Presidente Petro siembra desconfianza electoral con acusaciones de fraude
El presidente Gustavo Petro, líder de un gobierno que ha enfrentado al Estado como adversario, se ha convertido en fuente ideal para teorías conspirativas y discursos revanchistas, según análisis del columnista Ricardo Silva Romero. En medio de la campaña electoral, el mandatario ha jugado la carta perversa de vaticinar un fraude en los próximos comicios, sembrando dudas sobre la transparencia del proceso.
La profecía autocumplida del fraude
Ya hay muchos convencidos de que "el problema no está en los tachones sino en los algoritmos", pese a que medios como La Silla Vacía han demostrado que las casillas de formularios no se usan para trampas. Este domingo electoral habrá más auditorías que nunca, y hace cuatro años se solucionó la extraña diferencia de votos entre preconteo y escrutinio. Nuestros datos y decisiones no están en manos de empresas cuestionadas, pero la profecía ya está sembrada.
El presidente, cabeza de un gobierno que ha tratado al Estado como adversario, es fuente ideal de conspiranoicos y revanchistas. Suena a chiste antiguo: ¿cuál es el colmo de este jefe de Estado? Que opaco e inescrupuloso, sobrepasado por el poder presidencial, siga renegando de un sistema que le permitió ganar siete elecciones.
Paralelos históricos preocupantes
Igual que Trump, después de soñar en voz alta con la dignidad de su gente, Petro tiene claro que pocos investigarán la veracidad de sus afirmaciones constantes. Esto resulta trágico considerando que el M-19 surgió de una profunda desconfianza -azuzada por el sospechoso conteo de las elecciones del 19 de abril de 1970- en la democracia de la clase política.
Dos décadas después, esa fuerza fue clave en la Asamblea Constituyente. Hoy suena a trauma que su militante más visible, Presidente de la República, sea tanto fuente como propagandista de ese mismo recelo. Los políticos insaciables juzgan por su condición mientras dominan las cortinas de humo.
Retroceso a épocas violentas
Hay días que nos sentimos en la violenta campaña presidencial de 1990, en la toma del Palacio de Justicia, en la sombra del Estatuto de Seguridad, en elecciones a muerte llenas de gritos de "fraude" de los años cuarenta bipartidistas. No parece que hubiéramos vuelto a posguerras o preguerras, sino al Antiguo Testamento: al pensamiento mágico que grita "hágase el sistema de salud" a fieles que responden "y el sistema de salud se hizo".
Este discurso lanza acusaciones vengadoras con vocación de condenas ante la galería lapidadora de redes sociales. La sentencia presidencial "la MOE se fundó para descubrir el fraude y no para taparlo" representa la ley del talión contra una organización seria que cuestiona narrativas del jefe de Estado.
Cortinas de humo que ocultan realidades
Los políticos insaciables juzgan por su condición: ¿cómo van a confiar en la democracia quienes no dan confianza? Simultáneamente, son maestros en cortinas de humo: el grito presidencial de "fraude" no repara en lo sórdida que sigue pareciendo la campaña de 2022, ni recuerda que un candidato opositor fue asesinado.
Tampoco permite saber que la misma Misión de Observación Electoral habla de riesgos crecientes en 170 municipios, ni nota que la Unión Europea ve "garantías robustas de transparencia" en nuestras elecciones. ¿Qué se puede hacer, entre tanto ruido y humo, aparte de defender lo atacado?
Defensa institucional frente a ataques
¿Qué hicieron cuando el popularísimo Uribe Vélez desafió reglas y enlodó esta democracia? Las valientes cortes de entonces, y actualmente tanto el Procurador como el Registrador ante ataques recientes, han reivindicado -a punta de verdades rotundas- las honras de las instituciones.
Insisten en la tarea sin gloria de ser el viejo que señala delirios; hallan, sin rabias ni hipocondrías, palabras precisas para evidenciar -abracadabra- la peligrosa estrategia de agravar desconfianzas. Esta defensa institucional resulta crucial para preservar la integridad democrática frente a narrativas que buscan socavar la credibilidad electoral sin fundamentos verificables.



