La reinvención estratégica del uribismo en la política colombiana
En un giro discursivo que ha generado escepticismo en amplios sectores, la senadora Paloma Valencia, histórica aliada de Álvaro Uribe desde sus orígenes políticos, intenta reposicionarse públicamente como una figura ecuánime, tolerante, demócrata y pluralista. Es decir, según su nueva narrativa, representaría el centro político. Esta transformación resulta, según analistas, una maniobra calculada para atraer a votantes indecisos y a aquellos desencantados con el petrismo.
Juan Daniel Oviedo: el uribista con rostro renovado
El uribismo busca proyectar una imagen renovada a través de figuras como Juan Daniel Oviedo, presentado como una opción "chévere" y moderada. Sin embargo, Oviedo ha demostrado ser un militante disciplinado y consistente de la derecha colombiana. Se trata de un uribista contemporáneo, alejado deliberadamente de la imagen añeja asociada a Álvaro Uribe o a voces más radicales como José Obdulio Gaviria, quien probablemente integrará los comités estratégicos de la campaña de Valencia.
La verdadera trayectoria de Paloma ValenciaLa pretensión de presentar a Valencia como una política de centro contrasta radicalmente con su historial. En su defensa casi irracional de Uribe, ha actuado como una guerrera de extrema derecha, cerrando filas y omitiendo deliberadamente los graves episodios de corrupción que marcaron los dos gobiernos uribistas. Tampoco ha reconocido adecuadamente el sangriento imperio paramilitar que cogobernó Colombia desde la época de las Convivir en Antioquia, estructuras auspiciadas por el entonces gobernador Álvaro Uribe Vélez.
Estilos diferentes, mismo sustrato ideológico
Si bien el estilo de Valencia difiere del tono lunático y histriónico de figuras como Abelardo de la Espriella—quien acumula esqueletos en el clóset que emergen gradualmente—ambos comparten un sustrato ideológico similar. Existe el riesgo real de que cualquiera de estos actores se convierta en factor de poder si alcanza la segunda vuelta presidencial, lo que mantendría a la extrema derecha unificada ya sea alrededor del representante de la franja más radical o de una candidata con modales más ponderados pero igualmente defensora de valores cuestionables.
Las sombras del pasado uribistaEstos valores y acciones asociados al uribismo dejaron episodios oscuros en la historia reciente de Colombia: los falsos positivos, la impunidad paramilitar y una guerra intensa que, a fin de cuentas, resultó infructuosa. Durante los ocho años de gobierno uribista, si bien la guerrilla de las Farc fue debilitada, no fue derrotada definitivamente. La muerte de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano—con apoyo político e inteligencia estadounidense—no impidió que el país quedara sumido en una violencia exacerbada y con aumento de la pobreza en numerosos territorios.
Las encrucijadas de la oposición moderada
Frente a este escenario, figuras como Sergio Fajardo y Claudia López aparecen como los últimos representantes de una fila política que busca mantener relevancia. Será fascinante observar las maromas ideológicas que deberán realizar para no quedar excluidos del poder. En 2022, Fajardo y su socio Jorge Enrique Robledo intentaron tomar por asalto la campaña presidencial de Rodolfo Hernández, pero encontraron una puerta cerrada. Por su parte, López no tuvo más opción que apoyar a Gustavo Petro.
La gran incógnita es si estos actores terminarán aliándose con la extrema derecha—en cualquiera de sus variantes—con tal de no perder influencia política. Aunque suene improbable, en los tiempos actuales casi todo es posible en el ámbito político colombiano. Incluso podría darse la paradoja de que la exalcaldesa Claudia López, a pesar de sus profundos rencores hacia el presidente, termine en las toldas de Iván Cepeda, mientras Fajardo observa focas en la Antártida. Nada puede descartarse en la compleja geopolítica nacional.
