El papel de los vicepresidentes en la política colombiana: ¿figuras de coyuntura sin capital político?
Vicepresidentes en Colombia: figuras de coyuntura sin capital político

La transformación del rol vicepresidencial en Colombia

En décadas pasadas, los vicepresidentes colombianos solían ser figuras curtidas en la lucha política, con trayectorias que frecuentemente los llevaban a aspirar a la presidencia. Sin embargo, desde 1994, esta tendencia ha cambiado drásticamente. Con excepción de Germán Vargas Lleras y Humberto de la Calle, ninguno de los vicepresidentes ha logrado convertirse en mandatario, evidenciando una transformación profunda en el perfil de estos segundos de a bordo.

Figuras de coyuntura sin peso político propio

En la actualidad, los vicepresidentes tienden a ser personajes de coyuntura, seleccionados más por conveniencia electoral que por su capital político acumulado. Como señala el analista Óscar Alarcón, estos segundos de a bordo generalmente aceptan la oportunidad cuando se les presenta, sin poder rechazar la vitrina política que representa, aunque carezcan de la solidez necesaria para proyectos presidenciales propios.

Un caso emblemático es el enredo que protagonizó Daniel Oviedo antes de aceptar ser vicepresidente de Paloma Valencia. Oviedo inicialmente pretendió privilegiar sus discrepancias sobre el proceso de paz con las FARC, lo que requirió la intervención del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Este episodio confirmó que los precandidatos del sector uribista son subalternos del expresidente, sin excepción, y que es él quien ejerce el control real, incluso sobre figuras como Valencia y Oviedo.

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Contradicciones en las fórmulas presidenciales

Lo más preocupante es que solo después de las elecciones del domingo anterior, Valencia, Oviedo y otros precandidatos descubrieron discrepancias irreconciliables en sus programas. Nunca discutieron sus propuestas mutuas, dedicándose en cambio al efímero encanto de maquillarse para participar en debates sosos, donde a veces se limitaban a levantar paletas de Sí o No sobre aspectos cardinales para el país.

Oviedo comenzó con soberbia, hablando de "líneas rojas", pero tras ser llamado al orden, bajó el tono de sus exigencias y aceptó la vicepresidencia. Esta decisión dejó mal parados a ambos: a Valencia, porque tuvo que resignarse a que su posible reemplazo no está de acuerdo con acabar con la Jurisdicción Especial para la Paz; y a Oviedo, por someterse a un seguro encontronazo al subirse a un bus donde lo recibirán con desconfianza, empezando por el mismo Uribe.

Otras fórmulas problemáticas

La escogencia de la indígena Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda parece igualmente aparatosa y amenazante. Se trata de una pésima decisión que podría significar la derrota electoral. Si así va a ser ese eventual gobierno, es evidente que no habrá espacio ni oídos para otros sectores ciudadanos, tal y como ha ocurrido durante el cuatrienio de Gustavo Petro.

El mensaje ha quedado claro, especialmente porque ni Cepeda ni su flamante vicepresidenta han declarado que, de ganar, gobernarían para todos los colombianos, probablemente por temor a asustar a sus electores más radicalizados. Además, lo poco que conocen los compatriotas de Quilcué son sus intervenciones airadas e intransigentes como senadora, similares a las que exhiben dos jóvenes congresistas del Pacto Histórico recién reelegidas: María Fernanda Carrascal y Esmeralda Hernández, cuyo triunfalismo exacerbado y excesos verbales asustan en vez de convencer.

El caso caricaturesco de José Manuel Restrepo

El vicepresidente José Manuel Restrepo, fórmula de Abelardo de la Espriella, comenzó su campaña dejando constancia de que no se le puede creer nada. Este es precisamente el tipo de figura que habría aceptado la vicepresidencia sin importar de qué campaña proviniera la invitación.

El exministro Restrepo inició contradiciéndose: primero se autopromocionó como un hombre formado en la academia —sin especificar si fue en la militar—, conciliador, deliberante y casi premio nobel, pero luego se fotografió con su nuevo jefe haciendo la parada militar con el grito totalitario "firmes por la patria". Si a Restrepo lo llamaron para suavizar la imagen extremista de De la Espriella, no entendió el mensaje o definitivamente está lejos de ser un demócrata o alguien que construya consensos.

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Una excepción positiva

Entre tanto panorama desalentador, se destaca la acertada designación de la educadora y demócrata Edna Bonilla para acompañar a Sergio Fajardo. Esta fórmula representa una excepción en medio de un panorama general donde predominan las figuras de coyuntura sin capital político acumulado.

Adenda: La amenaza a la educación privada

Paralelamente, el gobierno nacional ha iniciado, mediante un decreto de emergencia económica, un proyecto de estirpe confiscatoria que busca aniquilar las universidades privadas mediante la imposición de impuestos impagables. Gustavo Petro parece querer únicamente universidades públicas, destruyendo de un plumazo los aportes centenarios de las instituciones privadas en la educación de millones de colombianos.

Esta medida, sumada al deterioro del rol vicepresidencial, refleja una profunda transformación en el panorama político y educativo del país, donde las instituciones tradicionales enfrentan desafíos sin precedentes.