El contraste familiar en la historia de Paloma Valencia
Si no fuera por la existencia de Álvaro Pío Valencia, tío-abuelo de la senadora Paloma Valencia, uno podría especular sobre componentes perversos en su apellido como si fueran un ADN irremediable. Sin embargo, Álvaro Pío fue un hombre reconocido por su bondad, un académico y científico que mantuvo una rebelión constante contra los privilegios establecidos.
Un acto de justicia histórica
Su compromiso con la equidad llegó al punto de devolver a comunidades indígenas caucanas la parte de la herencia en tierras que había recibido del poeta Guillermo Valencia, reconociéndolas como dueños ancestrales legítimos. Con la emblemática Casa Valencia, un palacio que aún se erige en Popayán como orgullo urbano, realizó un gesto similar al rechazar la compensación económica que el Estado ofreció a la familia para convertir el inmueble en museo.
Prefirió negociar únicamente una habitación en el primer piso, cercana a la puerta principal, donde vivió hasta su muerte con lo mínimo indispensable: una cama, una mesa de trabajo, una pequeña cocina y un baño. Testigos recuerdan verlo, ya octogenario, saliendo cada mañana a las 7 a.m. para cruzar la calle y comprar empanadas de pipián, antes de regresar al silencio de su modesto espacio.
Contrapuntos generacionales
Mientras Álvaro Pío Valencia elegía la sencillez, otros miembros de la familia tomaron caminos diferentes. Su sobrino nieto, Guillermo León Valencia, llegó a la presidencia de Colombia y durante su mandato ordenó en 1964 el bombardeo de Marquetalia, acción que buscaba expulsar a 50 familias de colonos agricultores lideradas por Manuel Marulanda. Este evento histórico marcó el nacimiento formal de las FARC, organización que décadas después, en 2016, firmaría un acuerdo de paz tras 52 años de conflicto.
La ironía se profundiza al descubrir que Álvaro Pío Valencia fue amigo y tutor, junto con el artista Édgar Negret, de Manuel Cepeda, quien años después se convertiría en dirigente comunista asesinado en 1994 y padre de Iván Cepeda Castro, actual candidato del Pacto Histórico. El mundo es verdaderamente un pañuelo donde los destinos se entrelazan de formas impredecibles.
La posición política actual
Paloma Valencia, bisnieta del poeta Guillermo Valencia y sobrina nieta de Álvaro Pío, ha tomado distancia de este legado familiar de compromiso social. Durante el plebiscito por la paz en 2016, su padre espiritual, el expresidente Álvaro Uribe, promovió el voto negativo que resultó en una victoria pírrica. Hoy, como candidata política consolidada, mantiene posturas que contrastan marcadamente con la herencia de su tío-abuelo.
La senadora no ha dudado en calificar a Iván Cepeda como "criminal" tras ganarle un pleito judicial que llevaría a su padrastro ideológico a la cárcel. Sus "pruebas" se reducen a dos fotografías casuales con firmantes de la paz como Iván Márquez y Jesús Santrich, tomadas antes de que fueran acechados por la extradición y regresaran a las armas, sufriendo consecuencias trágicas.
Reflexiones sobre la genealogía y las decisiones
Habría sido preferible que la heredera espiritual de la familia Valencia hubiera adherido a su genealogía real, aunque esto implicara reconocer que su bisabuelo poeta tuvo conflictos con líderes indígenas como Quintín Lame. Así podría vivir en la segunda planta de la Casa Valencia y disfrutar cada mañana de las empanadas de pipián que tanto apreciaba su tío-abuelo.
Pero perteneciendo a esta familia -con la excepción notable de Álvaro Pío Valencia- parece que da igual juntarse con malas compañías cuando se trata de decisiones políticas. La historia familiar se convierte así en un espejo donde se reflejan no solo los logros y virtudes, sino también las contradicciones y elecciones que definen el presente político colombiano.



