La conspiración de las encuestas: manipulación estadística en Colombia
La conspiración de las encuestas en Colombia

En las democracias modernas, existe un poder que no se nombra abiertamente: el de las encuestadoras convertidas en actores políticos. Estas no se limitan a medir la opinión pública, sino que intentan fabricarla, como advierte Viviane Morales en su columna de opinión.

El problema de las encuestas

La razón de ser de una encuesta es fotografiar la realidad social. Sin embargo, el problema surge cuando esa fotografía es alterada deliberadamente para crear climas políticos artificiales, sembrar miedo y empujar conductas electorales. Los grandes autoritarismos del siglo XX entendieron perfectamente estos mecanismos de manipulación, sustituyendo la deliberación democrática por la sugestión colectiva. Hoy, salvando las proporciones históricas, asistimos a formas más sofisticadas: el bombardeo semanal de encuestas que buscan imponer estados de ánimo y fabricar inevitabilidades políticas.

Morales critica que se pretenda convertir a los colombianos en borregos, en incautos que dejan de pensar por sí mismos y obedecen lo que "dicen las encuestas". El debate, afirma, no es técnico sino profundamente democrático: ¿desde cuándo el destino político de un país debe depender de modelos estadísticos financiados por intereses particulares?

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Antecedentes graves en Colombia

La experiencia colombiana ofrece antecedentes muy graves. El caso más escandaloso ocurrió durante la campaña del plebiscito de 2016 sobre los acuerdos de paz. Invamer reportó que el 67,6 % votaría por el ‘Sí’ y el 32,4 % por el ‘No’. El Centro Nacional de Consultoría pronosticó un 65 % por el ‘Sí’ y un 29 % por el ‘No’. La victoria del ‘No’ demostró claramente la intencionalidad política de esas encuestas, que fallaron por más de treinta puntos porcentuales. Sin embargo, esas mismas firmas continúan pretendiendo moldear el panorama político nacional con encuestas que anuncian escenarios prácticamente imposibles.

Estrategias de manipulación actuales

Así quieren hacer creer que Iván Cepeda podría ganar en primera vuelta. No es una simple proyección estadística: es la construcción deliberada de un relato político. Inflar una candidatura sirve para sembrar miedo, desmoralizar adversarios y alimentar la narrativa de un eventual fraude si la realidad electoral no coincide con sus pronósticos.

Paralelamente, se construye el relato del “voto útil”. El mensaje es claro: “Solo cierta candidatura puede derrotar al coco”. Buscan que los electores voten no por afinidad, sino por temor. Es la política del miedo disfrazada de racionalidad matemática.

Desde hace meses se observa una estrategia sistemática de construcción e intento de destrucción de candidaturas. Se infla a unos, se estanca artificialmente a otros y se producen semanalmente “hechos políticos” a punta de mediciones cuyo rigor es imposible verificar. A comienzos del año pasado empezaron vendiendo las candidaturas de Vicky Dávila y Sergio Fajardo. Para diciembre, ante el fenómeno popular de Abelardo de la Espriella, pretendieron crear la narrativa de que Claudia López venía creciendo y podría ser la tercería que resolviera el duelo Cepeda-Abelardo. Ya sabemos cómo terminó esa candidata en la consulta de marzo. Después de la consulta, empezaron a construir otro relato: Paloma es la única que puede derrotar a Cepeda en segunda vuelta. ¡Contrariando el sentido común, nos vienen a tratar de convencer de que Paloma no es capaz de derrotar a Abelardo en primera, pero es la única capaz de ganarle a Cepeda en segunda vuelta!

Llamado a la libertad de los colombianos

El pueblo colombiano tiene derecho a decidir libremente su destino. Esa libertad comienza por rechazar la manipulación disfrazada de estadística y las percepciones inducidas desde centros de poder político y económico. Por eso el llamado es a la libertad interior de los colombianos: que nadie vote con miedo, que nadie renuncie a pensar, que nadie rinda su conciencia política ante la conspiración de quienes quieren convertir la democracia en una operación de ingeniería emocional.

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