Detrás de cada madre hay una mujer que también necesitaba ser abrazada
Detrás de cada madre hay una mujer que necesitaba ser abrazada

El domingo pasado celebramos el Día de la Madre. Las redes sociales se llenaron de fotografías, mensajes emotivos, flores y reuniones familiares. Y mientras observaba todo eso, pensé en algo que rara vez hacemos: casi todos conocemos a nuestra madre en su papel de mamá, pero muy pocos conocemos realmente a la mujer que existía detrás de ese rol.

La historia que no vemos

Con frecuencia juzgamos a nuestras madres desde nuestra comodidad emocional actual, olvidando que ellas también tuvieron una infancia, una historia y heridas que probablemente nunca terminaron de sanar. Nos preguntamos por qué fueron estrictas, distantes, controladoras o emocionalmente frías, pero casi nunca nos detenemos a pensar cómo fueron amadas ellas, qué carencias tuvieron o qué dolores cargaban cuando les tocó criarnos.

Más allá de los errores

A veces es fácil señalar los errores de una madre desde la adultez. Reclamar ausencias, palabras duras o momentos que nos marcaron. Y sí, existen madres que se equivocaron profundamente y relaciones rotas que todavía duelen. Pero, incluso en medio de eso, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿quién sostenía emocionalmente a esa mujer mientras intentaba sostener a todos los demás?

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Madres que criaron desde la fragilidad

Muchas madres criaron desde el miedo, desde el cansancio, desde la ansiedad y desde una soledad que nadie veía. Algunas tuvieron que abandonar sueños, callar dolores y seguir funcionando aun cuando estaban destruidas por dentro. La maternidad muchas veces les exigió convertirse en refugio cuando ellas mismas nunca tuvieron uno.

Comprender con el tiempo

Con los años, uno empieza a comprender que la mayoría de los padres no nos dieron exactamente lo que querían darnos, sino lo que pudieron ofrecer con las herramientas emocionales que tenían. Y quizás madurar también consiste en dejar de mirar a nuestra madre únicamente como “mamá” para empezar a verla como una mujer completa: vulnerable, cansada, fuerte y llena de batallas silenciosas.

El legado de una madre

Porque una madre no solo da la vida. Muchas veces entrega también su juventud, su tranquilidad, sus sueños, su energía y partes enteras de sí misma para que otros puedan crecer. Y aunque el tiempo, los conflictos o la distancia desgasten la relación, hay una verdad difícil de ignorar: gran parte de lo que somos comenzó en las manos de una mujer que, aun rota o cansada, intentó sostenernos de la mejor manera que supo hacerlo.

Antes de juzgar, conocer

Tal vez por eso, antes de juzgar tan rápido a nuestras madres, deberíamos intentar conocer la historia que hubo antes de nosotros. Porque detrás de casi toda madre existe una mujer que también necesitaba ser abrazada.

“Hace un par de semanas experimenté por primera vez el amor en su expresión más pura: un amor que abraza sin condiciones, que protege sin miedo y que sostiene sin pedir nada a cambio. Un amor que simplemente es… y desde ese lugar pude verte y encontrarte.”

Gracias, mamá. Bienvenidos a la clínica del alma.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar