La economía de Estados Unidos parece comportarse bien a pesar de los sucesivos shocks de la pandemia, la guerra en Ucrania, los aranceles de Donald Trump y la crisis energética derivada del conflicto con Irán. Sin embargo, los economistas advierten que esta resiliencia es precaria y no infinita.
Crecimiento y empleo bajo presión
El PIB creció un sólido 2% el trimestre pasado, el desempleo se mantiene estable, el mercado de valores está en auge y la inflación, aunque elevada, está muy por debajo de su pico durante la pandemia. El presidente Donald Trump ha señalado estas cifras como prueba de sus políticas económicas. No obstante, Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, afirmó: “La economía es resiliente, pero también se encuentra en una posición algo precaria”.
Zandi expresó su preocupación por el crecimiento del empleo, que ha fluctuado de forma extrema entre expansión y contracción en el último año, con la creación de nuevos puestos de trabajo muy concentrada en el sector salud. Excluyendo este sector, la economía estadounidense ha perdido empleos en el último año. Muchas empresas están “al límite”, aunque no ha habido despidos masivos.
Impacto de la guerra con Irán
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha disparado los precios de la energía después de que Teherán bloqueara el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas. El impacto se siente en las gasolineras y en las empresas privadas, que ven disparados sus costos de producción.
“No haría falta mucho para empujar a esta economía resiliente al borde del abismo y hacia una recesión”, dijo Zandi. Si la guerra se prolonga, disparando los precios de la energía y trastocando las cadenas de suministro, “en algún momento la economía no va a ser capaz de digerir todos estos choques”. El analista considera que los riesgos de recesión son altos.
Fortaleza y vulnerabilidades
Claudia Sahm, economista jefe de New Century Advisors, señaló que la economía salió de la pandemia “a pleno rendimiento”, lo que le ha ayudado a sortear tormentas posteriores. Según ella, en el escenario actual con precios elevados de la energía, aranceles e incertidumbre política, es “poco probable que baste para descarrilar la economía”. Sin embargo, el verdadero problema sería una “crisis de confianza”, especialmente en el sector de inteligencia artificial (IA), que sustenta el optimismo en Wall Street.
Las acciones tecnológicas vinculadas a la IA han impulsado la bolsa estadounidense este año: el Nasdaq Composite ha subido un 13%, el S&P 500 más de un 8% y el Dow más de un 3%. Pero Zandi advierte que “la bolsa no es la economía”, ya que las ganancias benefician desproporcionadamente a los hogares de mayores ingresos.
Inflación y desigualdad
Para las familias de clase trabajadora, la inflación de la gasolina y los comestibles define la economía. En abril, los precios del combustible subieron un 51% desde el inicio de la guerra, y los comestibles alcanzaron su nivel más alto desde 2023. Esta desigualdad ha generado una “economía en forma de K”, donde el consumo de los hogares de mayores ingresos aumenta mientras que el de los de menores ingresos disminuye.
Un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York concluyó que el crecimiento del gasto minorista desde 2023 ha sido impulsado por hogares que ganan más de 125.000 dólares anuales. Sahm afirma que los colchones de la economía estadounidense se están agotando. “Hay resiliencia, pero no es infinita”, concluyó.



