Contraloría expone graves deficiencias en ejecución de Emergencia Económica
La declaratoria de Emergencia Económica, Social y Ecológica se encuentra nuevamente en el centro del debate fiscal tras las contundentes advertencias emitidas por la Contraloría General de la República. El organismo de control identificó vacíos sustanciales en la estructuración, articulación y ejecución de los decretos expedidos por el Gobierno Nacional, un pronunciamiento que adquiere especial relevancia debido al volumen monumental de recursos comprometidos y las serias dudas sobre la capacidad institucional para administrarlos adecuadamente.
Riesgos en recaudo de $8,68 billones
Tras revisar exhaustivamente los 18 decretos emitidos en el marco del Decreto 0150 de 2026, la Contraloría instó al Gobierno a revisar y aplicar correctamente los criterios y alcances definidos en la Ley 1523 de 2012, norma que rige el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. Esta advertencia apunta directamente a las bases técnicas y normativas sobre las cuales se está ejecutando la respuesta a la emergencia, cuestionando sus fundamentos jurídicos.
Uno de los puntos que genera mayor tensión fiscal es el recaudo de nuevos impuestos, con los cuales se espera obtener hasta $8,68 billones. Frente a esta ambiciosa meta, la Contraloría señaló que el Gobierno tiene la obligación ineludible de garantizar "el recaudo adecuado y oportuno de estos recursos y su debida destinación y uso exclusivo" para atender la emergencia, colocando bajo estricto escrutinio la capacidad operativa real del Estado colombiano.
Dudas sobre capacidad ejecutora
En este frente crítico, el organismo subrayó la necesidad urgente de fortalecer la capacidad de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) y los mecanismos de control fiscal, especialmente en lo relacionado con el impuesto al patrimonio y los tributos sobre juegos de suerte y azar en línea. Esta advertencia no es menor si se considera que la eficacia del recaudo será determinante para sostener la respuesta fiscal sin generar nuevas presiones insostenibles sobre las ya tensionadas finanzas públicas del país.
Paralelamente al recaudo, la ejecución efectiva de los recursos aparece como uno de los principales focos de incertidumbre institucional. La Contraloría fue enfática al señalar que ampliar facultades de contratación o disponer de mayores recursos no garantiza resultados positivos si las entidades responsables no mejoran sustancialmente su gestión operativa y administrativa.
Preocupaciones sobre reorientación de recursos
Esta preocupación se amplifica considerablemente cuando se revisa la polémica decisión de reorientar recursos de programas en curso para atender la emergencia. Según la entidad de control, esta medida podría generar impactos negativos significativos en la financiación, ejecución y continuidad de proyectos de desarrollo, por lo que insistió en que se debe actuar con rigor jurídico y técnico excepcional, definiendo además la forma concreta y oportunidad específica en que dichos recursos serán reembolsados a sus destinos originales.
El rol de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) también quedó bajo la lupa de la Contraloría, luego de que el organismo señalara que el traslado de recursos provenientes del sector eléctrico a esta entidad debería ser revisado minuciosamente. La advertencia específica indica que la UNGRD "no tiene la experticia ni estructura organizacional" necesaria para gestionar obras de alta complejidad técnica, lo que introduce serias dudas sobre la eficiencia en la ejecución de estos recursos estratégicos.
Alertas en sector energético y social
En paralelo, el ente de control alertó sobre riesgos considerables en el sector energético nacional, derivados de posibles decisiones apresuradas que modifiquen la operación de los embalses hidroeléctricos sin el debido sustento técnico y científico. Según indicó la Contraloría, esto podría generar incumplimientos contractuales graves, afectar componentes tarifarios esenciales y deteriorar irreversiblemente la confianza inversionista en un sector considerado estratégico para la economía colombiana.
Las alertas de control también se extienden al frente social de la emergencia, particularmente en la delicada asignación de ayudas extraordinarias a la población afectada. En este punto crítico, la Contraloría hizo un llamado contundente a fortalecer los mecanismos de focalización, verificación y depuración de la información, con el fin concreto de evitar errores en la identificación de beneficiarios, duplicidades en las transferencias económicas e inconsistencias en los registros oficiales de los hogares afectados por la emergencia.
Control fiscal preventivo y concomitante
En este contexto de múltiples alertas, el organismo anunció que solicitará formalmente al Ministerio de Hacienda, a la UNGRD y a los demás ministerios involucrados los soportes documentales que justifiquen la necesidad real de recaudar los $8,68 billones y la forma específica en que estos recursos monumentales serán distribuidos entre las entidades y territorios beneficiarios, lo que anticipa un control fiscal más estricto y exhaustivo sobre toda la operación de emergencia.
Más allá de los puntos específicos identificados, la Contraloría reiteró una advertencia de fondo fundamental: el país sigue en mora de aplicar correctamente los mecanismos de gestión del riesgo establecidos en la Ley 1523 de 2012. El organismo recordó que esta política se basa en tres pilares interdependientes esenciales: conocimiento científico, reducción efectiva y manejo adecuado del riesgo; pilares que, en la práctica operativa actual, no se estarían ejecutando de manera integral y coordinada.
Finalmente, la entidad confirmó que ejercerá vigilancia y control fiscal de manera preventiva y concomitante permanente, con el objetivo primordial de salvaguardar el patrimonio público nacional. La Contraloría reiteró que en un escenario donde los recursos son cuantiosos y las necesidades urgentes, el foco crítico ya no está solo en cuánto se recauda, sino en la capacidad real y demostrable del Estado colombiano para ejecutar bien, a tiempo y con impacto social positivo y medible.



