El profesor aristócrata que marcó el pensamiento político de una generación
En octubre de 2019, durante debates sobre desaparecidos del Caguán, el representante Iván Cepeda se acercó al viceministro de Gobierno Aurelio Iragorri Valencia y reveló una conexión familiar poco conocida: "Tenemos algo en común, mi papá me decía que tu tío Álvaro Pío, su profesor en la Universidad del Cauca, lo influyó mucho para convertirlo en comunista".
Un comunista de cuna aristocrática
Álvaro Pío Valencia no era un comunista común. Nacido en la más alta aristocracia caucana, hijo del poeta Guillermo Valencia -quien estuvo a punto de ser presidente en dos ocasiones- y hermano del expresidente Guillermo León Valencia, representaba la "oveja negra" de una familia conservadora de pura sangre.
Su madre, Josefina Muñoz, hija de uno de los hombres más ricos del Cauca cuando esta región abarcaba medio Colombia, murió joven en España. La fortuna familiar provenía de extensas tierras, ganado y negocios que incluían la financiación del Ferrocarril del Pacífico.
La casa familiar en Popayán, situada en una colina cerca del puente del Humilladero, era una mansión del siglo XVII con veinte habitaciones, cuatro salones enormes y tres patios. Allí crecieron los cinco hijos Valencia, alimentados "con cucharita de plata", pero Álvaro Pío terminaría viviendo sus últimos treinta años en un modesto cuarto de la planta baja, como si fuera el vigilante.
El maestro que transformaba mentes
El tío abuelo de Paloma Valencia no solo convirtió al marxista a Manuel Cepeda Vargas, padre del actual senador. Volvió comunistas a muchos estudiantes de Popayán y de otras ciudades que llegaban a estudiar a la ciudad universitaria. Conocía de memoria El Capital, el libro sagrado del marxismo escrito en 1861.
En su humilde habitación -con una cama sencilla, mesa de trabajo, cuatro sillitas de cuerina verde y libros por todas partes- recibía a todo tipo de personas: estudiantes buscando ayuda con tesis, matrimonios en crisis, campesinos sin tierra, maestros en huelga, indígenas perseguidos y hasta personas con pensamientos suicidas.
Ser comunista en los años de la Violencia
En la Popayán de los años cincuenta, ser comunista era "ave rara". El país vivía la época de la violencia entre pájaros y chulavitas tras el asesinato de Gaitán, mientras bullían conflictos con indígenas por la tierra y con comunidades afro por el oro.
A solo dos cuadras del cuarto de Álvaro Pío, atravesando el parque de Caldas, vivía Manuel Cepeda Vargas en otra casona colonial más modesta. La familia Cepeda mantenía el estudio Foto Vargas en la carrera 6.ª, donde doña Mina, madre de Manuel, tomaba fotografías para cédulas, matrimonios y pasaportes con una máquina Nikon de tres lentes.
Un hombre de principios y acción
Álvaro Pío fue alcalde de Popayán en 1943, miembro de la junta directiva de la Unión Patriótica y del Comité permanente por la defensa de los derechos humanos del Partido Comunista. Como concejal promovió mercados en barrios populares, defendió derechos laborales y educación pública.
Profesor de historia, literatura, filosofía, economía y sociología, no solo predicaba sus ideas sino que las practicaba. La herencia que recibió al norte de Popayán, parte de la hacienda Belalcázar, la parceló y vendió a precios por debajo del mercado. Nunca tuvo automóvil, vivía de una pensión y almorzaba corrientazos en pequeños restaurantes.
"Tenía dos vestidos, uno gris y otro azul, cuatro o cinco camisas de botones y dos pares de zapatos. Cuando llegaba a su cuarto se ponía una bata a cuadros color café y gris y sus pantuflas. Leía con una enorme lupa negra y cuadrada", recuerda su sobrino Rodrigo Albán Hubach.
Reuniones familiares y diferencias ideológicas
Paloma Valencia, de niña, iba los domingos a la hacienda Genabra con su padre Ignacio, el tío Pío y otros familiares. En la mesa de los mayores, con manteles y vajilla inglesa, siempre terminaban hablando de política sin ponerse de acuerdo: ultras de derecha e izquierda con alguna tía moderada.
Los niños, en mesa aparte, oían los debates mientras jugaban. La tía Pepa decía: "Déjenlos que están en la edad de la pendejada". Al final tomaban helados de mora de Castilla, lulo y guanábana hechos con nieve del volcán Puracé, se abrazaban y después del debate, nada había pasado.
Legado intelectual y muerte
Álvaro Pío se inscribió oficialmente en el Partido Comunista a los 33 años, solo después de la muerte de su padre, quien decía que sus hijos eran "patos incubados por gallinas y cada uno salió para diferentes lados".
El lunes 18 de junio de 1988, su sobrina Marta Hubach Valencia lo encontró muerto en su habitación, sentado en una de las sillitas de cuerina verde, con su bata a cuadros y la lupa grande en el suelo. Tenía 86 años y de toda la herencia de don Ignacio Muñoz, solo dejó un montón de libros subrayados.
Su pensamiento queda recogido en "Encender una nueva luz", compilación de 325 páginas de sus textos y discursos, parte de la colección Posteris Lumen editada por la Universidad del Cauca para conmemorar sus 200 años.
Como reflexiona Aurelio Iragorri Valencia: "Popayán ha dado diecisiete presidentes de Colombia, siete nacieron en la misma cuadra y diez en el mismo barrio". Y con las actuales circunstancias políticas, bien podrían ser once los mandatarios vinculados a ese mismo entorno geográfico y familiar.



