El alto costo electoral de la misoginia en la política colombiana
El camino para las mujeres en la política colombiana no ha sido fácil, especialmente cuando han demostrado ser mejores gobernantes que practican la ética del cuidado y logran que los ciudadanos se sienten representados y protegidos. Desafortunadamente, enfrentan ataques constantes que incluyen insultos, desinformación y acusaciones sin fundamento.
Avances legislativos y contradicciones internas
El Pacto Histórico, como gobierno del cambio, impulsó las listas cerradas con cremallera, lo que permitió aumentar la presencia femenina en el Congreso hasta cerca del 30%. De haberse aprobado la reforma política, Colombia habría estado más cerca de consolidar la masa crítica de mujeres necesaria para avanzar hacia una mayor representación femenina en el poder.
Sin embargo, esa apuesta pierde coherencia cuando se aplaude o se tolera la misoginia dentro de sus propias filas. El costo político de esa contradicción se reflejará directamente en las urnas, con estimaciones que indican más de un millón y medio de votos perdidos para las fuerzas que mantienen estas prácticas.
Historia de conquistas femeninas en la política
Desde finales del siglo pasado, el movimiento social de mujeres logró avances fundamentales en Colombia. La ley de cuotas surgida tras la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 abrió espacios en los niveles decisorios del Estado, marcando un punto de inflexión en la participación política femenina.
A esto se suma el trabajo constante de la bancada de mujeres en el Congreso, que ha impulsado normas trascendentales como:
- La Ley Rosa Elvira Cely, que tipifica el feminicidio como delito autónomo
- La Ley Estatutaria 2453 de 2025, que busca prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en la política
Esta última ley representa un hito histórico al reconocer y castigar agresiones físicas, psicológicas, económicas, simbólicas y digitales, garantizando el ejercicio libre de la participación en cargos públicos y de elección popular.
El Valle del Cauca como ejemplo de liderazgo femenino
Esta región ha sido pionera en la participación política femenina con tres gobernadoras consecutivas y gabinetes con presencia mayoritaria de mujeres altamente capacitadas. Nombres como Liza Rodríguez, con doctorado en administración pública; Consuelo Bravo; y María Cristina Lesmes, recordada por su excepcional liderazgo durante la pandemia, demuestran el alto nivel de preparación que las mujeres aportan a la gestión pública.
El error estratégico del Pacto Histórico fue significativo: en lugar de consolidar alianzas con estos liderazgos femeninos, especialmente en regiones clave como el Valle del Cauca, optó por la confrontación mediante burlas y ataques que generaron una demanda por misoginia contra el transgresor.
Casos emblemáticos y resistencia femenina
Francia Márquez llegó con más de 800.000 votos propios, obligando a Gustavo Petro a escogerla como su fórmula vicepresidencial. A pesar de su popularidad, también fue víctima de misoginia y nunca se le permitió consolidar completamente su proyecto bandera: el Ministerio de la Igualdad.
Su decisión de no compartir espacio político con un funcionario cuestionado por violencia intrafamiliar representa una postura coherente con sus principios que ha defendido firmemente. Este caso ilustra cómo las mujeres en política enfrentan dilemas adicionales relacionados con su integridad y valores.
Las prácticas misóginas, profundamente arraigadas en la cultura política colombiana, se intensifican cuando las mujeres alcanzan posiciones de poder como la dirección de partidos políticos. Aunque la aplicación de las leyes protectoras sigue enfrentando obstáculos en el sistema judicial y en la acción policial, representan avances fundamentales en la protección de los derechos de las mujeres.
El mensaje es claro: las mujeres en la política no pueden ser atacadas ni agredidas, y con los éxitos legislativos alcanzados, el retroceso no es una opción. La sociedad colombiana observa atentamente cómo se resuelven estas contradicciones que afectan directamente la calidad de la democracia y la representación política en el país.



