsables del poder en las elecciones de 2026 no representa una simple opción política entre varias; constituye un imperativo de supervivencia nacional. Si les concedemos cuatro años adicionales en el gobierno, la destrucción institucional y económica será de tal magnitud que no quedará casa alguna por reconstruir.
Para derrotarlos electoralmente, necesitamos un triunfo masivo, aplastante e innegable. Esta victoria no se logrará desde un nicho de puristas aislados. Exige pragmatismo táctico de primer orden. Nos obliga a construir un consenso amplio que reúna tanto a la firmeza que defiende la institucionalidad y los valores democráticos como al rigor técnico y moderado que comprende las cifras económicas y las complejas realidades urbanas del país. Necesitamos a todos los colombianos dispuestos a cargar un balde de agua.
La diferencia crucial: táctica electoral versus principios de gobierno
En este mismo espacio he escrito, y lo sostengo con firmeza, que la libertad no se negocia. Ceder pequeñas porciones de libertad bajo la excusa engañosa de la moderación equivale a alimentar al cocodrilo esperando que nos coma de últimos. ¿Representa esto una contradicción? En lo absoluto. Y resulta vital que comprendamos la diferencia fundamental entre la táctica electoral y los principios de gobierno.
Construir una coalición amplia para ganar en 2026 constituye la táctica necesaria para arrebatarle los fósforos al pirómano. Pero, una vez apagado el incendio, los planos para reconstruir la casa no se negocian. No podemos sentarnos a diluir nuestras convicciones fundamentales para dejar contentos a los tibios. Aliarnos estratégicamente para ganar las elecciones no significa abandonar nuestras ideas; significa asegurar que exista un país donde esas ideas puedan florecer libremente.
Límites claros: ni un milímetro de concesión al estatismo
Pero que quede absolutamente claro: a quienes lleguen al poder gracias a este gran consenso nacional, no les cederemos ni un milímetro en la exigencia del modelo económico que debe regir a Colombia. No aceptaremos versiones "light" del estatismo. No validaremos la idea falsa de que el Estado representa el motor del desarrollo.
Quien asuma la monumental tarea de reconstruir el país deberá entender que necesitamos un capitalismo de libre mercado sin complejos. Exigiremos de manera inflexible:
- Una reducción drástica del tamaño del Estado
- La eliminación total de regulaciones inútiles y asfixiantes
- El respeto absoluto por la propiedad privada
Porque de nada sirve unirnos todos para salvar la casa si, una vez dentro, vamos a seguir viviendo como esclavos del Estado omnipresente. Hagamos las sumas necesarias para ganar hoy, pero no restemos ni un milímetro de libertad mañana.



