La paradoja colombiana: ¿Por qué un gobierno ineficaz mantiene aprobación?
En un diálogo académico reciente entre investigadores del desarrollo económico en una prestigiosa universidad europea, surgió una interrogante incómoda pero necesaria: ¿cómo es posible que en Colombia, un gobierno marcado por la corrupción y la ineficacia, que ha deteriorado servicios fundamentales como la salud, la educación y la energía, conserve una aprobación del 37%? La respuesta inicial apuntó a una paradoja del absurdo, típica de América Latina, pero tras reflexionar, emergió una sospecha más cruda: se trata de un triste país de cafres.
Las emociones tristes que moldean la política
El concepto del país de las emociones tristes, desarrollado por Mauricio García Villegas en su ensayo homónimo, retoma la tradición filosófica de Spinoza. Este autor identifica emociones como la furia, el odio, el fanatismo, el miedo, la venganza y el resentimiento como fuerzas que, al colectivizarse, se integran en la cultura política. Estas emociones no solo moldean la relación con el poder, sino que también alimentan formas recurrentes de anulación del otro, contribuyendo a ciclos de violencia, polarización y desconfianza que frustran objetivos colectivos de paz, progreso y justicia social.
El legado de Darío Echandía y la definición de cafre
La frase "Colombia es un país de cafres" se atribuye a Darío Echandía, una figura prominente que ejerció como profesor universitario, presidente de la Corte Suprema de Justicia, del Congreso y de la República. Echandía utilizó esta expresión coloquialmente desde mediados de la década de 1940, refiriéndose a los hechos de violencia y corrupción que agobiaban al país. En sus últimos años, antes de fallecer en 1989, manifestó una profunda decepción tanto de Colombia como de su partido, el Liberal. Curiosamente, Álvaro Gómez, desde la orilla ideológica opuesta, también empleó este adjetivo en múltiples ocasiones.
Según la Real Academia Española, cafre significa "bestia, bruto, cruel". La inteligencia artificial amplía esta definición, aplicándola a personas despóticas que infringen constantemente las normas sociales y legales, o que intimidan con su cinismo, rozando la delincuencia.
Redistribución y creencias sociales
Una investigación publicada por la OCDE (Bonnet, Ciani, Grimalda, Murtin & Pipke, 2024) revela que la creencia en la igualdad de oportunidades es el predictor más fuerte de una menor demanda de redistribución. En otras palabras, cuanto más cree una persona que el esfuerzo individual permite ascender socialmente, menos redistribución desea. Este hallazgo desplaza el debate desde la simple dicotomía de "rico versus pobre" hacia una visión donde las creencias sobre el funcionamiento de la sociedad adquieren mayor relevancia.
Valores y voto regional
Los análisis de la Encuesta Mundial de Valores (Inglehart & Welzel, 2005) sugieren que el voto regional no depende exclusivamente del ingreso o la ocupación, sino también de cómo se interpretan conceptos como la incertidumbre, la seguridad y la justicia social. En contextos donde predominan valores de subsistencia, hay un mayor énfasis en la seguridad económica y física, junto con niveles reducidos de confianza y tolerancia. Por el contrario, en entornos donde priman valores de autonomía y emprendimiento, el voto expresa una mayor confianza en el mercado y en la movilidad social basada en el esfuerzo.
Una región que vota por una agenda más redistributiva podría estar reflejando una experiencia territorial marcada por la precariedad, la informalidad laboral, el acceso limitado a empleos de calidad y una historia de abandono por parte del Estado.
El dilema del desarrollo económico
Como se discutió en el grupo de investigadores mencionado, los estudios sobre desarrollo económico enfatizan que las sociedades progresan y generan inclusión social e instituciones democráticas a través de la creación de empresas y empresarios. Estos actores desatan una dinámica virtuosa de aprendizaje y transformación social. La pregunta crucial que enfrenta Colombia es: ¿qué camino elegirá? ¿Continuará alimentando las emociones tristes que perpetúan ciclos de violencia y desconfianza, o apostará por un modelo que fomente la innovación, la equidad y el progreso colectivo?
La complejidad de esta decisión radica en la interacción entre factores culturales, económicos y políticos, que definen no solo la aprobación gubernamental, sino el futuro mismo de la nación.



