Delirio de una Colombia ideal: La cruda realidad que despierta tras un sueño político
Anoche tuve un sueño. Un sueño vívido y esperanzador donde Colombia recuperaba la cordura y establecía un gran pacto social y económico. En este mundo onírico, el país decidía poner un alto a la confrontación constante, creando un entorno feliz y casi coherente. Yo, en mi ingenuidad, llegué a creer que era posible.
Un pacto contra la corrupción y por la ética
En este sueño utópico, se decidía una lucha frontal contra la corrupción tanto a nivel nacional como en los territorios. Inspirados en el espíritu de "todos a una, como en Fuenteovejuna", los colombianos establecían que los principios y la ética primarían sobre cualquier consideración política o económica. La clase política rentista desaparecía completamente del panorama nacional, siendo reemplazada por funcionarios probos, íntegros y sin tacha alguna en su historial.
Reforma agraria y desarrollo sostenible
Este acuerdo histórico finalmente encaminaba hacia la materialización de una verdadera reforma agraria. Los terratenientes y actores de violencia en el campo decidían entregar voluntariamente los baldíos de la nación que habían acumulado indebidamente. Aunque existieran inversionistas de buena fe, se priorizaba la reparación a las verdaderas víctimas del conflicto.
Los recursos recuperados mediante el acuerdo anticorrupción se invertían en una alianza estratégica entre el Estado, las comunidades locales y los grandes inversionistas. Esta colaboración se orientaba hacia modelos de desarrollo sostenible en el campo, asegurando la soberanía alimentaria y procesos de inserción en la economía internacional que harían palidecer las exportaciones tradicionales del país.
Reforma tributaria progresiva y reducción de desigualdad
Con los grandes empresarios y el sector financiero, se aceptaba apoyar en el Congreso una gran reforma tributaria progresiva. Se pactaba por cinco años una disminución del 20% en la participación de las utilidades dentro del ingreso nacional, con el objetivo claro de reducir el coeficiente de Gini al 30%. Los más ricos seguirían siendo ricos, temporalmente ganarían menos, pero en el mediano plazo crecerían sus ventas y utilidades en un mundo significativamente menos desigual.
Paz como resultado de logros, no de armas
La tan anhelada paz se convertiría en el resultado natural de los logros del Acuerdo, no producto de fusiles, bombardeos o el silencio ominoso de los sepulcros. Los territorios más ricos transferirían voluntariamente parte de su riqueza a los más pobres, evolucionando hacia un concepto real de nación y asegurando paulatinamente la convergencia económica y social.
Políticas de inversión y desarrollo tecnológico
Se concertaba una política coherente respecto a la inversión extranjera y la educación. Se comprendía que nuestras ventajas comparativas en transición energética podrían conducir a un círculo virtuoso mediante una agenda de negociación con el mundo. Esto permitiría desarrollar proyectos que incorporarían:
- Desarrollo científico avanzado
- Progreso técnico significativo
- Innovación constante
- Capacitación humana especializada
Estos elementos nos permitirían evolucionar hacia la creación de ventajas competitivas y dar un paso adelante en el desarrollo nacional.
Fortalecimiento estatal y desarrollo territorial
Los territorios reivindicarían sus vocaciones productivas naturales, mientras el Estado dedicaba sus recursos a fortalecer la formación de capital físico y humano. El Grupo Bicentenario se transformaba en un gran banco de desarrollo y financiamiento, ofreciendo tasas de interés que implicarían la recuperación de sus recursos para crear un capital circulante que permitiera su reinversión en otros sectores prioritarios.
Combate a oligopolios y protección ciudadana
El Estado cumpliría rigurosamente su labor de combatir los oligopolios, asegurando que nadie pudiera cooptar la oferta de sectores que deberían satisfacer derechos fundamentales como salud, educación y servicios públicos. Se garantizaría que jamás se volviera a someter a la ciudadanía a prácticas de abuso de precios derivadas de posiciones dominantes en el mercado.
Integración fronteriza y ciudadanía binacional
En las fronteras con Ecuador y Venezuela, se lograba finalmente una liberación de los factores productivos y se establecía una ciudadanía binacional como plataforma hacia el mundo, libre de los devaneos proteccionistas de los gobernantes de turno. Nunca más se repetirían las fronteras cerradas que solo causaron miseria y destrucción en el pasado.
El despertar a la cruda realidad
Desafortunadamente, desperté con una sonrisa que se borró rápidamente de mi rostro al escuchar en la radio los dicterios y descalificaciones diarias de una clase política cada vez más indolente, más ciega, más violenta y más mediocre. La brecha entre el sueño y la realidad resultaba abismal. No fue un sueño, fue un delirio. Un delirio que contrasta dolorosamente con la actualidad política colombiana, donde la confrontación parece primar sobre la construcción colectiva y donde los intereses particulares frecuentemente superan al bien común.



