La generación política que transformó Colombia y luego se desconectó del pueblo
Generación política que transformó Colombia y se desconectó

La generación que transformó Colombia y luego se alejó de la política

Colombia ha experimentado durante las últimas cuatro décadas una transformación profunda en todos los ámbitos: político, económico, social y cultural. Este cambio ha sido impulsado principalmente por nuevos liderazgos que emergieron con fuerza en el panorama nacional, aunque con resultados mixtos en su relación con la ciudadanía.

Una transformación nacional palpable

Todavía no hemos sabido comprender ni valorar completamente la magnitud del cambio que Colombia ha vivido en estos últimos 40 años. A pesar de las limitaciones evidentes, nuestras ciudades se han modernizado significativamente, tanto las grandes metrópolis como los centros urbanos más pequeños. La economía nacional se ha transformado radicalmente, sintonizándose con las dinámicas globales y avanzando al ritmo del mundo contemporáneo.

La sociedad colombiana ha experimentado un desarrollo notable, mostrándose más consciente de su realidad actual, de sus posibilidades futuras y de los problemas que enfrenta. Esta sociedad no permanece estática, ni siquiera ante la adversidad constante. El cambio que hoy observamos cristaliza en medio de una incertidumbre electoral tan significativa que, como señalaría el politólogo Adam Przeworski, se ha convertido en algo esencial para la democracia: representa la única condición que certifica que el poder está realmente en disputa.

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Indicadores del progreso nacional

Existen múltiples datos que nos permiten dimensionar este cambio transformador. Basta considerar los logros deportivos: 36 medallas olímpicas y 95 diplomas (otorgados a quienes ocupan posiciones entre el cuarto y octavo lugar) en los juegos de mayor prestigio mundial. Estas cifras nos ubican como la tercera potencia olímpica de Latinoamérica, después de Cuba (con 219 medallas) y Brasil (con 150), al mismo nivel que México (35) y por encima de Argentina (29).

No podemos olvidar los cientos de deportistas profesionales colombianos que se desempeñan exitosamente en las ligas más importantes del mundo, demostrando el talento y la capacidad competitiva de nuestra nación.

El surgimiento de una nueva generación política

Buena parte de estos avances se debe a una generación política que, durante los últimos 40 años de historia nacional, se abrió paso con determinación. A través del voto limpio, logró derrotar a los partidos tradicionales y sus maquinarias políticas establecidas. Esta generación cambió los lenguajes y las prácticas políticas predominantes, gobernando mientras transformaba la cultura política y administrativa del país.

El proceso comenzó con el Acto Legislativo 01 de 1986, que estableció la elección popular de alcaldes (implementada por primera vez el 13 de marzo de 1988). Con esta reforma, el gobierno de la época buscó abrir el sistema político para acercarlo más al ciudadano común.

Líderes que marcaron el camino

A la luz de esas reformas y de la Constitución de 1991, llegaron a cargos públicos locales y regionales figuras como:

  • Antanas Mockus en Bogotá
  • Álvaro Uribe en Antioquia
  • Antonio Navarro en Pasto
  • Bernardo Hoyos en Barranquilla
  • Rodrigo Guerrero en Cali

Con más éxitos algunos y rotundos fracasos otros, estos líderes abrieron la puerta al cambio político en Colombia. La consistencia de sus actuaciones públicas desató un proceso que no solo desplazó a los parlamentarios de su función tradicional como intermediarios entre los jefes nacionales y los electores en los territorios, sino que también transformó las ciudades y proyectó a los alcaldes como interlocutores válidos del establecimiento, con capacidad para influir en la composición del Congreso o incluso en las elecciones presidenciales.

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La expansión del fenómeno

Afortunadamente, este fenómeno se expandió por todo el territorio nacional. Sacerdotes, académicos, dirigentes cívicos y deportistas comenzaron a desafiar y derrotar, en su propio terreno, a los jefes políticos regionales y nacionales establecidos. Sergio Fajardo en Medellín, Alejandro Char en Barranquilla, Gustavo Petro en Bogotá, Rodolfo Hernández en Bucaramanga y Carlos Caicedo en Santa Marta irrumpieron en la escena política para avanzar en este cambio transformador. Sigue una larga lista de líderes con el mismo propósito de renovación política.

La desconexión con la ciudadanía

Lamentablemente, también se trata de una generación que, lejos de honrar la política como la profesión honorable que debería ser, y de fortalecer los partidos como mecanismos privilegiados que permiten a las sociedades organizarse y tramitar sus diferencias y acuerdos, continuó señalándolos como responsables de todos los males nacionales.

Sus ejecutorias fueron tan importantes que se subieron a sus egos para observar el mundo desde esa perspectiva elevada. Se negaron a la política en su sentido más noble y se desconectaron progresivamente de la gente. Sus proyectos políticos no trascendieron las formas de autocontemplación personal, limitando su impacto y conexión con las necesidades ciudadanas.

Las excepciones que confirmaron la regla

Salvo Álvaro Uribe y Gustavo Petro, quienes comprendieron que se puede sobrevivir y trascender en política mediante la construcción de partidos que permitan una estructura sólida que soporte el proyecto político. Ambos lograron llevar esta comprensión hasta la presidencia de la República. El Centro Democrático y el Pacto Histórico son la evidencia del poder político que pudieron alcanzar quienes, por no bajarse de sus egos personales, no entendieron que la política era el medio fundamental para seguir haciendo más grande al país.

Esta generación que transformó Colombia enfrenta ahora el desafío de reconectarse con las necesidades reales del pueblo o ser superada por nuevas formas de liderazgo más cercanas a la ciudadanía.