Análisis: La democracia colombiana y el desafío populista en tiempos de polarización
Democracia colombiana y desafío populista en polarización

La democracia colombiana frente al desafío populista

La democracia en Colombia ha mantenido históricamente un carácter precario, principalmente por su incapacidad para consolidar una auténtica comunidad política donde todos los ciudadanos puedan reconocerse mutuamente como parte de un mismo proyecto nacional. Esta fragilidad estructural se manifiesta en diversos aspectos de la vida política del país, generando tensiones constantes que dificultan la construcción de consensos básicos.

La paradoja de la aprobación presidencial

Resulta particularmente llamativo que un gobierno tan cuestionado como el de Gustavo Petro presente, en las postrimerías de su mandato, una aprobación del 50,2% según el Centro Nacional de Consultoría. Este dato contrasta marcadamente con los niveles de reconocimiento de la mayoría de presidentes desde 1994, quienes generalmente han cerrado sus períodos con aprobaciones que oscilan entre el 20% y el 30% como máximo.

La excepción notable fue Álvaro Uribe, quien culminó su gobierno con un extraordinario 80% de aprobación. Esta situación plantea interrogantes fundamentales sobre la evolución de la percepción ciudadana hacia el liderazgo político en Colombia.

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La narrativa que caló en el imaginario colectivo

Como señaló recientemente Humberto de la Calle en El Tiempo, "la narrativa de Petro entró en el disco duro de una parte amplia de los colombianos". Esta observación apunta a un fenómeno significativo: la izquierda política, tradicionalmente relegada a un segundo plano durante el predominio bipartidista liberal-conservador, ha logrado finalmente incorporarse al tejido de lo que constituye la identidad política colombiana.

Han emergido nuevos sectores poblacionales que exigen su reconocimiento en la vida pública, reconfigurando el panorama político nacional de manera sustancial. Este proceso representa un cambio estructural en la composición del espectro político colombiano.

El populismo como fenómeno transversal

Al escuchar las propuestas de los candidatos presidenciales en sus campañas, surge inevitablemente la pregunta sobre qué país imaginan y cómo se conectan con las nuevas realidades que Colombia ha experimentado en la última década. El tema central en este momento histórico es cómo garantizar un país verdaderamente incluyente.

El panorama actual resulta preocupante, pues tanto la derecha como la izquierda parecen entender la inclusión dentro de marcos populistas. No debemos confundir democracia con populismo, aunque superficialmente puedan presentar similitudes.

Democracia versus populismo: diferencias fundamentales

La democracia, según la célebre definición atribuida a Abraham Lincoln en 1863, es "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". En este régimen político, la legitimidad del poder emana directamente de los ciudadanos que participan en la conformación de la autoridad política, no de la fuerza, la tradición o supuestos orígenes divinos.

Desde esta perspectiva, un demócrata genuino podría parecer populista. Sin embargo, la diferencia radica en que todos los movimientos populistas históricos, desde Jorge Eliécer Gaitán hasta Juan Domingo Perón y Hugo Chávez, han construido su discurso creando enemigos internos y externos para el pueblo.

Estos enemigos han variado según las versiones: oligarquías definidas de distintas maneras, las FARC, el 'castro-chavismo', o las 'gentes de bien' según la orientación política. Esta dinámica de "ellos versus nosotros" genera y justifica los odios más profundos, polarizando irremediablemente a la sociedad.

La democracia como espacio de convivencia en la diferencia

La verdadera democracia trasciende esta lógica confrontacional. Representa el espacio donde se despliegan las diferencias y oposiciones, pero siempre dentro de un marco normativo compartido. Sin un "nosotros" que incluya a todos, no es posible construir una comunidad política viable.

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Construir democracia no significa oponer al pueblo contra sus supuestos enemigos, sino establecer acuerdos prácticos entre sectores con visiones del mundo distintas, permitiendo así una convivencia productiva a pesar de las diferencias.

El aporte y las limitaciones del gobierno Petro

La contribución fundamental del gobierno de Gustavo Petro, en contraste con una derecha tradicionalmente no incluyente por principio, ha sido empoderar políticamente a sectores de la población históricamente marginados y excluidos, como ya señalaba Gaitán en su momento.

Precisamente en este empoderamiento radicaría la razón por la cual el mandatario culmina su período con la mitad de la ciudadanía a su favor. Sin embargo, su gran carencia ha sido la incapacidad para convocar un gran acuerdo nacional que incluyera a todos los sectores, incumpliendo así la promesa central de su discurso de posesión en 2022.

El camino hacia una democracia incluyente

La democracia colombiana requiere urgentemente superar su precariedad histórica conformando efectivamente esa comunidad política donde todos nos reconozcamos como parte de una misma "comunidad imaginada" llamada Colombia.

Un nuevo gobierno que aspire a transformar realmente el país debería, en lugar de enfocarse en arrasar o "destripar" al adversario -como prometen casi todos los candidatos actualmente-, priorizar la construcción de espacios simbólicos e institucionales que garanticen nuestra vida colectiva.

Solo así podremos escapar de la polarización excluyente que hoy reina, bloquea nuestro futuro, impide el desarrollo de las diferencias y obstaculiza la solución de los problemas que más afectan a la sociedad colombiana.