Presidente Petro desafía normas constitucionales con participación activa en campaña electoral
El presidente Gustavo Petro está participando de manera abierta y constante en la campaña electoral actual, una acción que está expresamente prohibida por la Constitución colombiana. Con un tono desafiante que mantiene a diario, el mandatario deja en evidencia que poco le importa cumplir con las reglas fundamentales de la democracia, utilizando sin restricciones la poderosa plataforma gubernamental para beneficiar a sus partidarios y atacar sistemáticamente a todos sus rivales políticos.
El populismo por encima de las instituciones
Esta conducta refleja la esencia del populismo: cuando las normas, las leyes y las constituciones se interponen en sus proyectos políticos, simplemente son ignoradas. Por esta razón, al final, todos los líderes populistas proponen constituyentes que buscan reescribir las reglas del juego según sus propios intereses. El presidente Petro sigue opinando y participando activamente todos los días en la campaña presidencial sin ningún tipo de reparo ni control institucional, a pesar de que tanto la Constitución como la ética pública se lo prohíben categóricamente.
Alguien que sistemáticamente pasa por encima de las reglas democráticas no puede autodenominarse demócrata, como Petro insiste cómodamente en hacerlo. Esta contradicción fundamental pone en entredicho la coherencia de su discurso político y su compromiso real con las instituciones democráticas.
Uso del poder mediático para influir electoralmente
Desde hace más de un año, el presidente ha aprovechado su enorme poder mediático y su influencia en el mundo digital para invitar con creciente frecuencia, a través de sus discursos públicos, a votar por su proyecto político y a reelegir a su partido, aunque no se refiera directamente a su propia reelección personal. A medida que avanza la temporada electoral, sin pensarlo dos veces se ha referido desde sus redes sociales a las decisiones de los candidatos contrarios a su proyecto, cuestionando sus propuestas y alianzas como si fuera simplemente un opinador más.
En las últimas dos semanas, el presidente se ha referido específicamente a las decisiones de candidatos como De la Espriella, Paloma Valencia y Oviedo, llegando incluso a concluir mensajes con afirmaciones tan sugerentes como "quienes participaron y ayudaron al gobierno de Duque quieren volver a gobernar". Independientemente de si se está de acuerdo o no con las políticas de Petro, que un gobernante utilice la plataforma desmedida del poder presidencial para influenciar directamente el voto ciudadano es todo menos honesto o coherente con los principios básicos de la ética pública.
Oposición a la pedagogía electoral y uso de medios públicos
Durante las consultas presidenciales del domingo pasado, Petro hizo campaña abiertamente invitando a no votar en ellas, llegando incluso a confrontar los mecanismos de pedagogía electoral de la Registraduría Nacional. Que un presidente se oponga activamente a la pedagogía electoral simplemente porque la consulta en cuestión no es de su agrado es una clara señal de lo limitada que resulta su noción de democracia.
Asimismo, el uso de los medios públicos durante su administración para visibilizar exclusivamente a los candidatos de su partido y para promover teorías incendiarias sobre posibles fraudes electorales representa un fuerte golpe a la independencia que deberían mantener los canales estatales. Es fundamental recordar en este contexto que la propaganda gubernamental nunca podrá ser considerada periodismo objetivo ni información imparcial.
Silencio institucional y desconfianza en el sistema electoral
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿hasta cuándo se mantendrá el silencio de la Procuraduría General de la Nación mientras el presidente y sus funcionarios toman abiertamente cartas en la contienda electoral, desafiando directamente la Constitución que ellos mismos han llamado a reescribir? Pero quizás lo más desconcertante de toda esta participación irregular en la campaña es el llamado cada vez más frecuente del presidente a que sus electores desconfíen del sistema electoral y de la transparencia de entidades fundamentales como la Registraduría, la Procuraduría y el Consejo Nacional Electoral.
Muchos analistas políticos creen que cuando un gobierno utiliza todo el poder de la burocracia estatal sin ningún pudor a favor de sus candidatos, se dibuja un panorama especialmente oscuro para la oposición política. Sin embargo, existe una interpretación alternativa: cuando un gobierno decide ir en contra de todas las instituciones democráticas, generalmente es porque el presidente acumula un enorme grado de desesperación política.
Esto plantea una pregunta inquietante que gira cada vez con más fuerza en el debate público: ¿está pensando el presidente que va a perder las elecciones con su candidato? ¿Es por esta razón que desde ya prepara el terreno para eventualmente desconocer los resultados electorales y promover irresponsablemente la desconfianza en las instituciones democráticas fundamentales del país?
