Colombia: ¿Independencia formal o subordinación neocolonial en América Latina?
La intervención en Venezuela, la visita del presidente Gustavo Petro a la Casa Blanca y la persecución a los narcotraficantes en México son episodios que mantienen una relación directa con el papel dominante de Estados Unidos en el continente y en el mundo. En ese contexto, y a punto de renovar el Congreso de la República, surge una pregunta crucial: ¿qué tan independiente es realmente nuestro país? Para responder, es valioso recordar al expresidente de Ghana Kwame Nkrumah y su obra “Neocolonialismo, última etapa del imperialismo”, donde señala: “La esencia del neocolonialismo es que el Estado que la padece es, en teoría, independiente y tiene todos los adornos externos de la soberanía internacional. En realidad, su sistema económico y, con ello, su política son dirigidos desde fuera”. Esto, sin renunciar al uso de la fuerza cuando lo consideran necesario, como se ha visto en Venezuela.
La realidad colombiana: forma versus fondo
Teniendo en cuenta lo anterior, Colombia se presenta como independiente en la forma pero subordinada en el fondo. Aunque se realizan elecciones democráticas, el país se “dirige desde afuera” mediante instrumentos clave como:
- La deuda pública
- Los tratados de libre comercio (TLC)
- Las recomendaciones de organismos internacionales
Esto ocurre con la anuencia de los gobiernos nacionales, incluido el actual, lo que plantea serias dudas sobre la autonomía real de la nación.
Datos contundentes: el peso de la deuda pública
El enorme incremento de la deuda pública es una prueba elocuente de esta dinámica. En los últimos 20 años, la deuda ha aumentado un 893%, casi nueve veces, mientras que el salario mínimo ha crecido solo un 249%, equivalente a 2.5 veces. Durante el gobierno del presidente Petro, esa deuda pasó de 805 billones de pesos a 1.200 billones, lo que representa un salto de 16 a 24 millones de pesos por habitante. Estas cifras revelan una dependencia financiera creciente que limita la capacidad de acción del Estado.
El TLC: otro ejemplo de neocolonialismo
El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es otro claro ejemplo de esta relación asimétrica. Mientras representa un gran negocio para EE.UU., ha resultado pésimo para Colombia. Solo en 2025, se registró un déficit en la balanza comercial de 2.000 millones de dólares, evidenciando los desequilibrios económicos que genera este acuerdo.
Mecanismos de control económico
Las reformas tributarias y el aumento del 46% en el precio de la gasolina también funcionan como mecanismos de control de la economía, necesarios para cubrir la deuda y los déficits comerciales y de capitales. Estas medidas, aunque presentadas como necesarias, refuerzan la subordinación a intereses externos.
La visión de Francisco Mosquera y la unidad nacional
Ante la llegada del neoliberalismo, el pensador Francisco Mosquera avizoró que el país tendría que: “Entrelazar las querellas de gremios productivos, de los sindicatos obreros, de las masas campesinas, de las comunidades indígenas, de las agrupaciones de intelectuales, estudiantes y artistas, sin excluir al clero consecuente ni a los estamentos patrióticos de las Fuerzas Armadas, de manera que, gracias a la unión, los pleitos desarticulados converjan en un gran pleito nacional”. Ese gran pleito nacional no es otro que defender la soberanía frente a las presiones externas.
Un llamado a la acción: la defensa de la soberanía en las urnas
En este contexto, la defensa de la soberanía se convierte en una prioridad urgente. El próximo domingo, muchos ciudadanos pedirán el tarjetón rosado de la circunscripción especial indígena y votarán al Senado por “Chucho” Guevara, destacado dirigente cafetero, el #202 del Movimiento Agrario e Indígena por la Soberanía. Esta es la única lista del país que tiene como prioridad la defensa de la soberanía, un paso indispensable para iniciar la urgente reconstrucción de la patria y recuperar la autonomía real de Colombia.



