La peligrosa simplificación regional del conflicto en tiempos electorales
Señalar a una región específica de Colombia como el origen exclusivo de la violencia de Estado y de las alianzas entre política y paramilitarismo representa una simplificación propia de discursos de campaña electoral. La historia del paramilitarismo en nuestro país tiene múltiples temporalidades y geografías, mientras que los crímenes de Estado se confunden con los primeros procesos de independencia y alcanzan su punto más álgido durante la violencia partidista de mediados del siglo XX.
La guerra como estribillo político permanente
La guerra continúa siendo el estribillo preferido de nuestra política nacional. Por un lado, la derecha mantiene el rechazo al Acuerdo de Paz con las FARC, firmado hace una década, como bandera inamovible de su discurso. La impunidad no constituye el motivo principal de su nostalgia por la guerra contra esa guerrilla, sino más bien un despecho por haber perdido su principal argumento político.
Por otro lado, la izquierda ha convertido el señalamiento de la violencia paramilitar, incluso después de veinte años de Justicia y Paz, en el centro de su estrategia política. Esto no representa necesariamente una defensa genuina de la memoria histórica nacional, sino principalmente un ejercicio de excitación electoral diseñado para movilizar votantes.
El peligroso juego de las divisiones regionales
Cuando la muletilla del conflicto armado incorpora además acusaciones de carácter regional, se activa un peligroso juego divisorio que fragmenta aún más al país. Se critican con razones justificadas los delirios regionalistas de Antioquia y la ridiculez del llamado "Paisaporte", mientras simultáneamente se practica la exclusión regional desde otros sectores.
Construir una geografía específica de la maldad nacional resulta completamente inútil, profundamente injusto y extraordinariamente peligroso para la cohesión social del país. Esta aproximación ignora deliberadamente la complejidad histórica y la distribución nacional de los fenómenos violentos.
Los orígenes complejos y distribuidos del paramilitarismo
Resulta evidente que figuras como Iván Cepeda conocen profundamente los orígenes complejos y distribuidos del paramilitarismo y la parapolítica en Colombia. De igual forma, comprenden la amplia red nacional de participación estatal en violaciones masivas de derechos humanos que ha caracterizado décadas de conflicto.
Desde los años sesenta, los manuales militares colombianos incluían instrucciones específicas para acompañar a civiles en operaciones contrainsurgentes. Los grupos de "defensa civil" encuentran su origen formal en una ley de 1968, mientras que documentos militares de finales de los setenta ya establecían pautas de operación para "juntas de autodefensa" y "comités cívico-militares". Las posteriormente conocidas Convivir representan simplemente un desarrollo más avanzado en esa prehistoria del Estado criminal colombiano.
Geografías múltiples del conflicto paramilitar
La historia documentada demuestra que el Magdalena Medio funcionó como cuna paramilitar inicial, mientras que Puerto Boyacá exhibió durante años la valla que la declaraba "capital antisubversiva de Colombia". Municipios como Chinácota, Puerto Triunfo, Cimitarra, Yacopí y Barrancabermeja, entre muchos otros, representaron los puntos de ignición de esa hoguera que eventualmente incendió casi todo el territorio nacional.
Factores convergentes como la confluencia de grupos armados ya consolidados, la cercanía estratégica de bases militares, la llegada de narcotraficantes y esmeralderos a diversas regiones, y la condición de puntos de expansión guerrillera facilitaron el desarrollo de ese primer paramilitarismo distribuido geográficamente.La configuración regional y su exportación nacional
La configuración de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá representa otro capítulo fundamental, donde las FARC jugaron un papel trágicamente importante. El asesinato de cientos de desmovilizados del EPL por parte de las FARC, incluyendo la conocida masacre de La Chinita, motivó la creación de los Comandos Populares que eventualmente se integraron a los ejércitos de Los Castaño.
De estos procesos emergieron figuras como los hermanos Úsuga David, cuyo modelo operativo desarrollado en Urabá se exportó posteriormente a buena parte del territorio nacional, estableciendo en cada región nexos con la política local que caracterizaron el fenómeno de la parapolítica.
Financiación y expansión nacional
El papel del MAS (Muerte a Secuestradores) en la financiación de brotes paramilitares tras el secuestro de Martha Nieves Ochoa por parte del M-19 representa otro elemento de distribución nacional. Esta franquicia criminal se expandió por todo el país, sirviendo de parapeto organizativo como ocurriría posteriormente con Las Águilas Negras, atrayendo narcotraficantes de todas las regiones colombianas.
Señalamientos regionales versus soluciones nacionales
Cuando Iván Cepeda intenta señalar a Álvaro Uribe vinculándolo exclusivamente con Antioquia como una mancha específica en el mapa de nuestra violencia generalizada, practica un triste juego regional de barra brava que solo sirve para atizar odios históricos. Resultaría mucho más pertinente, para un candidato que conoce en profundidad nuestro conflicto, hablar de la violencia actual y proponer soluciones de carácter nacional que trasciendan divisiones regionales artificiales.
La simplificación geográfica del conflicto no solo distorsiona la memoria histórica, sino que obstaculiza la construcción de soluciones integrales que aborden las complejidades nacionales de nuestra violencia política y social.
