El Pacto Histórico y su silencio ante crímenes contra mujeres: ¿feminismo o cinismo?
Silencio del Pacto Histórico ante crímenes contra mujeres

Un gobierno que da la espalda a las mujeres en pleno 8 de marzo

Hay fechas que resultan reveladoras por su ironía. Este 8 de marzo, mientras se conmemora el Día Internacional de la Mujer, el Pacto Histórico recorre el territorio colombiano solicitando el apoyo electoral del sector femenino. La interrogante que surge de manera natural es contundente: ¿qué ha realizado concretamente esta administración por las mujeres colombianas? La respuesta, al examinar los hechos, genera profunda preocupación.

En la historia reciente de Colombia, ningún gobierno había mostrado tal nivel de indiferencia hacia las mujeres. Una administración rodeada de hombres que han sido señalados públicamente por ejercer violencia de género. Un Ministerio de la Igualdad y la Equidad, que debería funcionar como espacio de protección, intentó evadir la aplicación de la ley de cuotas y terminó convertido en refugio de individuos vinculados al proxenetismo.

Escándalos que encuentran solo silencio e impunidad

Escándalo tras escándalo, la reacción gubernamental ha mantenido un patrón constante: silencio administrativo, minimización de los hechos e impunidad para los responsables. Sin embargo, los eventos de esta última semana han develado una situación aún más grave que pone en duda los discursos de defensa de los derechos femeninos.

Timochenko, antiguo comandante de las FARC, realizó una confesión pública sobre crímenes atroces cometidos por esa organización guerrillera durante décadas. Entre estos delitos se encuentran el reclutamiento forzado de niñas, violaciones sistemáticas y abortos coercitivos. Se trata de acciones brutales, planificadas y ejecutadas contra mujeres colombianas que carecían de protección institucional.

Ante esta revelación, se revisaron las cuentas y declaraciones de figuras prominentes del Pacto Histórico como Iván Cepeda Castro, María José Pizarro, María Fernanda Carrascal y Susana Muhamad. No se encontró ni una sola palabra de indignación, solidaridad o reconocimiento hacia las víctimas. El silencio fue absoluto frente al sufrimiento de niñas violadas y mujeres explotadas.

Un patrón de silencio selectivo que se repite

Este mutismo no constituye un hecho aislado. Durante los últimos meses, el régimen del ayatolá Alí Jameneí en Irán ha reprimido con extrema violencia las protestas ciudadanas. Miles de personas han perdido la vida, incluyendo numerosas mujeres que exigían derechos básicos:

  • Decidir libremente sobre su vestimenta
  • Ejercer autonomía sobre sus vidas
  • Acceder a educación y trabajo sin restricciones de género

Mujeres valientes que desafiaron el velo obligatorio enfrentando prisión, torturas e incluso la muerte. Mujeres que luchaban no solo por su presente, sino por el futuro de sus hijas, para que crezcan en libertad y no bajo sistemas opresivos.

Mientras esto ocurría en Irán, el presidente Gustavo Petro, las autodenominadas feministas progresistas y los miembros del Pacto Histórico mantuvieron un silencio absoluto. Ninguna expresión de solidaridad con mujeres que arriesgaban sus vidas en las calles iraníes. Solo cuando Estados Unidos intervino en la situación aparecieron comunicados y discursos de protesta.

La pregunta incómoda sobre la coherencia ideológica

Esto genera una interrogante fundamental: ¿les duele realmente el sufrimiento de las víctimas o les molesta quién toma acción? El patrón parece repetirse de manera sistemática: la indignación se activa únicamente cuando el agresor es percibido como enemigo político, pero desaparece cuando el agresor es aliado, compañero de causa o conveniente estratégicamente.

Esta conducta no puede ser calificada como feminismo genuino. Se trata más bien de cinismo con perspectiva de género, donde la defensa de los derechos de las mujeres se subordina a cálculos políticos e intereses partidistas.

Una oportunidad histórica para las mujeres colombianas

Sin embargo, las mujeres colombianas enfrentan hoy una oportunidad diferente. Pueden decidir si continúan apoyando a un gobierno que sistemáticamente les da la espalda o si construyen un país donde la defensa de sus derechos sea independiente de ideologías y colores políticos.

Un país donde las mujeres sean defendidas siempre, sin condiciones ni excepciones. Donde ninguna niña deba crecer en medio del silencio y la impunidad. Por esta razón, el llamado es claro: participar activamente en los procesos electorales.

Votar por quienes demuestren genuina voluntad de defender a las mujeres, sin cálculos políticos ni discursos dobles. Porque el futuro de nuestras hijas, nietas y de todas las generaciones venideras también se decide en las urnas. La coherencia en la defensa de los derechos femeninos debe ser un criterio fundamental al momento de ejercer el derecho al voto.