Los Presupuestos Participativos en Colombia: Una Historia de Lucha y Transformación
En los años 1994 y 1995, Barranquilla se convirtió en el epicentro de una innovadora experiencia de presupuestos participativos, impulsada por el visionario Alfredo Correa D’Andreis y la investigadora Vilma Liliana Franco. Este movimiento surgió en un contexto de creciente desilusión en Colombia, donde los Consejos Territoriales de Planeación demostraban una incapacidad para que sus conceptos sobre los Planes de Desarrollo tuvieran un carácter vinculante. La estrategia alternativa fue centrar la participación ciudadana directamente en el presupuesto, una idea que chocó frontalmente con los intereses de concejales acostumbrados a negociar con los alcaldes para "recuperar" sus inversiones electorales.
La Construcción de Sujetos Sociales Colectivos
A través de debates prácticos entre iguales, se buscaba construir sujetos sociales colectivos de derecho, autónomos e independientes. Estos ciudadanos, formados y empoderados, tenían como objetivo elaborar políticas y proyectos públicos transformadores, así como realizar acciones de incidencia, seguimiento y control en su implementación. Con el apoyo de la Defensoría del Pueblo y la cooperación sueca, estas experiencias participativas dieron origen a la Red de Municipios Indígenas y Participativos, que luego evolucionó hacia una red nacional de planeación y presupuestos participativos.
La Cooptación y la Pérdida de Contenidos Democráticos
Paralelamente, los ideólogos del autoritarismo sistémico comenzaron a apropiarse de la idea, creando un nuevo escenario donde la participación, inicialmente directa y basada en saberes comunitarios indígenas, fue deformada por influencias como el Banco Mundial y el Plan Colombia II. Este proceso llevó a la pérdida de los contenidos democráticos transformadores, convirtiendo la participación en una mera válvula de escape para los crecientes descontentos sociales. Surgió así una nueva versión cínica del verbo participar: "Yo participo, tú participas, él y ella participan, nosotros participamos... ellos deciden".
El Papel de las Alcaldías Progresistas y los Límites Institucionales
Con las alcaldías progresistas de Bogotá, se retomó la idea y se estableció el Instituto Distrital de Participación Ciudadana. Sin embargo, este paso institucionalizado del poder constituyente al poder constituido no permitió que la democracia participativa alcanzara el anhelado poder de decisión, esencial para su carácter transformador. En la práctica, se redujo a un ejercicio honesto pero rodeado de miradas tecnocráticas y liderazgos comunales clientelistas, alejándose de la construcción de una ciudadanía crítica y consciente.
El Acuerdo de Paz y los Desafíos Actuales
El Acuerdo de Paz de La Habana hizo un llamado importante a profundizar la democracia participativa directa, pero el proceso participativo de construcción de reformas necesarias ni siquiera llegó a la "vía rápida" parlamentaria, siendo enterrado durante el gobierno de Iván Duque. Este rechazo se extendió al Congreso durante el gobierno de Gustavo Petro, reviviendo solo cuando se propuso una consulta popular para aprobar la Reforma Laboral. Los parlamentarios de oposición prefirieron aprobarla con recortes antes que revitalizar el espíritu constitucional de la democracia participativa.
Implicaciones para las Reformas Futuras y la Campaña Presidencial
Este análisis confirma que será a través de la profundización de la democracia directa que se lograrán reformas cruciales en política, salud, justicia y la jurisdicción especial para la Reforma Agraria. Es un tema trascendente para la campaña presidencial actual, planteando preguntas sobre el derecho de pueblos indígenas y afros en el Cauca y otros territorios a decidir participativamente sobre políticas públicas. Mientras Daniel Oviedo destaca por sus habilidades cuantitativas, Aida Quilcué, con su experiencia en la Red de Municipios Indígenas, ofrece perspectivas cualitativas valiosas, siendo una figura clave propuesta por Iván Cepeda para la vicepresidencia.
