Los noticieros han dedicado la totalidad de sus emisiones desde que se conoció el fallecimiento de Germán Vargas Lleras, con toda clase de testimonios sobre su vida política. El exvicepresidente se fue en medio de la trapisonda macondiana, al mejor estilo de los funerales de la mamá grande, a la que ya estamos acostumbrados cuando muere un político, sea cual fuera la causa. Me pregunto si el muerto hubiera sido alguien de la izquierda, ¿el cubrimiento y el tiempo dedicado hubieran sido los mismos? No lo creo.
El doctor Vargas Lleras fue un personaje muy importante en la política colombiana de los últimos 40 años. Hizo de todo: desde ser concejal de Bojacá, Cundinamarca, famoso porque los bogotanos llevan allí su vehículo para ser bendecido, hasta la vicepresidencia de la República. Celebre por sus rabietas, de las que no se escaparon periodistas ni escoltas; un ‘coscorrón’ a uno de ellos le costó la presidencia. Los obituarios lo calificaron como un hombre de carácter recio, para decir eufemísticamente que era un malgeniado sin remedio.
En el ejercicio de mi labor periodística tuve ocasión de visitarlo en su casa para realizar fotos en varias entrevistas. Era un entorno en el que siempre fue una persona muy amable, aún en las circunstancias más difíciles, como cuando un atentado con carta bomba le cobró varios de sus dedos y nos dio una entrevista, ocho días después, al entonces director de la revista Cambio, Mauricio Vargas, y a este servidor. En medio del dolor, el doctor Vargas Lleras se puso una camisa y me pidió que le tomara las fotos únicamente de la cintura para arriba, ya que estaba en pijama. Traté de hacer la sesión de fotos lo más rápido porque lo veía muy adolorido y, sin embargo, se preocupó porque me ofrecieran algo de tomar y porque alguno de sus colaboradores me llevara de regreso a la sede de la revista en el centro de Bogotá.
En otra oportunidad lo visité en la oficina del Congreso cuando era su presidente y recuerdo la fila de políticos de todos los pelambres esperando para hablar con él. Fue un hombre muy poderoso, fue el político por excelencia, para bien y para mal, que se alió con todos los colores y deshizo después esas alianzas según el momento y la conveniencia, como debe ser la política, porque la política intrínsecamente es sucia. El doctor Vargas Lleras tuvo su lado aristotélico, ese que creía que “la política es la más noble de las ciencias porque busca el bien común”, pero también tuvo un lado maquiavélico:
Cinco lecciones de Maquiavelo que Vargas Lleras aplicó
1. “No hay aliados, hay intereses”
Su partido, Cambio Radical, ha sido siempre un partido ‘bisagra’ sin ideología rígida que va al vaivén de las circunstancias políticas. Se alió con Uribe y con él ganó poder burocrático; luego con Santos y su proceso de paz, del que después se alejó y criticó para no cargar con el costo político, y con su propio partido se lanzó a la Presidencia criticando el acuerdo que el gobierno del que hizo parte firmó con las Farc.
2. “Alíate con el más fuerte, pero desconfía”
Aceptó ser vicepresidente de Santos, pero siempre desconfió y nunca le entregó el partido, manteniendo su poder de veto y oposición.
3. “Mejor temido que amado”
Hasta sus últimos días manejó con puño de hierro a Cambio Radical, sancionando y denunciando a quienes se salieran de sus líneas; incluso los denunció en la Corte Suprema.
4. “No dependas de tropas auxiliares”
Vargas Lleras nunca dependió de ningún partido político ni de ningún jefe; construyó sus propias bases y su propia clientela. Tenía su propio ejército.
5. “En política no hay amigos, hay socios”
La mejor prueba fue su funeral, donde todos los jefes políticos sin distingo, incluyendo el Presidente de la República que decretó duelo nacional por un día, reconocieron su liderazgo y su poder, le temieron, lo respetaron y lo quisieron (sus votos). Eso habla de lo que representó Germán Vargas Lleras, un político profesional, tan poderoso que aún fallecido, sigue siendo clave porque deja en pleno proceso electoral un partido político cuyo apoyo se convierte en un valioso botín para las tres candidaturas que se disputan el solio de Bolívar.



