La democracia incompleta: Mujeres siguen excluidas del poder político en Colombia
Mientras la política colombiana continúe siendo excluyente, la democracia permanecerá incompleta. Esta realidad se evidencia en las últimas elecciones legislativas, donde más de 1300 mujeres se lanzaron a la contienda, pero apenas 80 lograron obtener una curul, representando un vergonzoso 6,5% del total.
El problema no es falta de liderazgo, sino falta de poder real
La situación no refleja una ausencia de liderazgo femenino, sino una carencia de poder real dentro del sistema político. Las mujeres enfrentan múltiples barreras:
- Falta de recursos económicos para financiar campañas políticas
- Ausencia de respaldo genuino por parte de los partidos tradicionales
- Hipocresía institucional que promueve discursos inclusivos sin acciones concretas
Solamente el Pacto Histórico, con su sistema de lista cerrada y cremallera, demostró que cuando existen reglas claras y mecanismos efectivos, las mujeres pueden acceder a espacios de poder. Las trece senadoras electas por este movimiento no son casualidad, sino el resultado de una decisión política deliberada.
La política tradicional: símbolos sin sustancia
En marcado contraste, partidos como el Centro Democrático, a pesar de tener a Paloma Valencia como candidata presidencial, hablan constantemente de mujeres y promueven candidatas, pero no les otorgan espacios reales en sus listas electorales. Así funciona la política tradicional: utiliza a las mujeres como símbolos de modernidad, pero se niega a compartir el poder efectivo.
Cuando se intentan cambiar las reglas del juego, el sistema reacciona con fuerza. La propuesta de listas cerradas con alternancia de género, impulsada por la senadora María José Pizarro, fue hundida sin pudor alguno. Esto no fue un accidente parlamentario, sino una decisión consciente de los hombres que dominan el Congreso y no están dispuestos a ceder espacios de poder.
Violencia de género y justicia complaciente
Mientras las mujeres luchan por espacios políticos, continúan poniendo los muertos en la violencia de género. Durante el año 2025, se registraron aproximadamente 900 feminicidios en Colombia, novecientas vidas arrebatadas en un país donde la justicia sigue siendo débil y complaciente con los agresores.
Aunque existen leyes importantes como la Ley Rosa Elvira Cely, la realidad demuestra que no basta con legislar. Los feminicidas continúan encontrando grietas legales, excusas sociales y, en muchos casos, complicidades institucionales para evadir castigos ejemplarizantes.
Avances legislativos incumplidos
Colombia ha tenido algunos avances legislativos, como la reforma pensional reciente, pero en los espacios donde realmente se toman decisiones, el panorama no cambia sustancialmente. La Ley 581 del año 2000, que exige un mínimo del 30% de mujeres en los niveles decisorios del Estado, se incumple sistemáticamente sin consecuencias reales para los infractores.
La ley existe en el papel, pero carece de mecanismos efectivos de aplicación y sanción, lo que la convierte en letra muerta en la práctica política cotidiana.
Gobiernos locales: excepciones que confirman la regla
Donde las mujeres logran gobernar, los resultados son evidentes y positivos. El departamento del Valle del Cauca sirve como prueba contundente: alta participación femenina en cargos de decisión ha generado políticas públicas centradas en el cuidado, la educación y el bienestar social.
Esta experiencia demuestra que otra forma de gobernar sí es posible, pero lamentablemente sigue siendo la excepción y no la regla en el panorama político nacional.
Promesas incumplidas del gobierno nacional
El gobierno del presidente Gustavo Petro comenzó con un gabinete que prometía equidad de género, pero con el paso del tiempo esa intención inicial se ha diluido considerablemente. Cambios constantes en los ministerios, retrocesos en políticas de género y un Ministerio de la Igualdad que nació débil, sin presupuesto adecuado y sin poder real para transformar estructuras, representan otra oportunidad perdida para avanzar hacia la paridad política.
Elecciones 2026: mismo reto, diferentes visiones
Para las elecciones presidenciales del 2026, aparecen nombres de mujeres candidatas con diferentes visiones políticas: Claudia López, Paloma Valencia, Clara López y Sondra Macollins, entre otras. A pesar de sus diferencias ideológicas, todas enfrentan el mismo reto histórico: romper un sistema político que las ha excluido sistemáticamente durante décadas.
La pregunta fundamental ya no es si existen mujeres capaces de liderar el país, sino si Colombia está realmente dispuesta a dejar de bloquear su participación política efectiva. Mientras la política siga siendo excluyente por diseño, la democracia colombiana seguirá siendo incompleta y deficitaria.
No se trata simplemente de representación simbólica o cuotas decorativas. Se trata de poder político real, de capacidad de decisión, de influencia sobre las políticas públicas que afectan a toda la sociedad. Y ese poder, hoy por hoy, sigue estando concentrado en manos de los mismos grupos que históricamente han dominado la escena política colombiana.



