Michael Sandel advierte: el vacío moral del liberalismo alimenta el populismo en Colombia
Vacío moral del liberalismo alimenta populismo en Colombia

La advertencia de Sandel: el vacío moral que alimenta los populismos

Durante décadas, el reconocido filósofo político Michael Sandel ha venido señalando una peligrosa trampa del liberalismo contemporáneo. Según su análisis, cuando las democracias modernas reducen la política a meros procedimientos técnicos y evitan sistemáticamente las discusiones morales fundamentales sobre el bien común –bajo el pretexto de respetar el pluralismo– terminan creando un vacío peligroso. Este vacío político y moral es inevitablemente llenado por movimientos populistas que ofrecen narrativas cargadas de resentimiento, promesas de venganza social y moralismos simplistas que dividen el mundo entre un pueblo puro y élites corruptas.

La meritocracia como generadora de resentimiento

La retórica meritocrática tan común en nuestras sociedades –con su mensaje de "estudia y triunfarás"– genera efectos sociales profundamente divisivos. Por un lado, produce arrogancia en aquellos considerados ganadores, quienes frecuentemente ocultan las ventajas estructurales que los beneficiaron. Por otro, genera humillación y frustración en quienes son etiquetados como perdedores, quienes internalizan el fracaso como culpa personal en lugar de reconocer las barreras sistémicas que enfrentaron. Esta humillación acumulada se convierte en combustible electoral altamente inflamable para cualquier líder que prometa revancha social y reconocimiento de los agravios históricos.

Colombia: un caso de estudio del vacío moral

Colombia representa un ejemplo paradigmático de cómo se construye este vacío moral en la práctica política. La promesa meritocrática consagrada en la Constitución de 1991 –con su énfasis en estudiar, trabajar y triunfar– se estrelló brutalmente contra la dura realidad de la crisis económica y de seguridad que marcó el cambio de siglo. Mientras algunos colombianos se veían forzados a emigrar por falta de oportunidades económicas, otros se sentían prisioneros en sus propias ciudades debido a la inseguridad generalizada.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Fue en este contexto que el populismo de Álvaro Uribe encontró terreno fértil. Su discurso responsabilizó directamente a la clase política tradicional y a las FARC de los males del país, centrando el concepto de bien común casi exclusivamente en la seguridad ciudadana. Este enfoque le permitió eludir debates morales más profundos sobre desigualdad y justicia social, especialmente porque su gobierno coincidió con un período de crecimiento económico regional que duró más de cinco años.

La profundización de las desigualdades

Este énfasis unilateral en la seguridad como único bien común permitió profundizar las inequidades del sistema económico colombiano sin que se diera un debate moral sustantivo sobre sus consecuencias. Cuando finalmente terminó la bonanza económica, la seguridad se había normalizado como preocupación central, y la pandemia de COVID-19 vino a profundizar aún más los problemas sociales estructurales. Quedó entonces expuesto un nuevo vacío: millones de colombianos que habían recuperado cierta seguridad y paz nunca habían accedido a condiciones de dignidad económica básica.

Gustavo Petro llegó para llenar este vacío replicando la fórmula populista desde la izquierda política: mismo mecanismo discursivo, pero con enemigos diferentes. Su narrativa ofreció reivindicación social para alimentar la identidad de ciudadanos históricamente marginados y beneficios económicos tangibles para atacar las inequidades más evidentes.

La respuesta del establecimiento: un error estratégico

Lo lógico habría sido que el establecimiento político colombiano interpretara la derrota electoral de 2022 como una campanada de alerta histórica. La evidencia mostraba que sectores profundamente insatisfechos con el status quo habían encontrado finalmente un camino para llegar al poder y forzar cambios estructurales. No se trataba de un hecho históricamente menor ni de un problema limitado a la persona de un presidente particular, sino de un realineamiento político de fondo que exigía competir seriamente por el apoyo de los sectores populares.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Sin embargo, el establecimiento optó por el camino simplista de bloquear sistemáticamente a Petro, creyendo erróneamente que sería fácil derrotarlo. Se enfocó obsesivamente en combatirlo en el cómo –cómo gobierna, cómo es su vida personal, cómo comete errores– sin comprender que la batalla histórica real era por el qué –qué ofrecer a la ciudadanía, qué valores representar, qué cambios impulsar–. Al dejarse provocar y entregarse visceralmente a una polarización que convenía estratégicamente a Petro, el establecimiento perdió la oportunidad de construir una alternativa creíble.

Los dos escenarios de Sandel para el futuro

Michael Sandel identifica dos posibles escenarios para las democracias que enfrentan este vacío moral. El escenario optimista sugiere que la desilusión generalizada podría abrir espacios para reconstruir una vida cívica moralmente más sensible y comprometida. El escenario pesimista advierte que ofertas autoritarias podrían consolidar su dominio sobre los ciudadanos desilusionados, cerrando espacios democráticos.

La advertencia final de Sandel resulta especialmente pertinente para Colombia: el error fundamental ha sido tratar problemas morales profundos con petulancia burocrática y meritocrática, como si fueran simples cuestiones técnicas. La política, en su visión, requiere recuperar su dimensión moral para evitar que los vacíos que crea sigan siendo llenados por populismos de diverso signo que, aunque opuestos en el espectro ideológico, comparten mecanismos similares de movilización del resentimiento.